La enteritis inflamatoria causada por Escherichia coli diarrogénica (DEC) constituye un desafío de salud pública en crecimiento en España, según concluye un análisis retrospectivo a nivel nacional, elaborado por Rafael Garcia-Carretero, Valentin Hernandez-Barrera, Ruth Gil-Prieto, Angel Gil-de-Miguel, pertenecientes al departamento de Medicina Interna del Hospital Universitario Severo Ochoa y a la Universidad Rey Juan Carlos y al departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, respectivamente.
Este estudio, publicado en la revista científica Preventive Medicine Reports, basado en datos del Sistema Nacional de Salud, identificó la asombrosa cifra de 265.754 hospitalizaciones relacionadas con esta patología durante siete años.
Las enfermedades diarreicas siguen siendo un desafío de salud global, contribuyendo a una mayor mortalidad, especialmente entre los niños menores de cinco años y los ancianos. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica las enfermedades diarreicas como la segunda causa principal de muerte en niños menores de cinco años a nivel mundial.
Dentro de los patógenos causantes de diarrea infecciosa, E. coli diarrogénica (DEC) es una de las principales causas tanto de casos esporádicos como de brotes. La DEC se clasifica en varias categorías, y todas las cepas, excepto las enterotoxigénicas (ETEC), pueden causar enteritis inflamatoria. Esta condición patológica se caracteriza por la inflamación intestinal y puede manifestarse clínicamente de forma variada, desde una afectación superficial de la mucosa hasta úlceras severas, presentando dolor abdominal, disentería, diarrea acuosa, fiebre y sangre o mucosidad en las heces. La enteritis inflamatoria causada por DEC plantea retos específicos en cuanto a mortalidad y morbilidad, sobre todo en pacientes inmunodeprimidos o con comorbilidades subyacentes.
Los resultados no solo confirman la importancia de esta enfermedad, sino que revelan una tendencia preocupante: la tasa global de hospitalización (TH) aumentó significativamente a lo largo del periodo, pasando de 81,9 por cada 100.000 habitantes en 2016 a 94,7 por 100.000 en 2022.
La vulnerabilidad del envejecimiento
La carga de la enfermedad recae de manera desproporcionada sobre los ancianos y los lactantes.
Los mayores de 80 años mostraron consistentemente las tasas de hospitalización más altas. La tasa global para este grupo fue de 516,7 por 100.000, alcanzando un pico alarmante de 636 por 100.000 en 2022. Esto se atribuye al envejecimiento poblacional, la disminución de la función inmunológica y la mayor prevalencia de comorbilidades en la tercera edad.
En el otro extremo, los lactantes menores de un año presentaron la TH más alta dentro de la población pediátrica, con una tasa general de 227,1 por 100.000. Si bien la tasa de ingresos en este grupo disminuyó durante el periodo analizado, hasta los 198,1, sigue siendo notablemente superior a la de otros grupos pediátricos.
En cuanto a las diferencias por sexo, aunque las mujeres representaron la mayoría de las hospitalizaciones totales, el 53.9% del total, fueron los hombres quienes exhibieron tasas de hospitalización más altas que las mujeres en la mayoría de los grupos de edad, especialmente en lactantes y adultos mayores.
El riesgo se intensifica
El impacto de la enteritis por E. coli diarrogénica en la mortalidad es igualmente severo. Entre 2016 y 2022, se registraron 24.455 muertes entre los pacientes hospitalizados en España. El número de fallecimientos creció significativamente, pasando de 2.643 muertes en 2016 a 4.676 en 2022.
Confirmando la tendencia de los ingresos, los ancianos mayores de 80 años fueron el grupo más afectado por la mortalidad, acumulando el 53,8 % de todas las muertes registradas (13.163 fallecimientos).
Respecto a las diferencias de género, las mujeres tuvieron un número total de muertes superior al de los hombres (13.061 frente a 11.394) y mostraron tasas de mortalidad más elevadas que los hombres en la mayoría de los grupos de edad, particularmente entre los ancianos. Sin embargo, el análisis de regresión logística multivariable, que ajusta por otros factores de riesgo, determinó que no existía una diferencia de riesgo significativa de mortalidad entre hombres y mujeres (el Odds Ratio ajustado para hombres fue de 1.01).
Una tríada de alto riesgo
El estudio empleó un modelo estadístico avanzado para identificar qué factores convierten una infección por E. coli diarrogénica en un riesgo de muerte.
Los resultados son claros: la edad es el predictor más fuerte de mortalidad. Los pacientes de 80 años o más presentaron las mayores probabilidades de morir, con un Odds Ratio (OR) de 8.59 en comparación con los lactantes.
Además de la edad, la presencia de ciertas comorbilidades y coinfecciones agrava drásticamente el pronóstico. En el caso de la sepsis fue el predictor de comorbilidad más fuerte identificado, multiplicando por 3.60 el riesgo de mortalidad. El cáncer constituyó el segundo predictor más fuerte entre las comorbilidades, elevando el riesgo de muerte con un OR de 2.23.
