Identifican una «firma molecular» que predice la ceguera diabética antes de los primeros síntomas

Un estudio liderado por investigadores españoles identifica una "firma inflamatoria" en el ojo que permite anticiparse a la retinopatía diabética, abriendo la puerta a una medicina de precisión capaz de salvar la visión antes de que aparezcan las lesiones irreversibles

La retinopatía diabética se ha consolidado como una de las amenazas más graves para la salud visual en el mundo, siendo una de las principales causas de pérdida de visión en personas que conviven con la diabetes. Tradicionalmente, el diagnóstico de esta complicación se basaba en la observación directa de daños en los vasos sanguíneos de la retina mediante un examen de fondo de ojo. Sin embargo, para cuando estas lesiones son visibles, la enfermedad ya suele estar en una fase avanzada. Ahora, un avance científico sin precedentes promete cambiar las reglas del juego al permitir una detección precoz basada en señales moleculares.

Un equipo de científicos de la Unidad de Investigación Oftalmológica “Santiago Grisolía” (FISABIO) y la Red de Enfermedades Inflamatorias (RICORS-REI) ha demostrado que el ojo emite señales claras de inflamación y daño vascular mucho antes de que un médico pueda detectar complicaciones a simple vista. El estudio, publicado en la prestigiosa revista International Journal of Molecular Science, revela que la enfermedad comienza a desarrollarse de forma silenciosa y «invisible» mucho antes de manifestar cambios retinianos graves.

El humor acuoso: el «chivato» biológico de la visión

La clave de este descubrimiento reside en el análisis del humor acuoso, un líquido transparente situado en la parte anterior del ojo. Los investigadores han descubierto que este fluido actúa como un archivo biológico donde se registran los primeros indicios de la patología. Al comparar muestras, hallaron que los pacientes en fases iniciales de la enfermedad presentan niveles de moléculas inflamatorias significativamente más altos que los sujetos sanos o diabéticos sin retinopatía.

Esta detección es posible gracias a lo que han denominado una «firma inflamatoria y angiogénica», compuesta por una serie de biomarcadores específicos que actúan como mensajeros del sistema inmunitario. Entre estas moléculas destacan:

  • Interleucinas (IL-1β e IL-6). Proteínas vinculadas a procesos de inflamación crónica.
  • VEGF (Factor de crecimiento del endotelio vascular). Una molécula crítica que impulsa la formación anómala de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis).
  • GM-CSF. Un factor que estimula la respuesta de las células del sistema inmune.
  • Quimiocinas (como MCP-1 e IP-10). Proteínas responsables de atraer células inflamatorias al tejido ocular, exacerbando el daño.

La presencia aumentada de estos mediadores sugiere que existe una respuesta inflamatoria localizada dentro del ojo desde el principio, reforzando la tesis de que la retinopatía diabética no es meramente un problema vascular, sino un proceso inflamatorio complejo.

Un cambio de paradigma: de la cirugía al diagnóstico preventivo

Uno de los aspectos más revolucionarios de esta investigación es su aplicabilidad clínica inmediata. El humor acuoso puede obtenerse de manera totalmente segura aprovechando cirugías oculares rutinarias, como las operaciones de cataratas o de glaucoma. Esto convierte un procedimiento quirúrgico común en una oportunidad de oro para obtener información biológica valiosa, permitiendo estratificar el riesgo de cada paciente y personalizar su seguimiento.

Maria Dolores Pinazo Durán, catedrática de Oftalmología y directora de la Unidad de Investigación en Oftalmología del FISABIO, subraya que este descubrimiento permite «avanzar en el diagnóstico molecular e incluso personalizar las actuaciones terapéuticas«. El objetivo final es claro: actuar antes de que la enfermedad cause una pérdida visual significativa y mejorar drásticamente la calidad de vida de las personas con diabetes.

Hacia terapias personalizadas y de precisión

Actualmente, los tratamientos estándar se centran en las etapas más graves de la enfermedad, tratando de frenar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos dañinos. Sin embargo, los hallazgos de este estudio sugieren que estas terapias podrían complementarse —o incluso sustituirse en fases tempranas— por estrategias dirigidas específicamente a controlar la inflamación.

Este avance ha sido posible gracias al ecosistema de colaboración de la RICORS-REI, una red financiada por el Instituto de Salud Carlos III que agrupa a más de 400 investigadores de 33 grupos en toda España. Desde su creación en 2022, esta red trabaja para validar biomarcadores moleculares que optimicen el diagnóstico y tratamiento de patologías inflamatorias, habiendo reclutado ya a más de 20.000 sujetos para sus estudios.

Con este nuevo enfoque preventivo, la ciencia española se sitúa a la vanguardia de la medicina de precisión, buscando intervenir en el momento exacto en que la biología del ojo empieza a fallar, mucho antes de que el paciente pierda su capacidad de ver el mundo.


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