Martín-Moreno: «Las olas de calor provocan más muertes que cualquier otro desastre climático»

Gaceta Médica entrevista a José Mª Martín-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, para conocer los efectos de las olas de calor sobre la salud

José Mª Martín-Moreno

Como cada verano, España ha sufrido varias olas de calor que han llevado a varias comunidades autónomas a activar niveles de alerta roja y naranja por las temperaturas extremas. Ante este panorama, los gobiernos regionales han intensificado sus campañas informativas y sanitarias para proteger a la población, especialmente a los colectivos más vulnerables. Para conocer los efectos de estos episodios de temperatura extrema sobre la salud, Gaceta Médica entrevista a José Mª Martín-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y director de la Cátedra de Gestión Innovadora para la Salud, FES.

Pregunta. ¿Cuáles son los efectos inmediatos del calor extremo en el cuerpo humano?

Respuesta. Sabemos que la exposición aguda a un calor extremo desencadena una variedad de respuestas fisiológicas. Inicialmente, el cuerpo activa mecanismos de termorregulación (sudoración intensa, dilatación de los vasos sanguíneos en la piel) para disipar el exceso de calor. Sin embargo, si estos mecanismos no logran mantener la temperatura interna, aparece el estrés térmico y comienzan a manifestarse trastornos relacionados con el calor. Los efectos inmediatos van desde manifestaciones leves como calambres musculares, erupciones cutáneas (sarpullido por calor) o edema en manos y pies por la vasodilatación, hasta cuadros moderados y graves como el agotamiento por calor y finalmente el golpe de calor.

En un episodio de agotamiento por calor, la temperatura corporal puede elevarse (aunque suele permanecer por debajo de 40°C), y la persona presenta síntomas como sudoración copiosa, sed intensa, fatiga, mareos, náuseas y dolor de cabeza. Lo anterior se acompaña de debilidad generalizada y puede haber desmayo (síncope) sin que el estado mental se altere significativamente. Si el calor ambiental no cede o no se toman medidas, este cuadro puede progresar al más severo, el golpe de calor. En el golpe de calor la temperatura corporal interna rebasa los 40°C debido al fracaso agudo de la termorregulación, y esto provoca alteraciones neurológicas: confusión, comportamiento errático, inestabilidad al caminar, convulsiones e incluso coma.

Es frecuente que la piel deje de sudar y se torne seca y caliente. El golpe de calor es una emergencia médica que puede causar daño multiorgánico (afectación del cerebro, riñones, hígado, sistema de coagulación, etc.) y tiene una elevada tasa de mortalidad si no se trata de inmediato. De hecho, se estima que cuando ocurre un golpe de calor franco, la letalidad puede oscilar entre el 15% y el 25% de los casos a pesar de recibir atención médica adecuada.

Para ilustrar la gravedad del riesgo queda patente al observar que la OMS ha señalado a los golpes de calor como la primera causa de defunción relacionada con fenómenos climáticos extremos en el mundo. Es decir, las olas de calor provocan más muertes que cualquier otro desastre climático, principalmente a través de fallos multiorgánicos derivados de la hipertermia. Personas vulnerables (ancianos, niños pequeños, embarazadas y sujetos con enfermedades cardiovasculares o respiratorias previas) pueden sucumbir más rápidamente a estos efectos inmediatos del calor extremo. Un individuo sano típicamente tolera un aumento de hasta 3°C en su temperatura interna antes de que sus funciones se vean seriamente comprometidas, pero más allá de ese margen se disparan reacciones defensivas que, en entornos de calor agobiante, pueden derivar en los cuadros descritos.

P. ¿Qué enfermedades o trastornos crónicos pueden desarrollarse por la exposición prolongada al calor?

R. La evidencia muestra que la exposición repetida y prolongada a temperaturas elevadas no solo causa estragos agudos, sino que también puede contribuir al desarrollo o agravamiento de enfermedades crónicas a largo plazo. Un ejemplo preocupante es la relación entre calor ocupacional y daño renal crónico. Estudios en poblaciones laborales de regiones cálidas han identificado una forma de enfermedad renal crónica de origen no tradicional (no explicada por causas clásicas como diabetes o hipertensión) asociada al trabajo físico bajo calor extremo. En países de Centroamérica, por ejemplo, se ha descrito una “epidemia” de nefropatía en trabajadores agrícolas jóvenes expuestos a altas temperaturas, probablemente por la combinación de deshidratación recurrente y episodios repetidos de lesión renal aguda que, con el tiempo, derivan en daño renal permanente.

