Las miradas siguen fijadas sobre el océano Atlántico tras detectarse un inusual y letal brote de hantavirus a bordo del crucero de expedición MV Hondius. Lo que comenzó como un viaje de placer desde Ushuaia (Argentina) se ha transformado en una compleja emergencia de salud pública que involucra a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a varios gobiernos europeos y que ha obligado a España a activar protocolos de bioseguridad de alto nivel para repatriar a sus ciudadanos.
Este evento no solo destaca por la alta letalidad observada, con tres fallecidos de ocho casos detectados hasta la fecha, sino por la excepcionalidad del entorno marítimo para un patógeno que habitualmente se asocia a zonas rurales y al contacto directo con roedores.
El hantavirus no es un virus nuevo, pero su comportamiento varía drásticamente según la región y la cepa implicada. Se trata de una zoonosis, una enfermedad que salta de los animales, en este caso, roedores que actúan como reservorio natural, a los seres humanos.
Existen dos síndromes clínicos principales provocados por este patógeno. El Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), que es el predominante en América latina y se caracteriza por una progresión rápida hacia una insuficiencia respiratoria grave. Por otro lado la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (FHSR), la más común en Europa y Asia. Suele afectar al funcionamiento de los riñones y puede requerir diálisis.
La preocupación extrema en el brote del MV Hondius radica en que se ha identificado la cepa Andes. A diferencia de las variantes europeas, como el virus Puumala, que suelen ser leves, la cepa Andes presenta tasas de mortalidad que pueden alcanzar entre el 30% y el 50% en casos graves. Además, es la única variante documentada capaz de transmitirse, aunque de forma muy limitada, entre personas.
Los síntomas: de una gripe común a la insuficiencia crítica
Uno de los mayores retos para la detección precoz es que la infección comienza con síntomas muy inespecíficos que pueden confundirse fácilmente con una gripe o incluso con la COVID-19.
Durante la fase inicial los pacientes suelen presentar fiebre, cefalea (dolor de cabeza), mialgias (dolores musculares), malestar general y, en ocasiones, cuadros gastrointestinales como náuseas o diarrea.
Ya en la fase crítica, en cuestión de días, el estado clínico puede deteriorarse rápidamente hacia el distrés respiratorio severo, requiriendo ventilación mecánica e intubación, o hacia complicaciones hemorrágicas y renales dependiendo del tipo de virus.
En el caso del crucero, el primer fallecido inició síntomas el 6 de abril con fiebre y dolor de cabeza, falleciendo apenas cinco días después tras desarrollar un cuadro respiratorio agudo. El periodo de incubación es notablemente largo, pudiendo oscilar entre una y seis semanas, hasta 45 días, lo que obliga a mantener una vigilancia prolongada de los contactos estrechos.
Mecanismos de transmisión: el papel de los roedores y el MV Hondius
La vía principal de contagio al ser humano es la inhalación de aerosoles cargados con partículas virales procedentes de la orina, las heces o la saliva de roedores infectados. Esto suele ocurrir en espacios cerrados, mal ventilados o al levantar polvo en zonas donde estos animales habitan.
Otras vías, aunque menos frecuentes, incluyen el contacto directo, cuando el virus penetra a través de mucosas (ojos, nariz, boca) o heridas en la piel tras tocar superficies contaminadas y el transmisión interpersonal que, en la cepa Andes, se han documentado contagios entre humanos en contextos de contacto físico muy estrecho y prolongado, generalmente entre convivientes o parejas.
Los expertos de la OMS y del Ministerio de Sanidad barajan la hipótesis de que los afectados en el crucero se infectaron antes de embarcar, posiblemente durante un viaje de observación de aves por Argentina y Chile, zonas donde la cepa Andes es endémica. No obstante, no se descarta que existiera algún foco de exposición dentro del buque o una transmisión puntual entre pasajeros en el espacio confinado del barco.
El crucero transportaba a 147 personas de 23 nacionalidades, incluyendo a 14 españoles, 13 pasajeros y un tripulante. Esta es la reconstrucción de los hechos:
- 11 de abril. Fallece el primer pasajero a bordo tras haber iniciado síntomas el día 6. Al no sospecharse hantavirus inicialmente, no se tomaron muestras microbiológicas.
- 24 de abril. El buque recala en Santa Elena, donde se desembarca el cuerpo y baja un contacto estrecho que fallecería poco después en Sudáfrica.
- 2 de mayo. Se confirma por laboratorio el diagnóstico de hantavirus en otro pasajero evacuado. Una tercera pasajera fallece este mismo día.
- 6 de mayo. La OMS eleva a ocho los casos detectados (cinco confirmados) y confirma que se trata de la variante Andes.
- 8 de mayo. Sanidad detecta el primer caso sospechoso en España, concretamente en Alicante.
