La catástrofe provocada por la DANA que azotó la ciudad de Valencia en octubre de 2024 ha traspasado fronteras y ha servido como ejemplo paradigmático de cómo los sistemas de salud pública pueden —y deben— prepararse y responder ante desastres climáticos extremos. Así se ha puesto de manifiesto en la Reunión Anual 2025 de la Association of Schools and Programs of Public Health (ASPPH), celebrada del 19 al 21 de marzo en Arlington (Virginia, EEUU), donde líderes académicos, docentes y expertos internacionales compartieron estrategias y herramientas para fortalecer la educación, la práctica y la investigación en salud pública.
Martin-Moreno presentó un análisis detallado sobre el impacto de la DANA en la región y las múltiples lecciones aprendidas desde una perspectiva de salud pública
Entre las contribuciones destacadas, José M. Martin-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, presentó un análisis detallado sobre el impacto de la DANA en la región y las múltiples lecciones aprendidas desde una perspectiva de salud pública. “Queríamos aportar, desde el punto de vista de la salud pública, el impacto que tuvo la DANA, ver las cuestiones críticas que hubo en planificación o en preparación ante emergencias”, explicó el especialista en conversación con Gaceta Médica.
Implicaciones sanitarias
El 29 de octubre de 2024, Valencia sufrió unas lluvias torrenciales sin precedentes con un balance devastador: 227 fallecidos, 15.000 personas desplazadas y un aumento del 20% en enfermedades transmitidas por el agua. Además del daño físico y material, el evento desató una crisis sanitaria de múltiples dimensiones, incluyendo brotes infecciosos, trastornos mentales, inseguridad alimentaria y contaminación ambiental.
El balance de la DANA: 227 fallecidos, 15.000 personas desplazadas y un aumento del 20% en enfermedades transmitidas por el agua
Martin-Moreno subrayó que este episodio, que ha ido siguiendo puntualmente mediante distintas tribunas publicadas en Gaceta Médica, reveló graves carencias en planificación urbana, comunicación institucional y respuesta de los servicios de emergencia. La construcción en zonas inundables, como ramblas secas, amplificó la magnitud de la tragedia. Además, las alertas meteorológicas no se tradujeron en avisos efectivos a la población, generando una falsa percepción de seguridad. “No había ni prevención primaria ni tampoco preparación”, lamentó, al referirse a los fallos que observó en la preparación y anticipación frente al riesgo.

Marco de resiliencia
Durante su intervención, el experto en salud pública explicó un marco de resiliencia basado en cuatro ejes clave: concienciación previa al desastre, sistemas de alerta en tiempo real, implicación comunitaria y evaluación posterior. «La falta de comunicación entre administraciones y la escasa preparación ciudadana fueron factores determinantes en la gestión ineficaz del evento», señaló.
Entre las propuestas, Martin-Moreno defendió la necesidad de realizar campañas educativas continuas, utilizar redes móviles para emitir alertas, capacitar a líderes locales y establecer canales de retroalimentación ciudadana. Todo ello dentro de una estrategia que integre la salud física, mental, ambiental y social desde un enfoque One Health.“Aportamos recomendaciones políticas concretas para estos casos: desde temas relacionados con cómo influye el planeamiento urbano, hasta el refuerzo posterior en salud mental”, destacó.
Martin-Moreno defendió la necesidad de realizar campañas educativas continuas, utilizar redes móviles para emitir alertas, capacitar a líderes locales y establecer canales de retroalimentación ciudadana
Uno de los aprendizajes más relevantes tiene que ver con la necesidad de preparar tanto la respuesta inmediata como la recuperación a medio y largo plazo. Tras una catástrofe de esta magnitud, no basta con atender las heridas físicas: se requieren intervenciones en salud mental, distribución de kits de higiene, vigilancia epidemiológica y asistencia financiera a los hogares afectados.
En este contexto, la Universidad de Valencia se movilizó rápidamente con iniciativas dirigidas tanto a su comunidad académica como a las instituciones y colectivos más vulnerables. Las acciones incluyeron desde asesoramiento técnico hasta el apoyo psicológico y la promoción de la cohesión social para facilitar la recuperación colectiva.
Visión global
El cambio climático está incrementando la frecuencia e intensidad de eventos extremos como las DANAs, especialmente en regiones mediterráneas. Por eso, uno de los objetivos de la Reunión Anual 2025 fue precisamente intercambiar experiencias internacionales que permitan reforzar la capacidad de respuesta de los sistemas de salud pública ante estos desafíos.

La experiencia de Valencia ha sido, así, una advertencia contundente, pero también un punto de partida para repensar los sistemas de prevención y respuesta ante catástrofes. Y su eco ha llegado hasta Virginia, donde expertos de todo el mundo han tomado nota para fortalecer una salud pública verdaderamente resiliente.