Muchas personas aspiran a vivir muchos años, pero esos años desean vivirlos manteniendo una buena salud y calidad de vida a lo largo del tiempo. Sin embargo, el envejecimiento conlleva una serie de cambios fisiológicos que pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas y neurodegenerativas. Entre ellas, el alzhéimer y el párkinson destacan como dos de los trastornos neurológicos más prevalentes en la población mayor, afectando la memoria, el movimiento y otras funciones cognitivas esenciales.
Además, el envejecimiento está estrechamente ligado a la sarcopenia, una condición caracterizada por la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular. Según la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF), la sarcopenia afecta aproximadamente al 10% de las personas mayores de 60 años, incrementando el riesgo de caídas, fracturas y pérdida de autonomía. Este deterioro funcional no solo impacta la movilidad, sino que también puede estar asociado con enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 y la obesidad.
En este sentido, la investigación sobre el envejecimiento se centra cada vez más en comprender y prolongar el periodo en el que una persona aún se mantiene sana, con el objetivo de prevenir o retrasar la aparición de enfermedades asociadas a la edad. En esta línea, un equipo de investigadores del Leibniz-Institute für Analytische Wissenschaften (ISAS, Alemania), en colaboración con grupos de investigación de Serbia, Reino Unido, Francia, Italia y el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS), ha identificado un compuesto con potencial para mejorar la salud durante el envejecimiento.
El estudio, liderado por Antonio Miranda Vizuete, investigador principal del grupo de «Homeostasis Redox» del IBIS, ha demostrado que la ergotioneína, un antioxidante natural presente en algunos alimentos como los hongos, puede contribuir a mejorar la salud en modelos animales de envejecimiento. Los resultados han sido publicados en la revista científica Cell Metabolism.
Beneficios de la ergotioneína
En este estudio, los investigadores analizaron los efectos de la ergotioneína en distintos modelos animales, incluyendo el nematodo Caenorhabditis elegans, un organismo ampliamente utilizado en investigaciones sobre envejecimiento. Los resultados mostraron que la administración de ergotioneína en la edad adulta no solo prolongaba la vida de estos gusanos, sino que también mejoraba su movilidad y resistencia al estrés. Además, se observó una reducción en biomarcadores asociados al envejecimiento, lo que sugiere un impacto positivo en la salud general del organismo.
Estos efectos beneficiosos también se evidenciaron en mamíferos. En un experimento con ratas de nueve meses, los animales recibieron durante tres semanas una dosis diaria de aproximadamente 10 miligramos de ergotioneína, equivalente a la cantidad presente en unos 4,5 gramos de hongos seta de ostra. En comparación con el grupo de control, las ratas tratadas mostraron una mayor resistencia física, junto con un aumento en la masa muscular y una mejora en la vascularización del tejido muscular, lo que indica una mayor formación de pequeños vasos sanguíneos. Además, se observó un incremento en el número de células madre musculares, sugiriendo que la ergotioneína podría desempeñar un papel clave en la prevención de la sarcopenia y en la mejora de la función muscular durante el envejecimiento.
Posteriormente, los investigadores centraron su atención en identificar los mecanismos moleculares que explican estos efectos, utilizando técnicas avanzadas de espectrometría de masas. Mediante el análisis de cultivos de células humanas y de ratón, descubrieron que la ergotioneína actúa como un sustrato alternativo para la enzima cistationina-γ-liasa (CGL), una proteína clave en la producción de sulfuro de hidrógeno (H₂S). Esta molécula de señalización gaseosa juega un papel fundamental en la protección celular contra el estrés oxidativo a través de un proceso conocido como persulfidación, que consiste en la adición de un átomo de azufre a residuos de cisteína en proteínas, fortaleciendo su función antioxidante.
La investigación también reveló que la disminución de la persulfidación está estrechamente vinculada al envejecimiento y a enfermedades como patologías cardiovasculares y neurodegenerativas. Sin embargo, la ergotioneína no solo contrarresta esta disminución, sino que además estimula la persulfidación de una enzima clave: la glicerol-3-fosfato deshidrogenasa (GPDH). El aumento de la actividad de GPDH, a su vez, favorece la producción de NAD+, un coenzima esencial para diversas funciones metabólicas que se ha relacionado con una mayor longevidad y un envejecimiento saludable. Estos hallazgos refuerzan el potencial de la ergotioneína como un modulador clave en los procesos celulares asociados a la edad.