Un estudio presentado en la 66ª Reunión y Exposición Anual de la Sociedad Estadounidense de Hematología (ASH) reveló factores genéticos que influyen en las vías moleculares relacionadas con la inflamación, la detección de hipoxia, la formación de coágulos sanguíneos y la respuesta al tratamiento en personas con policitemia vera (PV) y trombocitemia esencial (ET), ambas neoplasias mieloproliferativas.
Los investigadores determinaron que los pacientes con un perfil genético común, en particular la variante del gen NFKB1, mostraron una correlación con una menor expresión de los genes involucrados en la inflamación y una mejor respuesta al Ropeginterferón-α, el tratamiento principal para la PV y la ET. Estos hallazgos podrían permitir a los médicos adaptar los tratamientos en función de los genes heredados, que interactúan con las mutaciones genéticas adquiridas responsables de la PV y la ET. Según los expertos, esto abriría nuevas posibilidades para el desarrollo de terapias innovadoras para estos trastornos.
En la policitemia vera (PV), la médula ósea produce una cantidad excesiva de glóbulos rojos, mientras que en la trombocitemia esencial (ET), se genera un número elevado de plaquetas. Ambas enfermedades causan inflamación crónica, aumentan el riesgo de coágulos sanguíneos peligrosos y pueden dar lugar a leucemia. Además, tanto la PV como la ET pueden incrementar los factores inducibles por hipoxia (HIF), los cuales alteran la manera en que ciertos genes permiten que las células cancerosas sobrevivan en ambientes con bajos niveles de oxígeno, lo que dificulta la erradicación del cáncer.
Perfiles genéticos
Para el estudio, los investigadores analizaron los perfiles genéticos, la expresión genética y los resultados clínicos de 30 personas PV y 15 con TE. Evaluaron la expresión de genes relacionados con la inflamación, los objetivos de los factores inducibles por hipoxia (HIF) y la trombosis y, además, examinaron la relación entre el genotipo NFKB1 de los pacientes y su probabilidad de alcanzar una respuesta hematológica completa, es decir, un retorno a los niveles sanguíneos normales, tras recibir tratamiento con Ropeginterferón-α.
“Identificamos algunas variantes genéticas que se seleccionaron evolutivamente para ser beneficiosas para la población aymara de gran altitud en las montañas andinas, y ahora hemos demostrado, por primera vez, que estas variantes también están presentes en otras poblaciones y se correlacionan con algunas diferencias en el fenotipo de la enfermedad”, explicó el autor principal del estudio, Josef T. Prchal, médico y profesor de hematología y genética en el Huntsman Cancer Institute de la Universidad de Utah, Salt Lake City. Además, indicó que “este estudio sugiere que, con la genotipificación, la variante NFKB1 se puede utilizar como un biomarcador para determinar qué pacientes pueden responder mejor o peor al tratamiento con Ropeginterferón-α”.
“Este estudio sugiere que, con la genotipificación, la variante NFKB1 se puede utilizar como un biomarcador para determinar qué pacientes pueden responder mejor o peor al tratamiento con Ropeginterferón-α”
Los marcadores genéticos utilizados en el estudio se centraron en tres genotipos de la variante NFKB1 (rs230511): C/C, C/T y T/T. En este sentido, analizaron perfiles genéticos de pacientes con un perfil genético común entre la comunidad indígena aymara de las montañas andinas, (el gen NFKB1).
Esto se debió a que, en investigaciones previas, el equipo estimó que la variante T (ya sea C/T o T/T) se encuentra en aproximadamente el 90% de la población aymara, en comparación con alrededor del 30% en personas de ascendencia europea, asiática e hispana. En la comunidad aymara, la variante T también se asoció con una mayor inflamación en la fase de quiescencia inmunológica, mientras que, en condiciones de estrés inflamatorio, las variantes T desempeñaron un papel protector al prevenir la expresión excesiva de genes inflamatorios.
Así, hallaron que la variante T estaba vinculada a una disminución de la actividad inflamatoria, protrombótica y de los factores inducibles por hipoxia (HIF), así como a una mejor respuesta al tratamiento con Ropeginterferón-α en casos de PV y ET, que se caracterizan por inflamación crónica.
La variante T estaba vinculada a una disminución de la actividad inflamatoria, protrombótica y de los factores inducibles por hipoxia, así como a una mejor respuesta al tratamiento con Ropeginterferón-α en casos de PV y ET.
Riesgo trombótico
La formación de coágulos sanguíneos complejos es la principal causa de enfermedad y muerte relacionada con la PV y la ET, y se sabe que este riesgo aumenta con la edad. Según los investigadores, los resultados del estudio sugieren que los factores genéticos también podrían influir en el riesgo trombótico, además de otros factores como la dieta o el entorno.
“La mayoría de los estudios de adaptación a la altitud relacionan los genes con fenotipos como la hemoglobina alta o la saturación de oxígeno baja, pero el hallazgo importante que nuestro estudio aporta es que también existe una asociación con la modulación de la inflamación, que puede afectar a los resultados de enfermedades como la PV y la ET”, afirmó Prchal. “Las personas con una mejor respuesta al Ropeginterferón-α mostraron más genotipo C/T, que se correlacionó con una menor expresión de genes inflamatorios, por lo que sospechamos que las personas con este genotipo también tolerarán mejor el tratamiento y tendrán menos efectos secundarios”.
Aunque el estudio identifica marcadores moleculares asociados con la inflamación y la trombosis, los investigadores subrayan la necesidad de realizar más estudios para determinar si estos marcadores se correlacionan con resultados clínicos, como la formación de coágulos sanguíneos o el desarrollo de leucemia, o si el perfil genético de una persona puede influir en su riesgo general de desarrollar neoplasias mieloproliferativas. También sugirieron que sería útil investigar las diferencias entre los genotipos C/T y T/T para fundamentar de manera más sólida las decisiones de tratamiento.