Un estudio refuerza el vínculo entre la vacunación contra el herpes zóster y la prevención de la demencia

El estudio mostró que quienes recibieron la vacuna contra el herpes zóster tuvieron un 20% menos de probabilidades de desarrollar demencia que quienes no se vacunaron

En enero de 2025, GM se hizo eco de un un novedoso estudio publicado en Vaccine que sugería que la vacunación contra el herpes zóster (HZ) reduce el riesgo de desarrollar demencia en un 32%. Ahora, un nuevo estudio, en esta ocasión publicado en Nature, ha confirmado esos resultados al comprobar que un programa de vacunación en Gales frente al HZ parecía reducir en un 20% los nuevos diagnósticos de demencia.

El herpes zóster, una infección viral que provoca una erupción cutánea dolorosa, es causado por el virus varicela-zóster, el mismo que causa la varicela. Después de contraer la varicela, el virus permanece latente en las células nerviosas durante toda la vida. En personas mayores o con sistemas inmunitarios debilitados, puede reactivarse y generar herpes zóster.

Por otro lado, la demencia afecta a más de 55 millones de personas a nivel mundial, con alrededor de 10 millones de nuevos casos cada año. Aunque las investigaciones sobre la demencia, especialmente el alzhéimer, se han centrado en la acumulación de placas y ovillos en el cerebro, la falta de avances en su prevención y tratamiento ha llevado a algunos investigadores a explorar otras posibles causas, incluidas las infecciones virales.

Programa de vacunación

En este nuevo estudio adoptaron un enfoque distinto aprovechando una política implementada en Gales, que desde el 1 de septiembre de 2013 permitió la vacunación contra el herpes zóster a personas nacidas el 2 de septiembre de 1933 o después, mientras que aquellos nacidos antes de esa fecha no eran elegibles.

Utilizando datos detallados de registros médicos electrónicos a gran escala, compararon a adultos no elegibles para la vacuna (nacidos justo antes de la fecha límite) con aquellos que sí eran elegibles (nacidos justo después). Dado que las diferencias de edad eran mínimas, no se esperaba que los grupos variaran sistemáticamente, lo que equilibraba las posibles variables de confusión. Este «experimento natural» les permitió evitar la confusión de manera más fiable que estudios previos, que comparaban a los receptores y no receptores de la vacuna sin poder controlar adecuadamente las diferencias entre los grupos.

Los investigadores analizaron los historiales médicos de más de 280.000 adultos de entre 71 y 88 años que no padecían demencia al inicio del programa de vacunación. Su análisis se centró en aquellos más cercanos al umbral de elegibilidad, comparando a quienes cumplieron 80 años la semana anterior con aquellos que los cumplieron la semana posterior.

Durante siete años, los investigadores compararon los resultados de salud de personas de edades similares que cumplían o no los requisitos para recibir la vacuna. Al analizar las tasas de vacunación reales (aproximadamente la mitad de quienes cumplían los requisitos recibieron la vacuna, frente a casi ninguno de los que no los cumplían), pudieron evaluar los efectos de la vacunación.

Como era de esperar, la vacuna redujo la incidencia de herpes zóster en un 37% durante ese período, similar a lo observado en los ensayos clínicos, aunque la eficacia de la vacuna viva atenuada disminuye con el tiempo.

Para 2020, uno de cada ocho adultos mayores, que tenían entre 86 y 87 años, había sido diagnosticado con demencia. Sin embargo, aquellos que recibieron la vacuna contra el herpes zóster tuvieron un 20% menos de probabilidades de desarrollar demencia en comparación con los no vacunados.

Los investigadores examinaron otras variables que pudieran haber influido en el riesgo de demencia, pero encontraron que los dos grupos eran indistinguibles en todas sus características. Por ejemplo, no hubo diferencias en el nivel educativo entre las personas elegibles y no elegibles. Además, aquellos que cumplían los requisitos no tenían mayor probabilidad de recibir otras vacunas o tratamientos preventivos, ni menor probabilidad de ser diagnosticados con enfermedades comunes como diabetes, enfermedades cardíacas o cáncer.

La única diferencia notable fue la disminución en los diagnósticos de demencia.

Impacto más potente en mujeres

Otro hallazgo significativo de este estudio reveló que la protección contra la demencia era mucho más potente en mujeres que en hombres. Esto podría explicarse por diferencias de género en la respuesta inmunitaria o en la manera en que se desarrolla la demencia, según explicaron los expertos. Por ejemplo, las mujeres tienden a tener una mayor respuesta de anticuerpos a la vacunación, y el herpes zóster es más común en mujeres que en hombres.

No obstante, cabe destacar que aún se desconoce si la vacuna protege contra la demencia estimulando el sistema inmunológico en general, reduciendo específicamente las reactivaciones del virus o mediante otro mecanismo. Tampoco se sabe si una versión más nueva de la vacuna, que contiene solo ciertas proteínas del virus y es más eficaz para prevenir el herpes zóster, podría tener un impacto similar o incluso mayor sobre la demencia.


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