La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto la vulnerabilidad de Europa frente a las amenazas sanitarias globales. El impacto humano, económico y social fue tan profundo que obligó a la Unión Europea a replantearse su manera de responder a crisis de esta magnitud. En este contexto, la Comisión Europea presentó el documento «Preparando a la UE para la próxima crisis sanitaria: una estrategia de contramedidas médicas» que fija las prioridades de la UE para garantizar que, cuando llegue la próxima emergencia sanitaria, el continente esté mejor preparado.
«La pandemia demostró que las contramedidas médicas son uno de los pilares de la preparación y respuesta de la UE ante las amenazas sanitarias», señala la Comisión Europea en el documento. El texto subraya que el rápido desarrollo de vacunas y tratamientos salvó millones de vidas y amortiguó el impacto económico, pero también expuso fragilidades que deben corregirse.
Reforzar la seguridad sanitaria para evitar emergencias como la COVID
De esa experiencia nacieron nuevas instituciones y reformas legislativas. La más destacada fue la creación de HERA (Autoridad de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias), concebida como una «torre de vigilancia» capaz de anticipar y coordinar la respuesta frente a futuras amenazas. Junto con un ECDC reforzado, una EMA con competencias ampliadas y un nuevo reglamento sobre amenazas transfronterizas graves para la salud, la UE cuenta hoy con un marco más sólido que el existente en 2019.
No obstante, la Comisión advierte de que los riesgos no han disminuido. Virus emergentes, resistencia antimicrobiana, efectos del cambio climático o incluso amenazas de bioseguridad de origen humano siguen presentes. Por eso, recalca que «la preparación no es gratuita: los costes en los que se incurre hoy son inversiones a largo plazo en resiliencia ante las crisis».
En este sentido, en la lista de amenazas prioritarias que la UE considera más urgentes figuran los virus respiratorios con potencial pandémico. La experiencia reciente con los coronavirus ilustra bien la magnitud del desafío.
El documento recuerda que «los coronavirus, incluidos el SARS-CoV, el MERS-CoV y el SARS-CoV-2, siguen siendo motivo de preocupación debido a su transmisibilidad aérea, su capacidad de causar enfermedades graves, su tasa de mutación relativamente rápida y su potencial de evasión inmunitaria».
A pesar de los avances logrados contra la COVID-19, no existen vacunas ni tratamientos autorizados para el SARS original ni para el MERS (SARS-CoV-1 – MERS-CoV), y la disponibilidad de contramedidas sigue siendo desigual. El riesgo de nuevas variantes capaces de escapar a la inmunidad es una amenaza constante.
Suministro seguro y cadenas de valor resilientes
Una de las grandes lecciones de la COVID-19 fue el peligro de las restricciones a la exportación, que amenazaron la disponibilidad de vacunas y equipos en pleno pico pandémico. Para evitar repetir ese escenario, la Comisión propone un marco regulador que permita autorizar rápidamente contramedidas en situaciones de emergencia y garantizar un suministro estable incluso en medio de la disrupción del mercado.
El plan incluye medidas como contratos de reserva de capacidad, destinados a asegurar que la industria pueda aumentar la producción a gran escala en cuestión de semanas. Además, se prevé reforzar el papel de las aduanas europeas para impedir la entrada de productos falsificados y, llegado el caso, limitar la exportación de fármacos críticos fuera de la UE.
Uno de los elementos más celebrados durante la pandemia fue la adquisición conjunta de vacunas contra la COVID-19, que permitió a 38 países —incluidos candidatos a la adhesión— acceder en condiciones de igualdad a millones de dosis. Desde la UE recuerdan que esta herramienta «benefició a más de 525 millones de europeos» y asegura que seguirá siendo clave en futuras emergencias.
El Ejecutivo comunitario planea revisar en 2026 el Acuerdo de Adquisición Conjunta de 2014 para adaptarlo a las nuevas necesidades. La idea es ampliar las posibilidades de contratación y explorar fórmulas innovadoras de financiación que reduzcan el riesgo para las empresas y aseguren un acceso rápido y justo para los Estados miembros.
El desafío silencioso de la resistencia antimicrobiana
Más allá de los virus, otra amenaza avanza de manera silenciosa: la resistencia a los antimicrobianos (RAM). La Comisión alerta de que, si no se toman medidas urgentes, podría convertirse en una de las principales causas de muerte mundial en 2050, con hasta 10 millones de fallecimientos anuales.
Las cifras actuales ya son preocupantes: en 2021, la RAM contribuyó a 4,71 millones de muertes a nivel global, de las cuales 1,14 millones fueron directamente atribuibles a infecciones resistentes. En la UE y el Espacio Económico Europeo, se producen más de 35.000 muertes al año por esta causa.
La pandemia de COVID-19 agravó el problema: el uso masivo de antibióticos en pacientes hospitalizados disparó la aparición de infecciones bacterianas y fúngicas multirresistentes. La estrategia europea subraya que esta amenaza requiere la misma atención que los virus pandémicos.
Otra de las piezas clave de la estrategia es el Plan Estratégico de Almacenamiento de Contramedidas Médicas, que consolida la experiencia de las reservas creadas durante la pandemia. El objetivo es acumular recursos críticos —desde antivirales hasta equipos de protección personal— para que puedan desplegarse de inmediato allí donde se necesiten.
Una visión de futuro: innovación y cooperación
La estrategia presentada no se limita a reaccionar a emergencias, sino que apuesta por un enfoque de largo plazo. 2Apoyar la innovación y el desarrollo de tecnologías y contramedidas médicas prometedoras garantizará la disponibilidad de productos cuando se produzca la próxima crisis», afirma la Comisión, que pone como ejemplo el potencial de las plataformas de ARNm, inicialmente desarrolladas para la COVID-19 y ahora en uso contra distintos tipos de cáncer.
La hoja de ruta europea también insiste en que la preparación debe ser global. La UE quiere estrechar la cooperación con terceros países y reforzar la colaboración público-privada, incluso con actores del ámbito militar, para abordar las emergencias desde una perspectiva integral de «Una Salud».