El varón de 70 años que ingresó a finales del mes de mayo en el Hospital de Salamanca con un cuadro de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo ya ha sido derivado al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid.
Así lo confirmó Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), en unas jornadas en las que se conmemoraba el décimo aniversario de la unidad de aislamiento de alto nivel del complejo. Coincidiendo con su intervención en la presentación de dicho evento, Simón reconoció que en aquel preciso instante “estaba llegando” hasta el centro, referencia a nivel nacional e internacional en el tratamiento de estas infecciones, dicho paciente.
Según detalló el Ejecutivo autonómico al informar sobre este asunto, el caso confirmado “presentaba una picadura por garrapata y permanecía estable, aunque con la gravedad clínica que implica esta patología». También indicaron que fue sometido a «las medidas de aislamiento y protección de los profesionales sanitarios previstas para estas situaciones”.
La conferencia en la que Simón confirmó el traslado tuvo lugar el pasado 29 de mayo, por lo que la derivación hasta el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla se habría realizado de forma prácticamente inmediata a que se hiciera pública la noticia por parte de la Junta de Castilla y León.
De esta forma se ha seguido el protocolo que ya se ha activado en otras ocasiones equiparables en el pasado. Es el caso, por ejemplo, de agosto del año pasado, cuando un varón de 65 año fue diagnosticado con fiebre hemorrágica Crimea-Congo en Extremadura y, posteriormente, trasladado para continuar con su vigilancia y tratamiento hasta el Gómez Ulla.
Transmisión y síntomas
«La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo está causada por un virus cuyo mecanismo de transmisión principal es la picadura de la garrapata del género ‘Hyalomma’, aunque también puede transmitirse de persona a persona por contacto con sangre o fluidos del enfermo, lo que puede ocurrir especialmente en personal sanitario cuando no está debidamente protegido», detalló la Junta de Castilla y León para explicar el mecanismo de transmisión más habituales.
En este sentido, y como se puede leer en este artículo publicado por Gaceta Médica, el virus se detectó en España por primera vez en garrapatas en Cáceres en 2010, mientras que los primeros casos humanos no se diagnosticaron hasta el 2016. Desde entonces, y coincidiendo con los meses más calurosos, se ha ido produciendo un goteo anual de casos en territorio nacional. Se estima que el riesgo de extensión de los casos en humanos es mayor durante el período de máxima actividad del vector, que va de abril a octubre, en personas que hayan estado expuestas en zonas donde hay circulación del virus.
En este sentido, se calcula que alrededor del 90% de los humanos contagiados son asintomáticos. Cuando se presentan síntomas, la mayoría se traduce en cuadros leves de fiebre, mareos, cefeleas o mialgias que se extienden entre tres y cinco días. Sin embargo, en los cuadros clínicos más graves pueden aparecer manifestaciones hemorrágicas en piel y mucosas que pueden desembocar incluso en el fallecimiento del paciente.
Contactos identificados
Una vez que trascendió la noticia, y con el paciente monitorizado en el Hospital de Salamanca, la Junta de Castilla y León informe de que la Sección de Epidemiología del Servicio Territorial de Sanidad de la Junta de Castilla y León en la provincia Salamanca, en colaboración con los profesionales sanitarios del Hospital de Salamanca, “identificó los contactos de la persona afectada para indicarles el seguimiento a realizar”.
El protocolo para estos contactos, según especificó la Junta de Castilla y León en dicho comunicado, “consiste en vigilar periódicamente su temperatura corporal y comunicar a su epidemiólogo de referencia cualquier cambio en su estado de salud”.
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