La hepatitis delta es una enfermedad crónica provocada por el virus de la hepatitis D (VHD), un patógeno inusual que requiere la presencia del virus de la hepatitis B (VHB) para ensamblar partículas virales y propagarse. Debido a esta dependencia, el VHD se considera un virus satélite del VHB, por lo que la enfermedad solo se manifiesta en el contexto de una coinfección con ambos virus.
En este contexto, un estudio internacional, en el que ha participado el Clínic-IDIBAPS, ha investigado la presencia de dos nuevos biomarcadores capaces de detectar la replicación activa del VHB en pacientes con hepatitis crónica delta. Estos hallazgos proporcionan información clave sobre la interacción entre ambos virus y podrían contribuir a mejorar el manejo de la enfermedad.
La hepatitis crónica delta afecta a entre 15 y 20 millones de personas en todo el mundo, lo que supone entre el 5% y el 10% de los infectados por el VHB. Es la forma más severa de hepatitis viral, ya que conlleva un mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado y una menor esperanza de vida en comparación con otras variantes de la enfermedad.
En este estudio, los investigadores han analizado la detección de dos biomarcadores del VHB: el antígeno relacionado con el core y el ARN del virus. Ambos pueden identificarse en sangre y reflejan la actividad de un tipo de ADN viral único, conocido como cccDNA, responsable de la producción de todos los componentes del VHB. Este ADN es extremadamente estable dentro de los hepatocitos y no puede ser erradicado con los tratamientos actuales contra la hepatitis B, lo que obliga a la mayoría de los pacientes a recibir medicación de por vida.
En este caso, la investigación recientemente publicada en la revista Journal of Hepatology y financiada por el CIBER, ha analizado una amplia cohorte de pacientes con hepatitis crónica delta que no estaban recibiendo tratamiento. De forma inesperada, los investigadores encontraron que, en la mayoría de los casos, el ARN del VHB no era detectable en sangre, mientras que el antígeno relacionado con el core sí lo era. Este hallazgo contrasta con lo que ocurre en pacientes con hepatitis B, lo que sugiere que el VHD podría estar inhibiendo la replicación del VHB.
Este descubrimiento es relevante porque tanto el ARN del VHB como el antígeno relacionado con el core se consideran marcadores de la actividad del virus dentro de las células hepáticas. La alteración de este equilibrio por parte del VHD podría ser un factor clave para comprender cómo la coinfección contribuye a la progresión acelerada de la enfermedad hepática.
«Dado que en la hepatitis delta coexisten el VHB y el VHD, en principio esperaríamos que ambos factores, el ARN y el antígeno relacionado con el core, fueran positivos, ya que reflejan la replicación del VHB, pero este no ha sido el caso», declaró Sofía Pérez-del-Pulgar, investigadora del grupo de investigación en Enfermedades hepáticas víricas, genéticas e inmuno-mediadas del IDIBAPS y una de las autoras del estudio.
«Creemos que la detección únicamente del antígeno relacionado con el core podría indicar la presencia de cápsides vacías en lugar de verdaderas partículas virales con material genético, lo que sugeriría la existencia de algún mecanismo de interferencia del VHD en la formación del VHB desconocido hasta el momento», explicó la investigadora, que también aclaró que «aun así, serán necesarios más estudios para comprender la interacción entre el virus B y D y así descifrar los mecanismos patogénicos implicados.»
