El cribado poblacional destapa una «epidemia silenciosa» de fibrosis hepática no diagnosticada

Un estudio en más de 30.000 personas, publicado en The Lancet, confirma su elevada prevalencia y su estrecha relación con obesidad, diabetes y alcohol

fibrosis hepática

La fibrosis hepática, una alteración progresiva derivada del daño crónico en el hígado, permanece durante años sin dar síntomas hasta fases avanzadas, cuando las opciones terapéuticas son más limitadas. Ahora, el mayor estudio europeo realizado hasta la fecha en población general confirma que esta enfermedad oculta es más frecuente de lo que se estimaba y que afecta a un porcentaje significativo de personas aparentemente sanas.

El trabajo, publicado en la revista The Lancet y liderado por el IDIBAPS junto al Hospital Clínic de Barcelona, se enmarca en el proyecto europeo LiverScreen y aporta, por primera vez, una fotografía precisa de la prevalencia de fibrosis hepática no diagnosticada en Europa. Sus conclusiones apuntan a la necesidad de replantear las estrategias de detección precoz más allá de los grupos de alto riesgo tradicionales.

Un problema infradiagnosticado

El estudio incluyó a más de 30.000 personas mayores de 40 años procedentes de nueve países europeos, en un diseño de cohorte prospectivo multinacional sin precedentes en este ámbito. A diferencia de investigaciones previas, centradas en poblaciones específicas o en un único país, este análisis se llevó a cabo en 35 centros —entre atención primaria y unidades de cribado— y contó con el apoyo de 16 hospitales terciarios para la confirmación diagnóstica.

Para detectar posibles casos, los investigadores utilizaron una técnica no invasiva ampliamente validada, la elastografía transitoria controlada por vibración (FibroScan), que mide la rigidez hepática como indicador indirecto de fibrosis. Se consideró resultado positivo una rigidez igual o superior a 8 kPa o niveles elevados de alanina aminotransferasa.

Los resultados del cribado inicial mostraron que el 4,6% de los participantes presentaban valores sugestivos de fibrosis. Sin embargo, tras la evaluación especializada en consulta de hepatología, se confirmó enfermedad hepática crónica con fibrosis en el 32% de los casos derivados. En conjunto, esto se traduce en una prevalencia estimada del 1,6% en la población general estudiada.

Aunque pueda parecer una cifra modesta, los expertos subrayan su relevancia en términos de salud pública, dado que se trata de individuos sin diagnóstico previo y, en muchos casos, sin síntomas.

Factores de riesgo extendidos

Uno de los hallazgos clave del estudio es la fuerte asociación entre la fibrosis hepática y los factores de riesgo metabólicos, así como el consumo de alcohol. En la cohorte analizada, el 70% de los participantes presentaba al menos un factor metabólico—como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión o dislipemia—, mientras que cerca del 60% refería consumo de alcohol, con un 6,1% considerado nocivo.

Estos factores no solo aumentan la probabilidad de fibrosis, sino que su coexistencia multiplica el riesgo de forma significativa. De hecho, la obesidad, la diabetes tipo 2 y el consumo perjudicial de alcohol mostraron una asociación especialmente intensa con valores elevados de rigidez hepática.

Además, la enfermedad hepática esteatósica—vinculada principalmente a alteraciones metabólicas— fue responsable del 93% de los casos confirmados, lo que refleja el creciente impacto de este tipo de patologías en las sociedades occidentales.

Según explicó Pere Ginès, líder del proyecto, consultor sénior del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic, catedrático de Medicina de la Universitat de Barcelona y jefe del grupo Enfermedades Crónicas del Hígado del IDIBAPS y del CIBEREHD, «disponer de métodos para identificar la fibrosis de manera precoz tiene implicaciones muy relevantes para los pacientes y la ciudadanía, ya que permite detectar la enfermedad en fases iniciales, intervenir sobre los factores de riesgo y aplicar medidas terapéuticas o preventivas antes de que exista un daño irreparable». El especialista insiste en que la detección temprana abre la puerta a medidas preventivas y terapéuticas capaces de frenar la progresión hacia estadios avanzados, como la cirrosis.

Implicaciones para el cribado y la prevención

La fibrosis hepática es el principal determinante de la evolución de la enfermedad hepática crónica, que constituye la primera causa de muerte prematura a nivel global. Sin embargo, su carácter asintomático durante largos periodos dificulta su diagnóstico precoz, lo que contribuye a que muchos pacientes sean identificados en fases avanzadas.

Los resultados del proyecto LiverScreen cuestionan los modelos actuales de cribado, tradicionalmente centrados en grupos de alto riesgo bien definidos. Dado que los factores metabólicos y el consumo de alcohol están presentes en una proporción muy elevada de la población, los autores sugieren ampliar las estrategias de detección a segmentos más amplios.

En palabras de Isabel Graupera, primera autora del estudio, especialista sénior del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic e investigadora del IDIBAPS, «los resultados nos ofrecen, por primera vez, una fotografía precisa de la distribución del riesgo hepático en Europa, y esto es clave para diseñar estrategias de cribado más eficientes, adaptadas a las necesidades de cada país y enfocadas a los grupos de población con mayor riesgo».

Pere Ginés y Isabel Graupera / Hospital Clínic.

En este contexto, el uso de herramientas no invasivas como el FibroScan podría desempeñar un papel clave, especialmente en atención primaria o en programas de cribado poblacional. Su capacidad para identificar de forma rápida y segura a personas con riesgo de fibrosis lo convierte en un aliado estratégico para mejorar la detección precoz.

Cambio de paradigma

Los investigadores coinciden en que la carga creciente de enfermedad hepática asociada a factores metabólicos exige un cambio de enfoque en las políticas de salud pública. La combinación de envejecimiento poblacional, aumento de la obesidad y persistencia del consumo de alcohol configura un escenario en el que la fibrosis hepática puede convertirse en un problema aún más relevante en los próximos años.

En este sentido, la detección precoz no solo tiene beneficios clínicos individuales, sino también un impacto potencial en la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, al evitar la progresión hacia complicaciones graves que requieren tratamientos complejos y costosos.

El estudio concluye que la fibrosis hepática no diagnosticada es una realidad frecuente en Europa y que su identificación temprana, especialmente en personas con factores de riesgo, es fundamental para prevenir la evolución hacia cirrosis y otras complicaciones.

En definitiva, los datos del proyecto LiverScreen ponen de manifiesto que la fibrosis hepática ya no puede considerarse un problema limitado a pacientes con enfermedad conocida, sino una condición silenciosa que afecta a una parte significativa de la población general y que requiere nuevas estrategias de detección y prevención.


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