Un equipo internacional de investigadores ha identificado un nuevo coronavirus de murciélago con capacidad para entrar en células humanas, un hallazgo que refuerza la necesidad de ampliar la vigilancia sobre virus con potencial zoonótico más allá de los ya conocidos. El virus, denominado CcCoV-KY43, ha sido detectado en África oriental y, aunque no existen evidencias de transmisión en humanos, su capacidad de interacción con receptores celulares humanos lo sitúa en el radar de la preparación frente a futuras pandemias.
El estudio, publicado en Nature, combina análisis computacionales, biología estructural y vigilancia epidemiológica para evaluar el riesgo de este virus sin necesidad de manipular patógenos completos. Los investigadores se centraron en las proteínas de la espícula —las estructuras que permiten a los coronavirus unirse a las células— y analizaron su capacidad para interactuar con receptores presentes en el organismo humano.
Análisis de las proteínas del coronavirus
Uno de los principales hallazgos es que la proteína S del CcCoV-KY43 puede unirse a la glicoproteína humana CEACAM6, un receptor ampliamente expresado en el pulmón. Este paso es clave, ya que la entrada celular constituye la primera barrera para que un virus pueda saltar de una especie a otra. En experimentos de laboratorio, la sobreexpresión de CEACAM6 permitió que células humanas previamente resistentes se volvieran susceptibles a la infección, lo que confirma el papel funcional de este receptor.
La proteína S del CcCoV-KY43 puede unirse a la glicoproteína humana CEACAM6, un receptor ampliamente expresado en el pulmón
Además, el trabajo identifica interacciones del virus con otras proteínas de la misma familia, como CEACAM3 y CEACAM5, lo que sugiere que los alfacoronavirus podrían tener una mayor flexibilidad en el uso de receptores de lo que se pensaba hasta ahora. De hecho, uno de los aspectos más relevantes del estudio es que rompe con la idea previa de que estos virus utilizaban un número muy limitado de puertas de entrada a las células.
«Ahora sabemos que los alfacoronavirus podrían utilizar una gran variedad de receptores adicionales», explicó el investigador Dalan Bailey, del Instituto Pirbright y uno de los autores del estudio. Esta diversidad potencial complica la predicción del riesgo zoonótico, ya que amplía el número de combinaciones posibles entre virus y hospedadores.
Más receptores
Hasta la fecha, solo se habían caracterizado dos receptores principales para alfacoronavirus: la aminopeptidasa N (APN) y ACE2 —este último conocido por su papel en la infección por SARS-CoV-2—. Sin embargo, los resultados del estudio muestran que la mayoría de las proteínas de espícula analizadas no utilizaban estos receptores conocidos. En concreto, solo una minoría de los virus estudiados empleaban APN o ACE2, lo que apunta a la existencia de rutas alternativas de entrada aún poco exploradas.
El trabajo se apoya en un enfoque innovador basado en el uso de bases de datos públicas como GenBank y técnicas de biología sintética. En lugar de trabajar con virus completos, los científicos sintetizaron proteínas de espícula de 27 alfacoronavirus distintos, la mayoría procedentes de murciélagos, y evaluaron su capacidad de interacción con una amplia biblioteca de receptores humanos. Este método no solo reduce riesgos biológicos, sino que permite acelerar la identificación de amenazas potenciales.
«La proteína de la espícula actúa como una llave que encaja en la cerradura de la célula», señaló Stephen Graham, de la Universidad de Cambridge y otro de los autores. «El reto ahora es identificar todas esas cerraduras posibles». Este símil ilustra la complejidad del proceso de infección y la importancia de mapear de forma exhaustiva las interacciones virus-huésped.
No se debe subestimar el riesgo
Sin embargo, los investigadores advierten que el riesgo nunca debe subestimarse. Se estima que entre el 60 y el 75% de los patógenos humanos tienen origen zoonótico, y la pandemia de COVID-19 puso de manifiesto las consecuencias de no identificar a tiempo estos eventos de salto entre especies. En este contexto, los alfacoronavirus han recibido menos atención que los betacoronavirus, a pesar de su amplia diversidad y distribución.
El estudio también revela que virus relacionados con CcCoV-KY43, identificados en murciélagos de otras regiones como Europa y Asia, pueden utilizar receptores similares, lo que sugiere una distribución geográfica amplia de este mecanismo de entrada. En África oriental, en particular, se ha detectado una rica diversidad de coronavirus en murciélagos, algunos de ellos estrechamente relacionados con virus humanos endémicos como HCoV-229E y HCoV-NL63.
Otro aspecto clave es la caracterización estructural de la interacción entre el virus y el receptor. Mediante técnicas de cristalografía, los investigadores han observado cómo el dominio de unión al receptor del virus se acopla a una región específica de CEACAM6 con precisión atómica. Este tipo de información es fundamental para el desarrollo futuro de antivirales o vacunas dirigidas a bloquear estas interacciones.
En conjunto, los resultados subrayan la importancia de integrar diferentes disciplinas —desde la biología computacional hasta la epidemiología de campo— para anticipar riesgos emergentes. Los autores destacan que el objetivo final es poder predecir el potencial zoonótico de un virus a partir de su secuencia genética, una meta que podría transformar la preparación frente a pandemias.
«Este trabajo pone de manifiesto la necesidad de intensificar los estudios en regiones como África oriental», señaló James Nyagwange, del programa KEMRI-Wellcome Trust, también autor del trabajo. «Comprender qué virus circulan y cómo interactúan con los humanos es clave para desarrollar vacunas y antivirales antes de que se produzca una transmisión sostenida».
Aunque el CcCoV-KY43 no representa en este momento una amenaza inmediata, su descubrimiento amplía el catálogo de virus con capacidad potencial para infectar humanos y refuerza la idea de que la próxima pandemia podría surgir de un patógeno aún desconocido. La vigilancia proactiva y el desarrollo de herramientas predictivas se perfilan, una vez más, como elementos esenciales para adelantarse a ese escenario.