La reciente noticia sobre el fallecimiento de Gene Hackman y su esposa ha despertado el interés sobre una enfermedad poco conocida pero potencialmente letal: la infección por hantavirus. Este virus, con un origen ligado a los roedores, representa una amenaza para la salud pública debido a su capacidad para causar enfermedades graves, especialmente en regiones con presencia de reservorios naturales.
El hantavirus no es un único patógeno, sino una familia de virus con diferentes cepas distribuidas por todo el mundo. Su nombre proviene del río Hantaan en Corea del Sur, donde se identificó por primera vez en la década de 1970
El hantavirus no es un único patógeno, sino una familia de virus con diferentes cepas distribuidas por todo el mundo. Su nombre proviene del río Hantaan en Corea del Sur, donde se identificó por primera vez en la década de 1970. Desde entonces, se han descrito diversas variantes, con nombres tan peculiares como "virus Sin Nombre", Seoul, Pumara, Dobrava, Laguna Negra y Choclo. Estas cepas se dividen en dos grandes grupos según la región en la que se encuentran: los hantavirus del "Viejo Mundo" (Europa y Asia) y los del "Nuevo Mundo" (América).
Manifestaciones clínicas
El vicepresidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), Javier Membrillo, destaca que “el hantavirus no es un virus nuevo, pero sí poco frecuente, lo que hace que su diagnóstico se retrase en muchos casos”. Según Membrillo, “las variantes americanas pueden desencadenar cuadros pulmonares muy graves, mientras que en Europa y Asia predominan las formas hemorrágicas con afectación renal”.
El hantavirus no se transmite de persona a persona en la mayoría de los casos
La infección por hantavirus puede manifestarse de dos formas principales. En los hantavirus euroasiáticos, se presenta la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), caracterizada por fiebre alta, dolor de cabeza y muscular, insuficiencia renal aguda y trastornos hemorrágicos. En las variantes americanas, se desarrolla el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), que comienza con fiebre, mialgia y malestar general, seguido de insuficiencia respiratoria aguda severa que puede progresar rápidamente a un shock. La mortalidad en los casos graves puede superar el 40%.
Según Membrillo, “el síndrome pulmonar por hantavirus es especialmente preocupante porque evoluciona con rapidez y puede llevar a un fallo respiratorio severo en pocas horas”. Añade que, aunque no se transmite de persona a persona, “su origen en los roedores y su presencia en zonas rurales y urbanas hacen que el riesgo de exposición sea mayor de lo que se piensa”.
Transmisión y epidemiología
A diferencia de otros virus de fiebres hemorrágicas como el Ébola o Marburg, el hantavirus no se transmite de persona a persona en la mayoría de los casos. Su principal vía de transmisión es el contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados. La infección ocurre principalmente por inhalación de aerosoles contaminados, aunque también se han documentado casos de transmisión por mordeduras o ingesta de alimentos contaminados.
Su principal vía de transmisión es el contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados
El entorno rural suele ser más propicio para la diseminación del hantavirus debido a la mayor interacción con los reservorios naturales, pero también se han identificado casos en zonas urbanas, especialmente en regiones con problemas de saneamiento y proliferación de roedores. Membrillo advierte que “las ratas y otros roedores están más presentes en nuestras vidas de lo que creemos, incluso en grandes ciudades, lo que aumenta el riesgo de contacto accidental con el virus”.
Diagnóstico y tratamiento
Uno de los principales retos del hantavirus es su diagnóstico precoz. En las fases iniciales, sus síntomas son inespecíficos y pueden confundirse con otras infecciones virales. Las pruebas de laboratorio pueden detectar el virus a través de técnicas serológicas o moleculares (PCR), pero su disponibilidad no es inmediata en todos los centros sanitarios.
“El tratamiento es fundamentalmente sintomático, por lo que es crucial el diagnóstico temprano para mejorar el pronóstico”
Javier Membrillo, vicepresidente de la SEIMC
En cuanto al tratamiento, no existe una terapia antiviral específica para el hantavirus. El manejo es principalmente de soporte, con especial atención a la función pulmonar y hemodinámica. En los casos graves, se requiere ingreso en unidades de cuidados intensivos con ventilación mecánica y soporte hemodinámico. Membrillo subraya que “el tratamiento es fundamentalmente sintomático, por lo que es crucial el diagnóstico temprano para mejorar el pronóstico”.
Prevención
Dado que no existe una vacuna ampliamente disponible para la prevención de la infección por hantavirus, las estrategias de control se centran en la prevención de la exposición a los roedores. Mantener una adecuada higiene en las viviendas y zonas periurbanas, sellar grietas y orificios en estructuras donde los roedores puedan anidar, almacenar los alimentos en envases herméticos para evitar la contaminación y evitar la acumulación de basura y escombros donde puedan proliferar los roedores son algunas de las medidas más eficaces. También es recomendable usar protección personal, como mascarillas y guantes, al limpiar áreas donde pueda haber excrementos de roedores.
“La salud pública y la veterinaria deben ir de la mano para reducir el riesgo de zoonosis como el hantavirus, que aunque poco frecuente, puede tener consecuencias devastadoras”
Javier Membrillo, vicepresidente de la SEIMC
“El control de los roedores es clave en la prevención del hantavirus”, señala Membrillo. “Es importante recordar que estos animales no solo pueden transmitir este virus, sino otras enfermedades zoonóticas que afectan a la salud humana”. El fallecimiento de la esposa de Gene Hackman ha servido como un recordatorio de que las zoonosis, aquellas enfermedades transmitidas por animales a humanos, siguen representando un desafío en la salud global. Aunque el hantavirus es poco común, su elevada letalidad en casos severos justifica la necesidad de vigilancia epidemiológica, investigación científica y educación pública para minimizar su impacto en la salud humana. Membrillo concluye que “la salud pública y la veterinaria deben ir de la mano para reducir el riesgo de zoonosis como el hantavirus, que aunque poco frecuente, puede tener consecuencias devastadoras”.