El horario de invierno es “el más beneficioso para nuestra salud”

La sincronía con la luz del sol es un factor clave para un buen rendimiento laboral y escolar, y que a largo plazo puede ser crucial para prevenir enfermedades, según datos de un estudio de la Universidad de Murcia.

El debate sobre la supresión del cambio horario estacional ha cobrado nueva vida tras la reciente propuesta del Gobierno de España de eliminar esta práctica en 2026 debido a su impacto en la salud y la falta de evidencia en el ahorro energético. Esta iniciativa cuenta con el respaldo de la Sociedad Española de Sueño (SES), que aprovecha el inminente retraso de los relojes para elevar su postura científica.

La SES aconseja formalmente que este sea el último cambio y que se mantenga de forma permanente el horario de invierno (GT+1). Para desgranar los argumentos que sustentan esta decisión fundamental para la salud pública, Ainoha Álvarez, presidenta de la SES, cuenta a Gaceta Médica como «somos más biodependientes de lo que creemos».

El pilar de los ritmos estables y la luz natural

La postura de la SES se basa en la búsqueda de un equilibrio biológico que mejore el rendimiento y prevenga algunas patologías vinculadas con los trastornos del sueño. Álvarez subraya que «dormir adecuadamente las horas necesarias y mantener un ritmo regular del ciclo sueño-vigilia es uno de los pilares fundamentales de la salud«. En este sentido, el horario de invierno emerge como la opción más saludable. Álvarez es categórica al afirmar que “el horario de invierno promueve un ritmo biológico más estable que el del verano, algo que contribuye a mejorar el rendimiento intelectual y ayuda a disminuir la aparición de enfermedades”.

Entre las enfermedades que pueden verse disminuidas gracias a un ritmo biológico estable, la presidenta de la SES destaca patologías tan graves como “las cardiovasculares, la obesidad, el insomnio y la depresión”. Por tanto, insiste, este horario «sería el más beneficioso para la población, especialmente para los grupos más sensibles a los cambios de horario y a padecer trastornos del sueño, como son los niños y las personas de edad avanzada”.

Sincronización sol-jornada

Uno de los puntos clave del posicionamiento de la SES es la relación entre el horario y la exposición a la luz natural durante las horas de actividad, ya que la sincronía con los diferentes espectros de luz solar «permite adecuarnos a nuestro reloj interno, que es inalterable». En la SES se apoyan en estudios elaborados en la Universidad de Murcia que indican que el horario de invierno facilita esta sincronización.

«El horario externo, que es el del despertador, no se adapta 100% a nuestro horario cerebral, sino que suele ir con dos horas de desfase… O sea, que cuando tú te metes a la cama a las diez de la noche son las ocho para tu cerebro, ¿no? Muchas veces nos levantamos y nuestro cerebro todavía estaría en modo sueño. Necesitamos ajustar el horario externo a nuestro horario biológico y es lo que ocurre en el de invierno», ejemplifica Álvarez.

Basándose en la evidencia, “el horario de invierno en España es el que permite una mayor sincronía entre la salida del sol y el inicio de la jornada laboral y escolar; y el que propicia tener una mayor exposición a la luz solar durante esa jornada”. Además, este huso horario “facilita tener más horas de sueño y un despertar más natural que coincide con el amanecer”.

El riesgo del horario de verano permanente

En contraposición, la SES alerta sobre los efectos perjudiciales que tendría la adopción permanente del horario de verano (GT+2). La desincronización sería extrema en los meses fríos. Según Álvarez, “en algunas ciudades españolas el amanecer no se produciría antes de las nueve y media durante el invierno, mientras que en verano el anochecer no llegaría hasta las diez”.

Esta falta de coincidencia entre los ritmos biológicos y el entorno provoca un grave desajuste social y sanitario. La desincronización resultante, que ya se observa durante los meses de GT+2, “provoca que las personas tengan tendencia a acostarse más tarde y a despertarse más tarde, y hacemos menos sueño REM. El sueño REM es un sueño muy importante para la memoria, para el equilibrio emocional, para se ha visto estudios que eso hace que luego tengamos mejor rendimiento. Con el horario de verano estamos recibiendo demasiada luz a última hora de la tarde, entonces no nos entra el sueño y por la mañana no nos da luz para decirnos, ‘Oye, que es de día, despiértate’. Es que la melatonina se empieza a producir dos horas antes de acostarnos«.

Este patrón de sueño desordenado tiene consecuencias directas en la productividad y la salud a largo plazo. La presidenta de la SES advierte que este desajuste “provoca que se tienda a dormir menos tiempo los días laborables y a dormir más los festivos, en una situación que puede favorecer un bajo rendimiento laboral y escolar y, de forma crónica, facilitar la aparición de enfermedades asociadas a la falta y a la mala calidad del sueño”.

El coste de una hora

Más allá de la decisión permanente sobre qué huso horario adoptar, la SES también recuerda que el simple acto del actual cambio estacional conlleva riesgos para la salud, ya que el sueño está «controlado por un reloj interno cerebral que depende fundamentalmente de la luz».

Álvarez destaca que “aunque el cambio solo sea de una hora, este altera el tiempo de exposición al sol durante el día y desequilibra al reloj interno, que tarda varios días en reajustarse”. Los efectos a corto plazo de este desajuste son comunes y variados: “No es infrecuente que durante los primeros días después del cambio de hora algunas personas refieran irritabilidad, falta de concentración, bajo rendimiento laboral e insomnio”. Las implicaciones pueden ser aún más graves, pues un estudio reciente “ha vinculado el cambio horario con un incremento de la incidencia de obesidad y de ataques cerebrovasculares”.

«Yo creo que la gente prefiere el horario de verano, y lo entiendo. Pero hay que hacer caso a la ciencia y a los estudios que demuestran que un horario más adaptado a nuestro reloj biológico puede mejorar nuestro sueño, y en consecuencia, nuestra salud», insiste Álvarez.

Para concluir, Ainoha Álvarez reitera la importancia capital del sueño en el contexto de la salud integral. Un sueño insuficiente, desorganizado o de mala calidad, “favorece la aparición de enfermedades tan frecuentes, graves y con tan alto impacto social y económico como el cáncer, la enfermedad de Alzheimer, la hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, el infarto de corazón, el ictus, la depresión y la ansiedad”. Por ello, la SES aboga firmemente por la supresión definitiva del cambio horario y el mantenimiento del huso de invierno (GT+1).


También te puede interesar…