En 2004 en la comunidad científica se gestaba una «verdadera revolución». Cinco grupos de investigadores identificaron las mutaciones del gen EGFR en el cáncer de pulmón no microcítico, un hito que, aunque «pasó desapercibido» para el gran público, fue el pistoletazo de salida de la oncología de precisión, un auténtico cambio de paradigma. Veinte años después, oncólogos, patólogos y pacientes se han reunido para analizar el camino recorrido y los retos futuros en la jornada ‘EGFR: El Gen que Forjó el Rumbo’, organizada por AstraZeneca.
El cáncer de pulmón lidera las estadísticas como el más diagnosticado y mortal del mundo, incluyendo España, principalmente por su detección tardía. Alrededor del 80% de los casos son del tipo no microcítico (CPNM). Dentro de este grupo, se estima que un 15% de los pacientes son portadores de la mutación EGFR, un biomarcador clave para la oncología de precisión, permitiendo el crecimiento y proliferación del tumor.
A lo largo de este tiempo se han detectado otros genes que pueden presentar mutación en este tumor: ALK, ROS1, BRAF, RET, MET o NTRK, acompañados de diferentes pruebas genéticas, aunque cabe destacar que estas alteraciones genéticas «no son de la persona, no se pueden transmitir a otras generaciones, son mutaciones del propio tumor. Es algo que ocurre en el tumor, no es algo para lo que está ‘predestinada’ la persona».
Para Dolores Isla, presidenta de la Asociación para la Investigación del Cáncer de Pulmón en Mujeres ICAPEM y jefa del Servicio de Oncología Médica en el Hospital Lozano Blesa de Zaragoza, «nunca habíamos visto estos resultados en cáncer de pulmón. Fue la primera vez que veíamos que se podía seleccionar según un perfil genómico a los pacientes. España fue pionera en la determinación y en el uso de fármacos respecto a esta alteración». Sentía que aquello iba a ser «el principio de una nueva era». El cáncer de pulmón, tradicionalmente asociado a un mal pronóstico, se convirtió en «pionero en la medicina de precisión». El perfil de los pacientes «suelen ser mujeres o no fumadores, pero hay que contemplarlo en todos los casos».
Este descubrimiento no surgió de la nada. Javier de Castro, vicepresidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y jefe de Sección del Servicio de Oncología en el Hospital La Paz, subrayó que los oncólogos ya veían en sus consultas respuestas «espectaculares» a ciertos fármacos que no sabían explicar, hasta que en 2004 la ciencia puso nombre a la causa: la mutación EGFR. El hallazgo abrió «el camino de la medicina de precisión» que hoy permite identificar hasta nueve alteraciones genómicas accionables, lo que significa que «entre un 40-50% de los pacientes tienen un tratamiento dirigido disponible».
Además, ahora «gracias a técnicas como la biopsia líquida, podemos detectar con una prueba menos invasiva alteraciones genéticas que nos permiten ajustar las terapias de manera dinámica. Nos permiten detectar precozmente la enfermedad y monitorizar su evolución a lo largo del tratamiento, permitiendo ajustar las terapias de manera dinámica, así como las posibles recaídas». De Castro también mencionó que, «gracias a la medicina de precisión, en algunos subgrupos de pacientes con mutaciones, se está logrando que más de un 60-70% sobreviva más allá de los 5 años, a pesar de tener una enfermedad metastásica».
Ana Peiró, directora médica de Oncología de AstraZeneca España, recalca que este avance fue fruto de un largo proceso que combinó la «identificación molecular, la parte clínica, la de investigación» y subraya que la colaboración es clave, ya que «es crítico que todos vayamos de la mano, buscando que el paciente se beneficie lo máximo posible».
El diagnóstico: de la morfología a la molécula, el tratamiento personalizado
La revolución llegó también a los laboratorios. Para la Dolores Lozano, presidenta de la Asociación Española de Anatomía Patológica (SEAP) y jefa de Anatomía Patológica de la Clínica Universidad de Navarra, el EGFR «nos dio visibilidad, digamos que salimos de la cueva. Supuso la detección de la primera mutación driver o mutación conductora del cáncer de pulmón, es decir, una alteración genética que causa el desarrollo y proliferación del tumor. Un cambio de paradigma». Su especialidad pasó de una clasificación puramente morfológica a una molecular. Hoy la identificación de esta mutación conductora se realiza sobre el tejido tumoral.