Este fenómeno –a veces llamado nefropatía mesoamericana– también se investiga en otras regiones cálidas (sur de Asia, Oriente Medio), y ha encendido las alarmas sobre el impacto renal del estrés térmico crónico. En línea con ello, organismos internacionales como la OIT advierten que el estrés por calor prolongado en el trabajo puede contribuir a enfermedades renales y cardiovasculares, e incluso a ciertos tipos de cáncer, al margen de agravar dolencias preexistentes.

En cuanto al sistema circulatorio, el calor crónico impone una sobrecarga al corazón y los vasos sanguíneos. La necesidad constante de bombear sangre hacia la piel para refrigeración, sumada a la deshidratación crónica que espesa la sangre y reduce el volumen circulante, puede favorecer el desarrollo de hipertensión y aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares (como infartos o arritmias) con el tiempo. Durante las olas de calor, se ha observado un incremento de la mortalidad por causas cardíacas en poblaciones vulnerables, atribuible a estos mecanismos de estrés fisiológico acumulado.

Además, el calor extremo sostenido puede dañar el endotelio de los vasos e inducir un estado proinflamatorio, factores que contribuyen a enfermedad aterotrombótica a largo plazo. Es decir, aunque el calor por sí mismo no “cree” una cardiopatía de la nada, sí puede acelerar y agravar procesos crónicos latentes en personas predispuestas.

Otro trastorno crónico claramente vinculado a la exposición prolongada al calor (especialmente al sol) es el cáncer de piel. Los trabajadores al aire libre acumulan una alta dosis de radiación ultravioleta a lo largo de los años, lo que eleva sustancialmente el riesgo de melanoma y otros tumores cutáneos. Según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) de España, la exposición ocupacional crónica al sol incrementa aproximadamente un 60% el riesgo de desarrollar cáncer de piel, y se estima que una de cada tres muertes por melanoma está relacionada con una historia de exposición laboral al sol. Esto pone de manifiesto la importancia de la protección solar en profesiones expuestas.

Por último, cabe mencionar el impacto en la salud mental. El estrés térmico crónico puede contribuir a trastornos como el insomnio crónico (por dificultades para dormir en entornos calurosos), la ansiedad e incluso la depresión, en parte debido a la alteración de los patrones de sueño y al malestar constante. Además, las altas temperaturas tienden a aumentar la irritabilidad, el estrés psicológico y la agresividad, lo que a largo plazo podría influir en trastornos del estado de ánimo. La OMS señala que el calor intenso prolongado puede agravar trastornos mentales preexistentes (por ejemplo, descompensaciones en pacientes con demencia, esquizofrenia o trastorno bipolar durante olas de calor).  Si bien no se dice que el calor cause por sí solo una enfermedad mental crónica “de novo”, sí actúa como un factor desencadenante o amplificador de síntomas que puede empeorar el curso de dichas enfermedades. En resumen, riñones, sistema cardiovascular, piel y cerebro/psique son órganos y ámbitos de salud que pueden sufrir consecuencias crónicas tras años de trabajo bajo altas temperaturas, especialmente sin medidas de protección adecuadas.

