La Cátedra de Innovación y Gestión de la URJC celebra su 20º aniversario: «La medicina se vive por la innovación»

Un repaso por los 20 años de historia de una cátedra que ha sabido conectar el saber universitario con las necesidades del sistema sanitario y la dignidad de los pacientes

La Real Academia Nacional de Medicina (RANME) se vistió de gala este jueves para conmemorar los 20 años de trayectoria de la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria (CIGS) de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).

En una jornada marcada por la profundidad técnica y la calidez emocional, líderes del sistema sanitario, investigadores de talla mundial y representantes del Gobierno se dieron cita para analizar su legado y fijar la hoja de ruta de una sanidad que se enfrenta a retos como la inteligencia artificial, la medicina de precisión y el envejecimiento demográfico.

Innovación como pieza central para la transferencia a la sociedad

La CIGS no es una cátedra más, sino un referente de cómo la universidad debe conectar con el tejido productivo y social. David Beas, director de Asuntos Corporativos de Johnson & Johnson Innovative Medicine, insistió en que estamos en un «momento dorado de innovación biomédica», siendo capaces de «cronificar enfermedades que hasta hace relativamente poco eran mortales».

Beas subrayó que el éxito de estos 20 años se debe a un nombre propio, porque «los proyectos no se consolidan en el tiempo por sí solos. Para que esto ocurra es importante un liderazgo natural, personas con visión que sean capaces de sacarles el máximo provecho, y es eso precisamente lo que ha llevado a cabo el profesor Ángel Gil, director de la CIGS y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública. Es el alma mater de este proyecto».

Según Beas, «cada éxito requiere más de 3.000 millones de dólares de inversión. Es importante también poner en valor los fracasos, recientemente tuvimos que abandonar el desarrollo de nuestra vacuna del VIH por falta de eficacia en el estadio clínico de fase III». Además, aportó datos sobre el impacto económico de las bajas médicas en España, señalando que «conlleva un impacto para el sistema de alrededor de 45.000 millones de euros anuales» y que «la innovación ayuda significativamente a reducir estas cifras». Advirtió que «la ciencia y la investigación conllevan una actividad económica de alto riesgo, de alta incertidumbre«.

David Beas, director de asuntos corporativos de Johnson & Johnson Innovative Medicine

Por su parte, el vicerrector de la URJC, Fernando Martínez Castillejo, destacó que la cátedra “ha logrado situar a la universidad donde genera valor para tratar de conectar el conocimiento con el ámbito empresarial y el sistema sanitario para que trascienda a la sociedad y a la cama del paciente». Para la URJC, esta colaboración con Johnson & Johnson representa un “espacio de confianza que ha permitido defender la calidad asistencial y la dignidad de los pacientes».

El Secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, Juan Cruz Cigudosa, elevó el tono del debate al situar a España como “el país que más ensayos clínicos hace de Europa», afirmó con rotundidad, detallando que «la mitad de los ensayos clínicos que se hacen en Europa o están liderados o participa un hospital español en ellos». Cigudosa defendió que “la ciencia debe ser el motor del bienestar: La medicina se vive por la innovación, porque la innovación es lo que transfiere al paciente todo lo que hacemos, lo que investigamos». En un mensaje directo a los numerosos alumnos presentes, recordó que «el verdadero objetivo de la innovación en salud no es la tecnología en sí misma, sino mejorar la vida de las personas».

El propio Ángel Gil quiso poner el foco en la labor colectiva, afirmando que «estas cosas salen no porque hay una persona, sino porque hay un equipo de personas motivadas, interesadas y que hacen que esto pueda salir adelante». Gil reconoció el apoyo constante del equipo rectoral en una universidad que «desde el primer momento apostó porque se creasen este tipo de espacios».

Gestión sanitaria: del «cerebro digital» a la lucha contra la soledad

La primera mesa redonda, que fue moderada por Ángel Gil, se convirtió en un escaparate de diferentes modelos de gestión innovadores en la Comunidad de Madrid. Marta Sánchez Celaya, subdirectora del Hospital Gregorio Marañón, explicó que “la innovación debe ser parte del ADN de la institución. Gestionar en innovación no es sumar a un conjunto de proyectos deslumbrantes que tengan caducidad en el tiempo, sino tener un modelo de trabajo que incorpore la innovación como sistema». Sánchez Celaya detalló el ambicioso proyecto del «cerebro digital», un centro de control que monitoriza el hospital que permite “que los datos sirvan para algo, para optimizar la gestión, también en tiempo real, para que un profesional pueda ver en ese momento si hay alguna alerta clínica para gestionar o si hay algún paciente con alguna constante alterada que hay que atender de forma más prioritaria».

Desde la Fundación Jiménez Díaz, su gerente Javier Arcos, presentó una visión pragmática basada en la eficiencia y la reducción de procesos que no aportan valor. Arcos citó la ‘Healthcare Paradox’ para recordar que “el 60% de lo que hacemos en general en el sector sanitario está basado en el consenso clínico, pero hay un 40% que no aporta nada de valor, incluso de ese 40% un 10% que es incluso dañino«, poniendo el foco en el concepto de mapa de variabilidad sanitaria. Para combatir esto, su hospital ha implementado la IA generativa en consulta mediante el proyecto ‘Scribe’, que permite “llevar un registro de las consultas, que es tremendamente importante, pero si te lo puede hacer una inteligencia artificial bien trabajada y el médico tiene más tiempo para explicar, para mirar a los ojos al paciente».