Aunque la determinación de biomarcadores está en la cartera de servicios, los expertos reconocen que persisten desigualdades. «No es tan accesible» en todos los centros, afirmó Lozano. De Castro añadió que aunque el Gobierno lanzó un plan de medicina de precisión, «no todas las comunidades autónomas llevan el mismo ritmo de implementación».
De Castro, que reconoce del «doble estigma» de los pacientes no fumadores, señala que «estamos viendo que puede estar relacionado con la concentración de gas radón, en zonas graníticas, como el norte de España. Incluso otras causas pueden ser raciales, sabemos que en poblaciones asiáticas esta incidencia es mucho mayor, un 60-70%. También está siendo relacionado con zonas altamente contaminadas«. Pero «no tenemos que bajar la guardia, porque las células tumorales pueden generar mecanismos de resistencia, como ocurre con los antibióticos y las bacterias».
La voz del paciente: «Como si te hablaran en chino mandarín»
Mientras la ciencia avanzaba, los pacientes seguían ajenos a esta realidad. Ángeles Marín, vicepresidenta de la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP), fue tajante: «Es que no llega. Actualmente hasta que no te diagnostican no tienes ni idea de que existe todo esto, e incluso después». Puso su propio ejemplo, hace cuatro años, cuando le hablaban de su mutación y sentía que le hablaban «en chino mandarín». «Todo el mundo asociamos el cáncer del pulmón a la muerte inmediata, pero si la población supiese que existe esto, a lo mejor el diagnóstico sería menos ‘tsunami’ para el paciente«.
«Todavía tenemos pendiente implantar un cribado a nivel nacional para conseguir un diagnóstico precoz, por suerte cada vez existe más información acerca de mutaciones que se pueden utilizar como palanca para desarrollar tratamientos más personalizados. Pedimos que se siga investigando para tratar y mejorar el pronóstico de todos los casos de cáncer de pulmón y conseguir mantener la calidad de vida de los pacientes el mayor tiempo posible», explica Marín, que desea que en los próximos años ocurra como «hace 30 años si te decían que tenías SIDA, lo primero que pensabas es que te ibas a morir, ahora ya se conoce el amplio abanico de terapias que existe y la persona que le dicen que tiene SIDA sabe que no se va a morir. Con esto tenemos que llegar a lo mismo».
Retos futuros: IA, cribado y «superprecisión»
Mirando a los próximos 20 años, los expertos coinciden en el papel transformador de la inteligencia artificial. Desde la industria, Peiró, señaló que «la IA está viviendo una revolución que va a ir a más, ayudando a diseñar moléculas, predecir qué pacientes se beneficiarán de un tratamiento (con el análisis de su historial) e incluso acelerar los ensayos clínicos».
Isla imagina una «medicina de superprecisión», donde incluso pacientes con enfermedad avanzada «fallecen por otros motivos diferentes a su cáncer», además tiene claro que «el cribado evolucionará a un cribado molecular, con análisis de sangre, más de laboratorio, más sencillo, a medio plazo».
De Castro espera que la IA permita «humanizar mucho más el sistema», liberando a los médicos de tareas burocráticas, «tiene que ser una herramienta que permita una mayor conexión entre médico y paciente». Lozano asegura que los algoritmos permitirán «identificar con mayor precisión y rapidez los patrones y alteraciones genéticas. En 20 años tenemos que conocer cada resquicio del cáncer de pulmón desde el punto de vista de la célula».
El cribado sigue siendo un tema pendiente. Aunque existen proyectos piloto como Casandra, Isla cree que el futuro evolucionará hacia «un cribado más molecular, con determinaciones en muestras de sangre».
Como conclusión de esta charla moderada por la periodista de Onda Cero especializada salud, ciencia e igualdad, Belén Gómez del Pino, la visión es unánime: un futuro con diagnósticos más precoces y tratamientos personalizados. Como concluyó Peiró, el objetivo es «que se trate al individuo con su propia enfermedad en vez de al cáncer en general».