P. ¿Cómo afecta el calor extremo al rendimiento físico y mental?

R. El rendimiento laboral tanto físico como cognitivo se resiente notablemente con temperaturas ambientales extremas. En lo físico, el calor impone una carga adicional al organismo: aumenta la frecuencia cardíaca y el gasto energético dedicado a la refrigeración corporal, de modo que disminuye la capacidad de trabajo muscular. Los trabajadores se fatigan más rápido, ven reducida su resistencia física y su velocidad de trabajo, especialmente en tareas que requieren esfuerzo. El INSST describe que el calor excesivo incrementa el malestar general y la fatiga; además, reduce la destreza manual, afecta la coordinación motora fina y merma la fuerza muscular, aumentando la torpeza en la ejecución de tareas manuales. No es extraño entonces que bajo calor extremo aumenten los errores y se eleve el riesgo de lesiones: con la sudoración se pierden electrolitos que pueden causar calambres, y la deshidratación afecta los reflejos y el tiempo de reacción. De hecho, se ha observado que durante episodios de altas temperaturas crece la siniestralidad laboral: la distracción y la lentitud causadas por el calor contribuyen a más accidentes. La OMS advierte que el calor intenso reduce la productividad laboral y aumenta el riesgo de accidentes de trabajo. En España, entre 2020 y 2022, aproximadamente el 4% de los accidentes laborales mortales se atribuyeron directamente a temperaturas extremas, evidencia del impacto del calor en la seguridad ocupacional.

En cuanto al rendimiento mental, el calor afecta al cerebro y los procesos cognitivos de varias formas. La deshidratación y el malestar térmico provocan dificultad de concentración, pérdida de atención y disminución de la memoria a corto plazo. Las personas trabajando con calor pueden sentirse más somnolientas, irritables y con menor capacidad de tomar decisiones rápidas. El INSST indica que la exposición a altas temperaturas deteriora notablemente el rendimiento cognitivo, afectando la vigilancia, la capacidad de resolver problemas e incluso la visión (por fatiga visual). Tareas que requieren precisión o cálculo mental se hacen más difíciles y propensas a fallos. Este efecto no solo se observa en trabajadores manuales; estudios en entornos educativos muestran que durante las olas de calor el aprendizaje y el desempeño académico de estudiantes también empeoran, debido a la dificultad para mantener la atención en ambientes calurosos. La OMS señala que en situaciones de calor extremo resulta difícil tanto trabajar como aprender, al punto de que en olas de calor severas se ha llegado a cerrar escuelas y centros de trabajo porque las condiciones impedían un desempeño seguro y eficaz.

Las repercusiones en la productividad son cuantificables. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el estrés térmico debido al cambio climático podría ocasionar para 2030 una pérdida del 2,2% de las horas de trabajo a nivel mundial, equivalente a la reducción de alrededor de 80 millones de empleos a tiempo completo. Este impacto económico se debe a la merma de la capacidad física y mental de los trabajadores expuestos a calor, con disminución del rendimiento horario y necesidad de más pausas. Cabe destacar que los trabajos que implican esfuerzo al aire libre son los más afectados (ver siguiente pregunta), pero incluso labores de oficina en ambientes no climatizados se vuelven difíciles con temperaturas elevadas: con ~30 °C o más dentro de una sala, incluso tareas simples de escritorio pueden verse comprometidas por la somnolencia y la desconcentración. En resumen, el calor extremo disminuye la eficiencia del trabajador, aumenta la frecuencia de errores y accidentes, y en conjunto reduce tanto la productividad como la calidad del trabajo realizado. Proteger la salud del trabajador frente al calor no solo previene enfermedades, sino que mantiene su rendimiento óptimo y salva vidas al evitar accidentes.

P. ¿Qué medidas preventivas pueden implementar los trabajadores y empleadores para reducir el riesgo de golpes de calor?

R. La prevención del golpe de calor y demás patologías por calor en el trabajo requiere acciones tanto por parte de los empleadores (organización del trabajo y medidas de protección) como de los propios trabajadores (hábitos seguros). Algunas medidas preventivas clave recomendadas por los expertos (OMS, OIT, autoridades de salud laboral) son:

