Europa envejece a gran velocidad y ese cambio demográfico plantea retos que van mucho más allá del sistema sanitario. Mantener a una población cada vez más longeva en buenas condiciones de salud es hoy una cuestión económica, social y política de primer orden. En este contexto, la administración de vacunas en los adultos emerge como una de las herramientas más eficaces no solo para prevenir enfermedades, sino también para reducir desigualdades, mejorar la productividad y aliviar la presión sobre los sistemas públicos de bienestar.
Esta fue una de las principales conclusiones de la jornada celebrada recientemente en el Parlamento Europeo con motivo de la presentación del nuevo informe del International Longevity Centre (ILC), centrado en la necesidad urgente de una estrategia europea de envejecimiento saludable y de refuerzo de la inmunización a lo largo de la vida.
Vacunas: una inversión con retorno probado
Los datos respaldan ese planteamiento. Numerosos estudios han demostrado que la vacunación es una de las intervenciones sanitarias más coste-efectivas disponibles. Uno de los más citados, elaborado por la London School of Economics, estima que por cada euro invertido en vacunación se generan hasta 19 euros de retorno económico. Sin embargo, este mensaje sigue sin calar entre muchos gestores públicos.

Así lo reconoce Jaime Pérez, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), quien se muestra escéptico sobre que estos datos se traduzcan en un cambio real de percepción. «No creo que la vacunación se vea como una inversión. La mayoría de los gestores piensa que esos retornos son a futuro, pero el gasto hay que hacerlo ahora», afirma en declaraciones a este medio.
Según Pérez, el problema radica en que los beneficios de la vacunación no siempre repercuten de forma inmediata en el presupuesto del gestor que toma la decisión. «El ahorro en gastos sanitarios, la mejora de la productividad o el impacto positivo en la economía general no se reflejan directamente en ese momento», explica. A ello se suma que los análisis económicos tradicionales tienden a centrarse en los costes directos sanitarios, dejando fuera una parte muy relevante del impacto social.
Costes invisibles y desigualdades evitables
El presidente de la AEV pone como ejemplo las secuelas de enfermedades prevenibles. «Una meningitis puede provocar una amputación, cuyo coste sanitario sí se contabiliza. Pero si causa un retraso cognitivo que impide a una persona desarrollar una vida laboral activa y la obliga a depender de ayudas sociales durante toda su vida, ese coste no suele incluirse en los estudios de coste-efectividad», señala. Sin embargo, ese gasto sigue recayendo sobre el sistema público y sobre las familias.
«Una meningitis puede provocar una amputación, cuyo coste sanitario sí se contabiliza. Pero si causa un retraso cognitivo que impide a una persona desarrollar una vida laboral activa y la obliga a depender de ayudas sociales durante toda su vida, ese coste no suele incluirse en los estudios de coste-efectividad»
Desde el ILC coinciden en esta visión más amplia. El informe presentado en Bruselas destaca que la vacunación no solo reduce la carga de enfermedad, sino que también contribuye a disminuir las desigualdades sociales, especialmente cuando se garantiza un acceso equitativo a las vacunas en poblaciones vulnerables y de mayor edad. El eurodiputado Vytenis Andriukaitis insistió en que la inmunización es «una de las herramientas más potentes para proteger la salud y reducir desigualdades», siempre que se comunique de forma clara y basada en la evidencia.
Pese a la evidencia acumulada, la inversión en prevención sigue siendo limitada. Para Jaime Pérez, revertir esta situación requiere cambios estructurales y culturales. «Hay que concienciar a los gestores de forma muy clara y directa sobre la repercusión real de la prevención en el sistema», afirma.
El presidente de la AEV recuerda ejemplos recientes que ilustran ese impacto. La introducción de nuevas estrategias preventivas en pediatría, o la ampliación de la vacunación antigripal infantil en algunas comunidades autónomas, ha demostrado reducciones significativas de ingresos hospitalarios y de consultas. «Todo eso hay que medirlo mejor y saber ‘venderlo’, entre comillas, porque hasta ahora lo hemos hecho poco», admite.
Vacunas y envejecimiento saludable
El debate cobra especial relevancia en un contexto de envejecimiento poblacional. Las infecciones respiratorias como la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS) no solo provocan hospitalizaciones en personas mayores, sino que pueden acelerar la fragilidad, aumentar la dependencia y reducir la calidad de vida a largo plazo. «Después de un ingreso hospitalario, muchas personas mayores no recuperan su nivel previo de independencia», explica Pérez, lo que se traduce en una mayor necesidad de apoyo sanitario y social.
Las vacunas mejoradas, diseñadas específicamente para responder a la menor capacidad inmunitaria asociada a la edad, juegan aquí un papel clave. «Tienen una efectividad relativa entre un 20 y un 40% superior a las convencionales, y eso se traduce en una reducción clara de hospitalizaciones», señala el presidente de la AEV. A largo plazo, añade, su uso podría contribuir de forma decisiva a la sostenibilidad del sistema sanitario y de los servicios sociales.
Un reto europeo compartido
Desde el Parlamento Europeo, el mensaje fue unánime: es necesario alinear políticas entre los Estados miembros y cerrar la brecha entre las recomendaciones y la cobertura real de vacunación en adultos. El informe del ILC insiste en que la inmunización debe empezar antes de la vejez, ya que muchas vacunas funcionan mejor cuando se administran en etapas más tempranas de la vida adulta.
Además, el enfoque comunicativo resulta determinante. Según David Sinclair, consejero delegado del ILC en Reino Unido, los mensajes centrados en el «envejecimiento saludable» generan mayor aceptación que aquellos basados únicamente en la prevención de enfermedades, que muchas personas perciben como un riesgo lejano.
La experiencia de la pandemia de COVID-19 sigue siendo el ejemplo más contundente del valor de las vacunas. «El cambio de panorama cuando llegaron las vacunas fue impresionante», recuerda Jaime Pérez. A su juicio, la lección es clara: invertir en vacunación no solo salva vidas, sino que protege la economía, reduce desigualdades y refuerza la cohesión social.
En un momento en el que Europa busca fórmulas para garantizar su competitividad y la sostenibilidad de su estado del bienestar, la vacunación del adulto se consolida como una inversión estratégica con retornos que van mucho más allá de la Sanidad. El reto ahora es que esa evidencia se traduzca en decisiones políticas valientes y sostenidas en el tiempo.