Actualmente, los pacientes sintomáticos han sido evacuados a hospitales especializados en Sudáfrica y Países Bajos. El resto del pasaje, aunque asintomático, permanece bajo estricta vigilancia epidemiológica mientras el barco navega hacia las costas españolas.
El dispositivo español: traslado blindado al Hospital Gómez Ulla
España ha aceptado recibir el barco en las Islas Canarias siguiendo criterios humanitarios y del Reglamento Sanitario Internacional, al ser el puerto con capacidades técnicas más cercano a la ruta del buque. El Ministerio de Sanidad ha diseñado un operativo para garantizar que no exista riesgo para la población local, que comenzará con el fondeo en Granadilla (Tenerife), ya que el crucero no atracará en el muelle, sino que quedará fondeado. Las evacuaciones se realizarán mediante lanchas.
Posteriormente se llevará acabo una evaluación a bordo, cuando epidemiólogos de Sanidad Exterior inspeccionarán el buque y evaluarán a cada pasajero. Poco después se activará el puente aéreo militar con el que los 14 españoles serán trasladados directamente desde Canarias hasta la base aérea de Torrejón en un avión militar, y de allí al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla en Madrid.
Ya en territorio nacional, todos los repatriados ingresarán en unidades de aislamiento de alto nivel para completar el periodo de incubación bajo monitorización médica. Tanto Sanidad como los expertos insisten en que el riesgo para la ciudadanía española es mínimo, ya que el operativo se realizará en «espacios encapsulados» y los pasajeros que viajan actualmente están asintomáticos.
Polémicas y cuarentena
La gestión de esta crisis ha generado una notable tensión institucional. El Gobierno de Canarias y la Comunidad de Madrid han criticado la falta de comunicación previa y coordinación por parte del Ministerio de Sanidad. Mientras el presidente canario cuestionó la necesidad de traer el barco a las islas pudiendo repatriar desde Cabo Verde, el ejecutivo madrileño denunció haberse enterado por la prensa del traslado al Gómez Ulla.
Desde el punto de vista legal, el Ministerio de Sanidad ha defendido su competencia para imponer cuarentenas obligatorias si fuera necesario, apoyándose en la Ley Orgánica 3/1986 de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, que permite adoptar medidas de control, hospitalización o aislamiento ante indicios racionales de peligro para la salud de la población, y la Ley General de Salud Pública (2011), que refuerza la capacidad de actuación en sanidad exterior.
Aunque las autoridades priorizan la colaboración voluntaria de los pasajeros, recuerdan que los tribunales han avalado el aislamiento forzoso en situaciones de riesgo transmisible, siempre bajo ratificación judicial y respetando el principio de proporcionalidad.
Expertos como Natalia Rodríguez (ISGlobal) y Francisco Ruiz Fons (CSIC) subrayan que el hantavirus es un claro ejemplo de la importancia del enfoque One Health, que entiende que la salud humana, la animal y la ambiental están intrínsecamente conectadas. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la movilidad internacional facilitan que patógenos que antes estaban confinados en entornos rurales remotos puedan causar alertas globales en cruceros o grandes ciudades, según los expertos.
Además, España tiene pendiente todavía el despliegue total de la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP), concebida tras la pandemia de COVID-19 para coordinar precisamente este tipo de alertas supraautonómicas e internacionales.
¿Debemos preocuparnos?
El mensaje de los especialistas es de cautela, pero no de alarma. El hantavirus no tiene la capacidad de propagación masiva del COVID-19 ni de la gripe. Su transmisión requiere condiciones muy específicas y, fuera del clúster detectado en el barco, el riesgo para la población general se califica como bajo por la OMS y los centros de epidemiología europeos.
La clave para el control del brote reside en la vigilancia activa de los síntomas durante el periodo de incubación y en la aplicación rigurosa de los protocolos de aislamiento para los contactos de riesgo. España, con su red de unidades de alto aislamiento y la experiencia previa en la gestión de enfermedades infecciosas complejas, se encuentra preparada, según Sanidad, para cerrar este episodio con las máximas garantías de seguridad sanitaria.
Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, «no existe una cura específica para esta infección. El tratamiento principal suele centrarse en el control de los síntomas. No hay ninguna vacuna autorizada para su uso en Europa. Dado que no existe vacuna, evitar el contacto con material infectado es la mejor manera de prevenir la infección. Se recomienda usar mascarilla en situaciones de alto riesgo de contacto con roedores y sus excrementos». Recurdan que «las complicaciones varían según la cepa del hantavirus, siendo algunas cepas más letales que otras. Las ocupaciones como la de los trabajadores forestales y los agricultores tienen un mayor riesgo de exposición, ya que los roedores liberan hantavirus en su orina, excrementos y saliva. Las personas generalmente se infectan al inhalar pequeñas partículas de estos excrementos contaminados con el virus. Hasta el momento, la transmisión de persona a persona solo se ha demostrado para el virus de los Andes, que está presente en algunas regiones de Sudamérica».