  • Planificación de la jornada y tareas: Siempre que sea posible, evitar el trabajo en las horas de calor más intenso (mediodía y primeras horas de la tarde en verano). Se recomienda programar las tareas de mayor esfuerzo físico para temprano en la mañana o al final de la tarde, cuando las temperaturas son más bajas. Igualmente, organizar turnos rotativos de modo que ningún trabajador permanezca expuesto al sol o a alta temperatura durante periodos prolongados; alternar trabajadores en las tareas más pesadas ayuda a limitar la acumulación de calor en cada individuo. En exteriores, establecer sombras portátiles o carpas donde realizar pausas puede marcar la diferencia.
  • Pausas frecuentes e hidratación: Incrementar la frecuencia de descansos durante la jornada de calor. Un criterio habitual es hacer pausas breves (5-15 minutos) cada hora de trabajo en ambiente caluroso, o incluso cada 45 minutos en condiciones extremas,  para permitir que el cuerpo se refresque. Durante estas pausas, es fundamental ubicarse en un lugar fresco o a la sombra y aprovechar para rehidratarse. Se debe beber agua fresca regularmente, incluso antes de tener sed, ya que la sed aparece cuando la deshidratación ya está en curso. Los expertos aconsejan beber pequeños sorbos de agua cada 15-20 minutos en trabajos intensos con calor, y al menos un vaso de agua cada 30 minutos en condiciones de calor moderado a intenso. También son útiles las bebidas con electrolitos (sales minerales) o añadir una pizca de sal y zumo a la agua, para reponer sodio y prevenir desequilibrios. Es responsabilidad del empleador proveer agua potable en cantidad suficiente cerca del puesto de trabajo y garantizar que los trabajadores puedan hacer uso de ella con libertad. Asimismo, se debe evitar el consumo de alcohol, cafeína o bebidas muy azucaradas durante la jornada, ya que favorecen la deshidratación.
  • Adaptación y aclimatación: Los trabajadores necesitan un periodo para acostumbrar su cuerpo al calor. Al ingresar a un trabajo en ambiente caluroso, o al comenzar la temporada veraniega, se debe implementar una aclimatación gradual de al menos 7 a 14 días. Esto implica exponer al trabajador progresivamente a las condiciones de calor: por ejemplo, el primer día tareas leves y pocas horas en calor, aumentando paulatinamente la duración e intensidad. La aclimatación permite mejoras fisiológicas (p. ej., sudor más eficiente, equilibrio electrolítico) que protegen frente al golpe de calor. Del mismo modo, tras cualquier ausencia prolongada (vacaciones, bajas) conviene que el trabajador retome la exposición al calor de forma escalonada y no abrupta. Los empleadores deben tener esto en cuenta al incorporar personal nuevo o reanudar faenas tras un parón.
  • Vestimenta y protección personal: Utilizar ropa adecuada puede ayudar a disipar el calor. Se recomienda llevar ropa ligera, holgada y de colores claros que facilite la transpiración. Los tejidos deben ser transpirables (algodón o técnicos diseñados para el calor) para permitir la evaporación del sudor. Además, en exteriores es indispensable usar sombrero o gorra de ala ancha que proteja del sol directo en la cabeza y cuello. También aplicarse protector solar de factor alto en la piel expuesta, para prevenir quemaduras solares que empeoran la capacidad de termorregulación. En trabajos que requieran Equipos de Protección Individual (EPI) como cascos o uniformes gruesos, es importante buscar alternativas o adaptaciones para clima cálido (por ejemplo, cascos con ventilación, ropa de trabajo de tejidos “tech” más frescos). Para ciertos entornos, existen chalecos refrigerantes o dispositivos de enfriamiento personal que pueden valorarse. Siempre que se pueda, incorporar ventiladores, extractores de aire o aire acondicionado en los lugares de trabajo interiores calurosos (talleres, cocinas, fábricas), o al menos ventilación natural cruzada, ayuda a mantener la temperatura ambiente por debajo de niveles peligrosos.
  • Organización del trabajo segura: El empleador debe verificar las condiciones meteorológicas diariamente y planificar la actividad en función de ellas. Si se prevé una ola de calor o temperaturas por encima de umbrales de riesgo, se pueden reprogramar labores para días/u horas más benignas, reducir la jornada laboral en las horas críticas o incluso suspender temporalmente la actividad si el riesgo es extremo (muchos países activan protocolos de “alerta por calor” en los que se aconseja limitar trabajos al aire libre cuando se superan ciertos índices de temperatura/humedad). También se debe limitar la carga de trabajo físico: por ejemplo, usando maquinaria o ayudas mecánicas en vez de trabajo manual pesado cuando el calor es elevado. Otra medida es fomentar el trabajo en pareja o en equipo, de modo que los trabajadores se vigilen mutuamente; el llamado “buddy system” permite que, si alguien muestra síntomas de golpe de calor (confusión, desmayo), su compañero lo detecte de inmediato y se inicien los primeros auxilios sin demora.
  • Formación y vigilancia de la salud: Tanto empleadores como trabajadores deben estar informados sobre los signos de alerta del golpe de calor y demás trastornos por calor. Es recomendable impartir capacitaciones periódicas sobre prevención de riesgos por altas temperaturas, incluyendo cómo reconocer síntomas tempranos (calambres, agotamiento, alteración del estado mental) y cómo actuar. Los trabajadores deben conocer la importancia de comunicar si se sienten mareados o muy débiles antes de que su estado progrese a algo grave. Los supervisores, por su parte, deben monitorizar activamente a su personal en días de mucho calor, buscando señales de agotamiento. Disponer de un plan de primeros auxilios es vital: por ejemplo, saber que ante un golpe de calor se debe trasladar al afectado a la sombra, tumbarlo con las piernas elevadas, enfriarlo mojándole la piel con agua o aplicando paños fríos en axilas e ingles, y llamar urgentemente a los servicios médicos. Asimismo, las empresas deberían realizar vigilancia de la salud enfocada al calor: controles médicos periódicos que incluyan valoración cardiovascular, de hidratación y función renal en trabajadores expuestos, para detectar a tiempo cualquier deterioro.