La perspectiva de la media estancia la aportó Rosa Salazar, gerente del Hospital de Guadarrama, quien recordó que la innovación también consiste en “adaptar el sistema a la realidad social”. Además, Salazar abordó la otra parte de su labor asistencial, «la soledad, que es un problema que cada vez está más sobre la mesa, con el envejecimiento de la población por la cronicificación de muchas enfermedades antes letales; ahora tenemos pacientes que no podemos dar de alta porque viven solos, con una edad media de 80 años, sin familia». En Guadarrama, la innovación pasa por humanizar el entorno, incluyendo terapia con animales y gimnasios al aire libre, y señaló que «rehabilitar en un entorno de juegos es una maravilla porque el paciente no se da cuenta, pero está estimulado».

Práctica clínica: el cáncer como motor de cambio

La segunda mesa, moderada por Santiago Moreno, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Ramón y Cajal, se centró en cómo la innovación ha transformado patologías antaño letales en crónicas, con el cáncer de pulmón como gran ejemplo. Montserrat Pérez, jefa de Farmacia del Hospital de Alcorcón, definió la lucha frente al cáncer como «el motor fundamental de la investigación y de las agencias reguladoras. No se trata de introducir el medicamento y empezar a utilizarlo, sino que es necesaria una organización y unos circuitos que permitan optimizar cada terapia«. También destacó la importancia de la farmacia hospitalaria recordando que “nuestro objetivo cuando un paciente empieza un tratamiento es que no haya que suspenderlo por toxicidad y anticiparnos todo lo posible». Además, Pérez puso en valor la integración de los farmacéuticos en los equipos, ya que “también forman parte de los comités de tumores moleculares, por ejemplo, y ya es conocedor desde el inicio de la situación de este paciente».

Montserrat Pérez, jefa de Farmacia del Hospital de Alcorcón

La oncóloga Pilar Garrido lanzó un mensaje de advertencia contra el tabaquismo, recordando que el cáncer de pulmón sigue siendo la primera causa de muerte por cáncer en el mundo. Sin embargo, celebró el cambio de paradigma que ha supuesto “la medicina personalizada, de los biomarcadores… de ponerle primer apellido, y el segundo, si tiene un gen mutado». Garrido planteó retos futuros sobre cómo medimos la calidad de vida, ya que «las escalas que usamos para medir la toxicidad son las escalas de la era de la quimioterapia, y por ejemplo, tener una toxicidad grado dos que sea una diarrea, durante muchos meses, tiene un impacto en calidad de vida muy diferente».

El testimonio más humano lo aportó José Antonio, paciente y representante de asociaciones de afectados, quien relató su diagnóstico de estadio IV hace siete años. «El tratamiento es que te cambia completamente la vida porque la palabra que te asusta es el cáncer. Lo demás no lo entiendo», confesó emocionado. José Antonio es la prueba viviente del éxito de la innovación: «Llevo 7 años, 70 ciclos de inmunoterapia… un porcentaje de supervivencia que hace siete años habría sido imposible». Recordó a los futuros médicos que “necesitamos que los pacientes tengan una innovación cada vez más real, que llegue de verdad a los pacientes».

Investigación biomédica: de la molécula al código postal

La mesa de investigación, moderada por Antonio Zapatero, jefe de Medicina Interna del Hospital de Fuenlabrada, exploró la aceleración de los tiempos científicos. Susana Conde, de J&J, detalló que descubrir un fármaco “es un proceso que lleva más de 15 años, por cada proyecto que empezamos preparamos mucho más de 10.000 compuestos y, en el mejor de los casos, llega una». Conde aseguró que la IA está acortando estos plazos, asegurando que “esperamos que estos 15 años que tardamos ahora se acorten a un año y medio o dos».

Carmen Ayuso, jefa de Genética de la Jiménez Díaz, centró su intervención en la equidad y en programas como el IMPaCT Genómica. «A veces decimos de broma, pero no tan de broma, que puede ser más importante el código postal que el código genético en cuanto al acceso a los fármacos innovadores», advirtió. Ayuso elogió herramientas como AlphaFold, que “permite modelizar proteínas en minutos”, ya que “antes eran meses de experimentos con muchos costes». Su conclusión fue un mensaje al talento de los alumnos presentes, insistiendo en que “no va a haber innovación sin pensamiento original y creativo, y sin investigación no va a haber futuro».

Finalmente, el economista Juan Oliva desmontó mitos sobre el coste del envejecimiento. «La edad es un arenque rojo, literalmente una pista falsa como factor predictor del gasto sanitario», sentenció, explicando que lo que realmente dispara el gasto es “el deterioro de la salud y la cercanía de la muerte”, no los años cumplidos. Oliva hizo un llamamiento a la coordinación, porque «cualquier estrategia que no considere conjuntamente los recursos del sistema sanitario, el sistema para la autonomía y la dependencia, y las familias, jamás va a poder conseguir sus objetivos en términos de eficiencia».

Un homenaje al «padre académico»

El cierre de la jornada fue un tributo unánime a la figura de Ángel Gil. Manuel Durán, vicerrector de hospitales de la URJC, recordó que “cuando yo llegué a la universidad a finales de los años 90 me acogió como un padre, guió mi carrera académica desde el año 1997 hasta la actualidad. Ángel Gil es el padre que todos tenemos, el padre académico que nos lleva de la mano. Todo lo que toca Ángel Gil es maravilloso«.

La Directora General de Investigación y Docencia, Inmaculada Ibáñez de Cáceres, se dirigió a Gil apuntando a que “eres una persona que pone paz, pone diálogo y esa visión humanista que no podemos perder ninguno de vista», mientras animó a los estudiantes a amar la investigación.

Así, la Cátedra cerró sus primeros 20 años reafirmando que, en medicina, la innovación solo tiene sentido si sirve para mirar a los ojos al paciente y, en palabras de Ángel Gil, “para trabajar en un equipo motivado e interesado en mejorar la sociedad”.


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