Un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge ha identificado que una terapia ya disponible, capaz de activar células inmunitarias protectoras en personas que han sufrido un infarto recientemente, logra disminuir la inflamación en los vasos sanguíneos y podría reducir el riesgo de nuevos episodios cardíacos.
La investigación se centra en las células T reguladoras, un tipo especializado de glóbulo blanco que actúa como modulador clave del sistema inmunitario. En el Reino Unido, una persona es hospitalizada por un infarto aproximadamente cada cinco minutos. Aunque alrededor del 70 % de los pacientes sobrevive a este evento, muchos quedan con daños cardíacos persistentes que incrementan de forma significativa la probabilidad de sufrir nuevos infartos en el futuro.
Tras un infarto, es frecuente que los pacientes presenten niveles elevados de inflamación en las principales arterias, un marcador claro de riesgo cardiovascular recurrente. Sin embargo, en la actualidad no existe ningún tratamiento aprobado específicamente para reducir esta inflamación en el periodo posterior al infarto.
Los resultados del estudio, publicados en Nature Medicine, muestran que la administración de aldesleucina en dosis bajas podría contribuir a prevenir nuevos infartos al disminuir la inflamación vascular. Las conclusiones proceden de dos ensayos clínicos vinculados, denominados IVORY e IVORY-FINALE, financiados en gran parte por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido.
Impacto de una dosis baja de aldesleucina
En el ensayo IVORY participaron 60 pacientes que habían sufrido un infarto recientemente. Cada uno de ellos recibió al azar una dosis baja de aldesleucina o un placebo. Posteriormente, 55 de estos participantes continuaron en un seguimiento a largo plazo de hasta cinco años, correspondiente al estudio IVORY-FINALE.
Para evaluar el impacto del tratamiento, los investigadores realizaron tomografías por emisión de positrones (PET) antes y después de la intervención, con el fin de medir la inflamación en los vasos sanguíneos. De media, la aldesleucina logró reducir la inflamación en casi un 8%, con un efecto especialmente notable en aquellos vasos que presentaban inicialmente los niveles más altos.
Después de dos años de seguimiento, ninguno de los pacientes tratados con aldesleucina había sufrido un nuevo infarto, mientras que este evento se produjo en el 11% de los pacientes que recibieron placebo. Aun así, los autores subrayan que serán necesarios ensayos clínicos de mayor tamaño para confirmar estos resultados antes de que el fármaco pueda aprobarse de manera generalizada para pacientes con infarto.
El investigador principal del estudio, Joseph Cheriyan, farmacólogo clínico consultor de Cambridge University Hospitals NHS Foundation Trust y profesor asociado afiliado de la Universidad de Cambridge, señaló: «Estamos encantados de que nuestro ensayo de fase inicial, que probó el mismo mecanismo que el comité del Premio Nobel consideró revolucionario, haya demostrado resultados alentadores que esperamos responder de manera concluyente en ensayos más amplios».
Por su parte, el profesor Ziad Mallat, catedrático de Medicina Cardiovascular de la Universidad de Cambridge y autor de la idea original del estudio, destacó: «Durante décadas, hemos sabido que la inflamación contribuye a las enfermedades cardíacas, pero los tratamientos eficaces han sido difíciles de encontrar. Aprovechar los reguladores inmunitarios naturales del cuerpo para proteger el corazón representa un cambio de paradigma en la medicina cardiovascular». El trabajo experimental fue llevado a cabo principalmente por Rouchelle Sriranjan-Rothwell, especialista en Cardiología del Royal Papworth Hospital NHS Foundation Trust y profesora clínica de cardiología del NIHR, junto a un equipo especializado de enfermería.
Stephen Hoole, cardiólogo intervencionista consultor, investigador principal del estudio en el Hospital Royal Papworth y profesor asociado afiliado de la Universidad de Cambridge, subrayó la necesidad de nuevas estrategias terapéuticas frente a infartos: «Si bien los avances en el tratamiento de los infartos de miocardio han mejorado los resultados de los pacientes en las últimas décadas, uno de cada diez pacientes aún fallece en los primeros 12 meses y aún se necesitan nuevos tratamientos. Abordar la inflamación, que a menudo provoca vulnerabilidad de la placa, rotura y posteriores eventos cardiovasculares, es una propuesta prometedora para abordar este riesgo residual».
Finalmente, el profesor James Rudd, profesor de medicina cardiovascular en la Universidad de Cambridge y responsable de los análisis de imagen del ensayo, añadió: «Es muy satisfactorio ver que este tipo de prueba de imagenología avanzada se utiliza para identificar un nuevo tratamiento que podría ayudar a reducir el riesgo de ataques cardíacos en el futuro».