Las CAR-T muestran un perfil de seguridad consistente a largo plazo en pacientes con linfomas agresivos

El estudio realizado por el Vall d'Hebron muestra la importancia de hacer un seguimiento continuado para detectar y gestionar posibles efectos adversos

CAR-T
Antònia Agustí, Lina Camacho-Arteaga y Gloria Iacoboni / VHIR.

Un nuevo estudio ha analizado los efectos a largo plazo de la terapia CAR-T en pacientes con linfoma agresivo, evidenciando un perfil de seguridad favorable. Los hallazgos, publicados en JAMA Network Open, subrayan la necesidad de un seguimiento prolongado, dado que pueden surgir efectos adversos incluso años después del tratamiento. La investigación ha sido liderada por el grupo de Farmacología Clínica del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), el grupo de Hematología Experimental del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) y los Servicios de Farmacología Clínica y Hematología del Hospital Universitario Vall d’Hebron.

El linfoma no Hodgkin de células B es una neoplasia hematológica que afecta al sistema linfático, en particular a los linfocitos B, responsables de la producción de anticuerpos. Aunque existen múltiples opciones terapéuticas, un porcentaje significativo de pacientes presenta resistencia o recaídas tras los tratamientos convencionales. En estos casos, la terapia con células CAR-T ha emergido como una estrategia prometedora para lograr remisiones prolongadas.

Si bien la eficacia de esta inmunoterapia ha sido ampliamente demostrada, es fundamental comprender sus efectos adversos, tanto inmediatos como a largo plazo. La mayoría de los estudios publicados hasta la fecha se han centrado en la toxicidad aguda, especialmente en las primeras semanas tras la infusión celular, pero es necesario un mayor volumen de investigación para caracterizar su perfil de seguridad a largo plazo y optimizar el seguimiento de los pacientes tratados.

Efectos adversos detectados

Con este propósito, el Vall d’Hebron ha llevado a cabo un estudio para evaluar los efectos adversos que pueden manifestarse en pacientes con linfoma no Hodgkin de células B a partir de los tres meses posteriores a la administración de la terapia CAR-T. Entre 2018 y 2022, se realizó un seguimiento de 172 pacientes tratados en seis hospitales del país, con un período de observación que osciló entre 8 y 23 meses, dependiendo del caso.

Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran las infecciones, incluyendo la COVID-19, así como la neutropenia, una reducción en el número de neutrófilos que compromete la respuesta inmunitaria frente a patógenos. También se han observado alteraciones hematológicas, como la trombocitopenia, que es habitual en los primeros meses tras el tratamiento pero tiende a resolverse después del sexto mes.

Asimismo, se han registrado efectos secundarios de menor incidencia, entre ellos manifestaciones dermatológicas, neurológicas y cardiovasculares, que en la mayoría de los casos han sido leves. Finalmente, se identificaron cuatro pacientes que desarrollaron neoplasias secundarias tras la terapia CAR-T, un hallazgo que subraya la importancia del seguimiento a largo plazo.

“Algunos pacientes pueden experimentar efectos adversos tardíos, aunque la mayoría de estos se pueden gestionar clínicamente sin complicaciones graves, por lo que este trabajo confirma que la terapia CAR-T tiene un buen perfil de seguridad”, afirmó Antònia Agustí, jefa del Servicio de Farmacología Clíncia del Hospital Universitario Vall d’Hebron y del grupo de Farmacología Clínica del VHIR

Según los resultados, el equipo de investigadores destacó la importancia de hacer un seguimiento continuado de los pacientes después del tratamiento. “Este estudio nos ayuda a entender cómo mejorar la atención de los pacientes después de la terapia CAR-T para detectar y gestionar posibles efectos adversos a largo plazo”, explicó Pere Barba, jefe de sección de Terapias Avanzadas del Servicio de Hematología del Hospital Vall d’Hebron e investigador del grupo de Hematología Experimental del VHIO

El estudio ha sido realizado en colaboración con el Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Vall d’Hebron, el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Gregorio Marañón, el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA del Hospital Clínico Universitario de Valencia, el Hospital Universitario de Salamanca, el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) del Hospital Clínic de Barcelona y el Hospital Universitario y Politécnico La Fe.


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