En síntesis, la prevención del golpe de calor en el trabajo es multidimensional. Implica adaptar el entorno (sombra, ventilación), la organización (horarios, pausas), el individuo (hidratación, ropa, salud) y la capacitación. Organismos como la OMS y la OIT enfatizan que la mayoría de los problemas de salud por calor se pueden prevenir con medidas sencillas pero estrictamente aplicadas. La inversión en prevención redunda en menos ausencias por enfermedad, mayor productividad y, sobre todo, en proteger la vida y la salud de los trabajadores frente a un riesgo climático cada vez más frecuente.

P. ¿Cuáles son los sectores o profesiones más expuestos a altas temperaturas?

R. En términos generales, los trabajos al aire libre y aquellos que implican ambientes calurosos son los que conllevan mayor riesgo. De forma detallada [siéntete libre para resumir si es preciso] entre ellos, destacan:

  • Agricultura y ganadería: Los jornaleros, campesinos y demás trabajadores agrícolas enfrentan jornadas bajo el sol, a menudo en verano y en zonas de clima cálido, lo que los sitúa en primera línea de exposición. De hecho, a nivel global se estima que la agricultura es el sector más afectado por el estrés térmico en términos de horas de trabajo perdidas por calor. En cultivos de verano (viticultores, recolectores de fruta, trabajadores de invernaderos), las temperaturas pueden ser extremas. También ganaderos, pastores y otros oficios rurales sufren este riesgo.
  • Construcción y obras públicas: Albañiles, peones de obra, asfaltadores de carreteras, obreros de la construcción civil… realizan esfuerzos físicos intensos muchas veces a cielo abierto. En España, este es uno de los sectores identificados como prioritarios en las campañas preventivas estivales del Ministerio de Trabajo. Las superficies de asfalto o metal pueden irradiar aún más calor, aumentando la carga térmica. Asimismo, trabajos de mantenimiento urbano (peones de mantenimiento, pintores de vías públicas) entran en esta categoría. Según el INSST, las labores al aire libre como construcción y agricultura son especialmente peligrosas en días de calor extremo.
  • Obras de infraestructuras y reparaciones de emergencia: Personal que repara tendidos eléctricos, tuberías o realiza rescates y trabajos de emergencia tras desastres, a menudo debe trabajar bajo el sol o en calor sofocante, sin poder elegir el horario debido a la urgencia. Esto incluye a cuadrillas de compañías eléctricas restableciendo servicio en olas de calor, técnicos arreglando averías en carretera, etc.
  • Limpieza viaria y recolección de residuos: Barrenderos, personal de limpieza de calles y recogedores de basura trabajan al aire libre y además manejan contenedores o equipo pesado, lo que genera esfuerzo bajo altas temperaturas. La recogida de residuos, en particular, ha sido citada por la OIT como una de las ocupaciones de mayor riesgo térmico por la combinación de trabajo físico y exposición al clima.
  • Transporte y logística en exteriores: Conductores de vehículos pesados (camioneros, transportistas) sin cabina climatizada, conductores de maquinaria agrícola o de obras, y repartidores en bicicleta o moto se incluyen entre los expuestos. Pasar muchas horas en la cabina de un camión sin aire acondicionado, con sol directo, puede elevar la temperatura interna del habitáculo peligrosamente. También los estibadores portuarios, trabajadores de aeropuertos en pista y otros roles logísticos al aire libre están en constante riesgo bajo el sol.
  • Trabajadores forestales y de medio ambiente: Guardabosques, bomberos forestales, brigadistas que combaten incendios, peones forestales, todos ellos realizan labores físicas en entornos donde la temperatura puede ser muy alta, especialmente en verano. Además del calor ambiental, en incendios forestales el calor radiante del fuego y el uso de equipos de protección incrementan la carga térmica sobre estos trabajadores.
