La mitad de la población mundial presenta un índice de masa corporal (IMC) elevado, lo que supone alrededor de cuatro millones de muertes al año. De estos fallecimientos, dos tercios van a ser como consecuencia de eventos cardiovasculares. Estos son algunos de los datos que Raquel Campuzano, cardióloga y coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, puso sobre la mesa durante su intervención en la XLII Lección Memorial Fernández-Cruz. Su ponencia ponía el foco en la práctica clínica en obesidad y cómo se relaciona esta con las enfermedades cardiovasculares.
“La obesidad en sí misma es un factor de riesgo pronóstico cardiovascular”, apuntó Campuzano. “Siempre hemos pensado que la obesidad provocaba mortalidad cardiovascular porque el paciente obeso es hipertenso, es dislipémico, etc. Tenemos que desdeñar esa idea, la obesidad es independiente del resto de factores de riesgo”, subrayó.
En España, un 44 por ciento de los adultos sufre de sobrepeso y un 16 por ciento obesidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). “En todas las franjas de IMC los varones presentan un poco más de obesidad que las mujeres, aunque las mujeres son un poco más sedentarias”, apuntó la cardióloga.
Por otro lado, en nuestro país, tres de cada 10 niños padecen sobrepeso u obesidad. “Esto implica que en 20 años tendrán algún evento cardiovascular”, añadió Campuzano. “De hecho, en las unidades de rehabilitación cardiaca donde trabajo tienen un 15 por ciento de personas por debajo de los 40 años que ha sufrido infartos”, señaló.
Más allá del IMC

Dentro de la historia médica del paciente es fundamental contar con varios datos de salud, como la tensión arterial, las pulsaciones, etc. Sin embargo, el IMC suele obviarse. “El IMC es lo mejor para medir la obesidad, pues es la primera aproximación, pero tiene limitaciones, como que no discrimina entre masa magra y masa grasa”, explicó la cardióloga.
Por otro lado, algo que tampoco es habitual incluir en el registro de los pacientes es el perímetro abdominal. “Este se mide justo a nivel umbilical, sin meter tripa, sin inspirar y en posición relajada. Este dato va a denotar obesidad abdominal en un varón por encima de 102 centímetros y en una mujer por encima de 88”, describió. El perímetro permite medir la grasa subcutánea, pero también la grasa que está revistiendo las vísceras, que es la que tiene mayor relación con el riesgo cardiovascular.
Por último, la impedanciometría también es una prueba que la experta aconseja realizar a los pacientes. “Realmente eres obeso cuando tienes más porcentaje de grasa del que es normal, es decir, más de un 35 por ciento de grasa en el organismo de las mujeres y más de un 25 por ciento en el caso de los varones. Por lo que, si tengo que ordenar las pruebas, el IMC está bien, el perímetro abdominal todavía es mejor y lo máximo ya sería una impedanciometría”, añadió Campuzano.
Obesidad y corazón
Los hábitos de vida de la sociedad actual han cambiado diversas partes y funciones del organismo para adaptarse y, entre ellas, se encuentran la microbiota y las hormonas intestinales como el GLP-1.
“Estos cambios están provocando una verdadera inflamación, es decir, la persona con obesidad está es inflamada y esto el organismo lo interpreta como una resistencia a la insulina que al final perpetúa todo ese círculo”, indicó la cardióloga. “Una persona con obesidad, además de estar inflamada, también tiene hígado graso, enfermedad renal, enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y posiblemente los triglicéridos altos”, añadió.
“Una persona con obesidad, además de estar inflamada, también tiene hígado graso, enfermedad renal, enfermedad cardiovascular, resistencia a la insulina y posiblemente los triglicéridos altos”
Raquel Campuzano, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital Universitario Fundación Alcorcón
Todo eso afecta no solo a la salud del paciente, sino también a su calidad de vida. “Cada punto que incrementa el IMC incrementa un siete por ciento el riesgo de insuficiencia cardiaca”, subrayó la experta. Hoy en día se sabe que la grasa no solo de acumula alrededor de las vísceras, también lo hace alrededor del corazón. Tal y como explica Campuzano, “si se encuentra alrededor de las aurículas provoca fibrilación auricular, si lo hace alrededor de las arterias coronarias epicárdicas produce enfermedad coronaria y si lo hace en las arterias pericárdicas causa insuficiencia cardiaca”. Una grasa pericárdica por encima de los cuatro milímetros de grosor supone riesgo cardiovascular.
Abordar la obesidad
El abordaje de la obesidad se debe hacer de manera multidisciplinar, sin embargo, según la cardióloga, “llegamos tarde”. “El abordaje global se tiene que hacer desde los dos, tres, cuatro o cinco años y mantenerlo toda la vida y recordarlo. Además de hacer que los niños lo lleven a las familias”, señaló.
La nueva era de los fármacos para tratar la obesidad también ha desplegado muchas opciones. “Tenemos fármacos que consiguen hasta un 15 por ciento o más de pérdida de peso y una cirugía bariátrica consigue una reducción en torno al 25-30 por ciento. A lo mejor en el futuro llegamos a no tener que hacer pasar al paciente por quirófano”, destacó. En este sentido, tirzepatida, uno de estos nuevos fármacos aprobados por la EMA, se ha convertido en el primer agonista dual que consigue esta reducción del 15 por ciento de peso corporal.
“Tenemos fármacos que consiguen hasta un 15 por ciento de pérdida de peso y una cirugía bariátrica consigue una reducción en torno al 25-30 por ciento. A lo mejor en el futuro el paciente no tiene que pasar por quirófano”
Raquel Campuzano, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital Universitario Fundación Alcorcón
Asimismo, la experta señala otro de los fármacos que ha demostrado eficacia más allá de la reducción de peso. Semaglutida ha demostrado su eficacia en pacientes con insuficiencia cardíaca con fracción de inyección preservada. Como explica Campuzano, “en 500 pacientes que no tenían potencia suficiente para demostrar reducción de mortalidad, ha mostrado, por primera vez, que tratando solo la obesidad en pacientes con insuficiencia cardíaca su pronóstico cardiovascular mejoró”. “Los datos revelan que semaglutida posiblemente está modulando la inflamación y está reduciendo la grasa alrededor del corazón de los pacientes. Por eso está impactando en el riesgo cardiovascular”, resaltó.
La prevención sigue siendo esencial para luchar contra la obesidad, sin embargo, hay que cambiar la forma en la que se maneja esta enfermedad. “Hay que tratar la obesidad en sí misma para prevenir la enfermedad cardiovascular. Por otro lado, no culpabilicemos, aunque la dieta y los hábitos de vida son muy importantes no son suficientes, hay que utilizar fármacos para la obesidad. Y, los profesionales tenemos que tener presente que para mejorar el pronóstico cardiovascular de nuestros pacientes nuestros objetivos ahora mismo son la grasa epicárdica y la inflamación”, concluyó Campuzano.