Identifican un mecanismo genético que acelera la evolución de la multirresistencia en hospitales

El CSIC y la UAM revelan que los plásmidos no solo transportan genes de defensa, sino que actúan como aceleradores evolutivos al inactivar genes bacterianos, comprometiendo la eficacia de los antibióticos de último recurso en entornos hospitalarios

La resistencia a los antibióticos se ha consolidado como una de las amenazas más críticas para la salud pública mundial en el siglo XXI. Hasta la fecha, el conocimiento científico convencional describía a los plásmidos, pequeñas moléculas de ADN circular que viven fuera del cromosoma bacteriano,como meros «vehículos» de transporte.

Se sabía que estas moléculas podían portar genes de resistencia y transferirse de una bacteria a otra con suma facilidad, extendiendo las defensas contra los fármacos. Sin embargo, una investigación pionera coliderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha revelado un mecanismo mucho más activo, complejo y peligroso de lo que se sospechaba hasta ahora.

El plásmido pOXA-48: de «mensajero» a «saboteador» genético

El estudio, cuyos resultados acaban de ver la luz en la prestigiosa revista Nature Microbiology, se ha centrado en el análisis exhaustivo del plásmido pOXA-48. Este elemento genético es de una relevancia clínica extraordinaria, ya que está estrechamente asociado a la resistencia frente a los carbapenémicos, una familia de antibióticos que los médicos reservan como último recurso para tratar infecciones graves en el ámbito hospitalario.

La investigación, dirigida por los laboratorios de Álvaro San Millán en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y de Alfonso Santos-López en la UAM, en colaboración con el equipo de Ayari Fuentes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha descubierto que el papel de pOXA-48 va mucho más allá de la simple entrega de genes. Según los hallazgos, este plásmido actúa como un catalizador que acelera la aparición de nuevas resistencias mediante la inactivación de genes propios de la bacteria.

El mecanismo clave reside en las llamadas secuencias de inserción (IS). Se trata de diminutos fragmentos de ADN con la capacidad intrínseca de «saltar» y moverse de forma autónoma dentro del genoma. En el caso concreto de pOXA-48, los científicos identificaron que este plásmido transporta dos copias de una secuencia específica denominada IS1.

El «salto» que anula los antibióticos de último recurso

Lo que hace que este descubrimiento sea tan alarmante es la capacidad de la secuencia IS1 para saltar desde el plásmido pOXA-48 e insertarse directamente en el cromosoma de la bacteria huésped. Al «aterrizar» en el genoma bacteriano, esta secuencia interrumpe e inactiva genes esenciales que la bacteria necesita para que el antibiótico sea efectivo.

«Durante la investigación hemos identificado que estas secuencias pueden facilitar la aparición de nuevos fenotipos de resistencia, es decir, distintas maneras en que la bacteria deja de ser sensible a los antibióticos», explica el investigador Álvaro San Millán. Este fenómeno permite que patógenos extremadamente comunes en entornos sanitarios, como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, se vuelvan inmunes a tratamientos que antes eran eficaces.

Ensayos clínicos: resistencia múltiple en un solo paso

Para validar esta teoría, el equipo de investigación llevó a cabo rigurosos ensayos de laboratorio utilizando cepas clínicas de Klebsiella pneumoniae. Los resultados fueron reveladores: las bacterias que portaban el plásmido pOXA-48 desarrollaban resistencia a la colistina, otro antibiótico de último recurso, con una frecuencia significativamente mayor que aquellas que carecían del plásmido.

La prueba definitiva llegó cuando los investigadores eliminaron las secuencias IS1 del plásmido: en ese momento, el efecto de aceleración de la resistencia desapareció por completo.

Alfonso Santos-López, colíder del proyecto

El análisis genómico posterior, detallado por el investigador Jorge Sastre-Domínguez, confirmó que muchas de estas bacterias resistentes habían sufrido la inactivación del gen mgrB, clave en la sensibilidad a la colistina, debido precisamente a la inserción de la secuencia IS1. Pero el daño no se detuvo ahí: el mismo mecanismo de sabotaje genético favoreció la aparición de defensas contra otros fármacos como la ciprofloxacina, el cloranfenicol y la kanamicina, al interrumpir genes que controlan la permeabilidad de la membrana o los sistemas de expulsión de la bacteria.

Big Data y modelos computacionales

La ambición de este estudio no se limitó al laboratorio. Para comprobar si este mecanismo de «resistencia por inactivación» era una anomalía experimental o una tendencia global, los científicos analizaron una base de datos masiva de más de 50.000 genomas bacterianos públicos.

Los resultados del análisis de Big Data fueron contundentes: la inactivación de genes asociados a la sensibilidad mediante elementos IS es un mecanismo frecuente y extendido en la naturaleza, particularmente en aquellas bacterias que causan infecciones en hospitales.

Paloma Rodera-Fernández, investigadora del CSIC

Finalmente, el estudio se apoyó en un modelo computacional avanzado desarrollado en la UNAM. Estas simulaciones permitieron observar cómo los plásmidos se propagan dentro de comunidades bacterianas bajo la presión constante de los antibióticos. El modelo demostró que, a medida que el plásmido coloniza una población, las mutaciones mediadas por el movimiento de las IS se vuelven predominantes, acelerando drásticamente la evolución de la resistencia en todo el ecosistema bacteriano.

Implicaciones para el futuro de la sanidad

Este descubrimiento tiene implicaciones clínicas y de política sanitaria inmediatas. En un escenario donde las opciones terapéuticas son cada vez más escasas, entender que los plásmidos funcionan como «aceleradores genéticos» obliga a replantear las estrategias de defensa.

Según los autores del estudio, este nuevo conocimiento debe servir para:

  • Reforzar la vigilancia genómica. No basta con saber qué bacterias están presentes en un hospital; es vital monitorizar qué plásmidos y qué secuencias de inserción portan.
  • Anticipación de brotes. Comprender estos mecanismos de «salto genético» permitirá a los sistemas de salud anticipar la aparición de nuevas resistencias antes de que se propaguen de forma incontrolada.
  • Nuevas dianas terapéuticas. El hallazgo abre la puerta a investigar cómo bloquear estos elementos móviles para «frenar» la velocidad a la que evolucionan las superbacterias.

El trabajo, que ha contado con la participación de investigadores de diversas instituciones españolas y mexicanas, se posiciona como una pieza fundamental en el rompecabezas de la microbiología moderna, recordando que la batalla contra la resistencia antimicrobiana requiere de una ciencia cada vez más profunda y colaborativa.


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