España eleva su ambición vacunal, desde herpes zóster a gripe y VRS: estos son los objetivos definidos para 2030

Los objetivos evolucionan hacia una estrategia de vacunación a lo largo de toda la vida, con especial foco en mayores y población infantil. Analizamos los cambios

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La estrategia de vacunación en España avanza hacia un modelo más ambicioso, integral y adaptado a los nuevos retos epidemiológicos. La comparación entre los objetivos establecidos para 2025 y los definidos en el horizonte 2030 evidencia un cambio de enfoque: de la consolidación de coberturas en grupos clásicos a la ampliación de la protección a lo largo de toda la vida, con especial atención a las enfermedades respiratorias y al envejecimiento poblacional.

Aunque los programas infantiles mantienen niveles de exigencia muy elevados —con coberturas en torno al 95%—, el mayor giro se produce en las estrategias dirigidas a adultos y mayores. En este contexto, la gripe, el herpes zóster y el virus respiratorio sincitial (VRS) se sitúan como tres de los ejes clave de la evolución del calendario vacunal.

Objetivos para la gripe

En el caso de la gripe, los objetivos para 2025 se centraban en alcanzar una cobertura del 75% en mayores de 65 años, personal sanitario y embarazadas. Este planteamiento respondía a un modelo clásico basado en la protección de los grupos de riesgo más reconocidos. Sin embargo, la nueva propuesta introduce modificaciones relevantes tanto en la población diana como en los indicadores.

El cambio más significativo es la ampliación del grupo de edad objetivo: ya no se limita a mayores de 65 años, sino que incluye a todas las personas a partir de los 60 años, manteniendo el umbral del 75%. Esta decisión supone adelantar la protección en una franja de edad donde la carga de enfermedad empieza a aumentar de forma significativa, lo que puede tener un impacto directo en la reducción de hospitalizaciones.

Además, el nuevo marco incorpora de forma explícita la vacunación infantil frente a la gripe, fijando un objetivo del 60% de cobertura en niños de entre 6 meses y 5 años. Este punto marca un cambio estratégico importante, ya que reconoce el papel de los menores no solo como grupo vulnerable, sino también como principales transmisores del virus en la comunidad.

En paralelo, se ajustan algunos objetivos en otros colectivos. La cobertura en profesionales sanitarios pasa del 75% en 2025 al 60% en 2030, mientras que se mantiene el 75% en embarazadas. Esta modificación puede interpretarse como un intento de fijar metas más realistas en un colectivo donde históricamente ha sido difícil alcanzar niveles elevados de vacunación, aunque sigue representando un desafío clave para la salud pública.

Herpes zóster: objetivo 75%

En el ámbito del herpes zóster, la evolución de los objetivos también muestra un incremento claro de la ambición. Para 2025, se establecía como meta alcanzar coberturas del 50% en personas mayores de 65 años, incluyendo cohortes específicas como los 66 y 81 años. Sin embargo, en el horizonte 2030, el objetivo se eleva hasta el 75% en personas de 66 y 80 años.

Este aumento de 25 puntos porcentuales supone un salto significativo y pone de relieve la creciente prioridad otorgada a la prevención de enfermedades asociadas al envejecimiento. El herpes zóster, además de su incidencia, tiene un impacto notable en la calidad de vida debido a complicaciones como la neuralgia postherpética, lo que justifica el refuerzo de las estrategias vacunales.

Cambios en VRS

Otro de los cambios más relevante en el horizonte 2030 es la inclusión del virus respiratorio sincitial (VRS) como objetivo específico dentro de los programas de inmunización. Este patógeno, principal causa de infecciones infecciones respiratorias graves en lactantes, no figuraba en la lista de objetivos de 2025, lo que pone de manifiesto la rapidez con la que se están incorporando nuevas herramientas preventivas al sistema sanitario.

Para 2030, se plantea una meta especialmente ambiciosa: alcanzar coberturas del 95% en la inmunización con anticuerpos monoclonales en lactantes, tanto en aquellos nacidos durante la temporada epidémica como en los menores de seis meses nacidos fuera de ella. Este nivel de exigencia sitúa al VRS en una categoría similar a la de las vacunas infantiles tradicionales, lo que anticipa un importante esfuerzo organizativo y logístico.

La incorporación del VRS no solo responde a la disponibilidad de nuevas tecnologías, sino también al impacto sanitario de este virus, responsable de una elevada carga asistencial cada invierno. Su inclusión en los objetivos estratégicos refleja un cambio hacia una prevención más proactiva y basada en la evidencia emergente.

Otras programas

En la población infantil y adolescente, se prioriza alcanzar coberturas muy elevadas en vacunas como la triple vírica y la varicela (≥95%), así como en meningococo y rotavirus. También se refuerza la vacunación frente al virus del papiloma humano en ambos sexos, con el objetivo de superar el 90% de cobertura. En el caso de difteria, tétanos y tosferina, se establecen metas tanto en la infancia como durante el embarazo para proteger a los lactantes.

En adultos y personas mayores, el documento pone el foco en reducir la carga de enfermedad grave y la mortalidad. Destacan los objetivos de vacunación frente a la gripe, con coberturas del 75% en mayores y embarazadas, y del 60% en personal sanitario y población infantil. Asimismo, se fijan metas relevantes para neumococo, COVID-19 y herpes zóster, con especial atención a las personas de más edad.

Más allá de estos tres ejemplos, la comparación entre los objetivos de 2025 y 2030 revela una tendencia general hacia el incremento de la exigencia en coberturas, especialmente en población adulta. También se observa una evolución en la forma de definir los objetivos, con una mayor precisión en las cohortes y una orientación más clara hacia el seguimiento detallado de los indicadores.


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