Además, la coinfección por Staphylococcus aureus fue la coinfección más peligrosa, asociada con un riesgo de mortalidad extremadamente alto. También cabe destacar la coinfección por COVID-19, el virus SARS-CoV-2, que aumentó significativamente el riesgo de mortalidad con un OR de 2.35. De hecho, el riesgo general de mortalidad fue más alto en el año 2020, 1.49, un pico atribuido al impacto de la pandemia y la probable limitación de recursos sanitarios en poblaciones vulnerables.
Otras condiciones que aumentaron significativamente el riesgo de mortalidad incluyen la enfermedad cardiovascular (1.64), la enfermedad cerebrovascular (1.53), y la demencia (1.47).
La paradoja de la diabetis
Un resultado inesperado del análisis fue que ciertas comorbilidades se asociaron con un riesgo reducido de mortalidad, específicamente la diabetes (0.88) y las infecciones urinarias (0.89).
Los autores señalan que esta aparente «protección», «no implica un verdadero efecto biológico protector«. En cambio, plantean la hipótesis de que esto podría deberse a sesgos de selección o factores de confusión no incluidos en el análisis. Específicamente, pacientes con diabetes o infecciones urinarias recurrentes tienden a recibir una monitorización médica mejorada y un contacto sanitario más frecuente, lo que podría llevar a un diagnóstico y tratamiento más tempranos de la infección, reduciendo artificialmente su riesgo de mortalidad.
Respecto a las coinfecciones, el estudio subraya que la presencia de patógenos secundarios como S. aureus (3.46) y COVID-19 (2.35) agrava la severidad de la diarrea y el riesgo de malos resultados. Otras coinfecciones como P. aeruginosa (1.71) y Klebsiella spp (1.14) también se identificaron como predictores significativos de mortalidad. El SARS-CoV-2 puede dañar el sistema inmunológico, facilitando coinfecciones microbianas, siendo S. aureus y E. coli coinfecciones bacterianas comunes durante la pandemia.
Disparidades regionales
El análisis también puso de relieve diferencias geográficas en la incidencia y la mortalidad de esta enfermedad. En cuanto a las tasas de hospitalización, las comunidades con las tasas más altas fueron La Rioja y Cataluña, con 127 y 129 ingresos por 100.000 habitantes, respectivamente. Por el contrario, Melilla y Andalucía registraron las tasas de hospitalización estandarizadas más bajas, 24 y 37 por 100.000, respectivamente.
En lo relativo a la mortalidad, Melilla (14 por 100.000), Castilla y León (13,2 por 100.000) y Andalucía (12,7 por 100.000) reportaron las tasas de mortalidad intrahospitalaria más elevadas. Las tasas más bajas se encontraron en Cataluña y Cantabria (5,4 y 6,8 por 100.000, respectivamente).
Estas variaciones regionales sugieren que la infraestructura de salud pública, el acceso a la atención médica o los protocolos de diagnóstico podrían estar influyendo en los resultados clínicos.
Necesidades urgentes
Los autores del estudio concluyen que la creciente carga de la enteritis por E. coli diarrogénica exige la adopción de medidas urgentes y específicas. «La necesidad de intervenciones específicas es clara y urgente, especialmente dirigidas a las poblaciones que envejecen, dada su extrema vulnerabilidad y la alta proporción de ingresos y muertes que concentran«.
Entre las medidas que ponen para reducir este impacto destacan la vigilancia y la prevención reforzadas, estableciendo programas de vigilancia mejorada, campañas de salud pública y programas de vacunación para promover la higiene y la seguridad alimentaria. Esto incluye el lavado de manos, la manipulación correcta de los alimentos y garantizar el acceso a agua potable segura. «Los organismos de salud pública tienen un papel vital en la identificación de brotes y la implementación de medidas de control«.
Los protocolos clínicos también están en el foco, ya que el diagnóstico rápido y el tratamiento apropiado son esenciales para minimizar la morbilidad y la mortalidad. Los médicos deben ser conscientes de las diversas presentaciones clínicas de las infecciones por E. coli y estar vigilantes ante posibles complicaciones, ya que la detección temprana es clave para mejorar los resultados.
Las comorbilidades exigen un atención integral, dada la fuerte asociación entre condiciones subyacentes como la malignidad, la sepsis, las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad subraya la importancia de proporcionar una atención integrada a los pacientes con estas patologías al enfrentarse a una infección por E. coli.
Pero también es importante la investigación de las disparidades, las diferencias observadas en las tasas de hospitalización y mortalidad entre regiones resaltan la necesidad de abordar las inequidades en el acceso a la atención sanitaria y la asignación de recursos.
En resumen, el estudio ofrece un panorama detallado de la carga de la enfermedad por E. coli en España, y se sugiere que futuras investigaciones exploren las disparidades de sexo y el papel de las coinfecciones en los resultados relacionados con E. coli.
Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de intervenciones de salud pública específicas para gestionar la creciente carga de la diarrea por E. coli diarrogénica, especialmente dirigida a la población que envejece. Se requiere una vigilancia mejorada, protocolos de diagnóstico rápidos y, fundamentalmente, una atención integrada para los pacientes con comorbilidades subyacentes, dada la fuerte asociación entre condiciones como el cáncer o la sepsis y el aumento de la mortalidad. Los autores concluyen que este análisis ofrece una imagen completa de la carga de E. coli en España, esencial para desarrollar estrategias destinadas a reducir su impacto en los entornos sanitarios.