  • Sector industrial con calor radiante: No solo el trabajo al sol es problemático. Ciertas industrias generan ambientes interiores muy calurosos durante todo el año. Por ejemplo, en la metalurgia y siderurgia (fundiciones de metal, acerías), en la industria del vidrio o cerámica (hornos a altas temperaturas), en fábricas de ladrillos o cementeras, los trabajadores pueden estar expuestos a fuentes de calor intenso. También cocinas industriales, panaderías y lavanderías industriales suelen tener temperaturas elevadas. Aunque estén bajo techo, si la ventilación o climatización es insuficiente, las condiciones térmicas pueden ser tan severas como las del exterior en verano. Estos trabajadores de interiores calurosos requieren similares precauciones, y muchas veces las empresas implementan rotación de puestos para minimizar el tiempo continuo cerca de hornos o maquinaria caliente.
  • Sector servicios al aire libre: Aquí entran profesiones como vigilantes de seguridad en accesos exteriores, trabajadores de mercados ambulantes o ferias, instructores deportivos en exteriores (p. ej., monitores de campamentos de verano) y personal de eventos al aire libre (conciertos, obras). También guías turísticos que realizan recorridos a pie en ciudades bajo ola de calor pueden verse afectados. El sector turismo en general (playas, parques temáticos, piscinas al aire libre) implica a socorristas, animadores y camareros en terrazas, quienes pueden acumular muchas horas de calor.
  • Deportes y actividad física intensa bajo el sol: Aunque no sean siempre considerados “trabajadores” en sentido tradicional, atletas profesionales, futbolistas, tenistas y personal de apoyo (entrenadores, árbitros) que desempeñan su labor bajo altas temperaturas corren peligro de golpes de calor. Lo mismo aplica a personal militar en entrenamiento al sol o policías en controles de tráfico estivales.
  • Servicios de emergencia y fuerzas del orden: Bomberos (en incendios urbanos con altas temperaturas ambientales más el calor del fuego), policías dirigiendo el tráfico bajo el sol, personal de protección civil en operativos de ola de calor, etc., también están expuestos. En particular, los bomberos visten equipos de protección que retienen calor, y pueden sufrir estrés térmico tanto en incendios como en trabajos de rescate bajo el sol.

En resumen, los sectores más expuestos son aquellos que combinan esfuerzo físico + calor ambiental o industrial. La agricultura y la construcción son paradigmáticos (y en España han sido objeto de atención prioritaria en los planes de prevención de riesgos veraniegos), pero no los únicos. Cualquier profesión que se realice a la intemperie en verano –o en entornos interiores mal climatizados con fuentes de calor– conlleva riesgo. Por ello, desde organismos internacionales se insiste en identificar estas profesiones de alto riesgo y adaptar las condiciones laborales para mitigar el efecto del calor. La ECDC (agencia europea de salud) y la OMS Europa señalan que los trabajadores al aire libre constituyen un grupo vulnerable frente a las olas de calor, al igual que lo son los ancianos o los enfermos crónicos. Consecuentemente, varios países de la UE ya cuentan con planes de acción específicos para proteger a estos trabajadores durante los episodios de calor extremo, reduciendo horarios, emitiendo alertas tempranas y reforzando la inspección laboral en sectores críticos. Identificar y proteger a las profesiones más expuestas es clave para prevenir tragedias y enfermedades derivadas del cambio climático en el ámbito laboral.


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