Un reciente estudio publicado en JAMA Network Open y respaldado por investigadores de Harvard y el Hospital General de Massachusetts ha revelado que la forma en que se mide la obesidad podría cambiar drásticamente la manera en que se diagnostica y se aborda esta enfermedad. Tradicionalmente basada únicamente en el índice de masa corporal (IMC), la obesidad podría aumentar en prevalencia hasta un 70% en Estados Unidos si se incorporan medidas antropométricas que reflejan la distribución de la grasa corporal.
El análisis, realizado sobre más de 300.000 adultos participantes en la cohorte All of Us de los Institutos Nacionales de EE.UU., mostró que la prevalencia de obesidad, medida únicamente con el IMC, era del 42,9%. Sin embargo, al aplicar la nueva definición, que combina IMC y otras medidas corporales como la circunferencia de cintura o la relación cintura-altura, la prevalencia subió al 68,6%. -esta diferencia se explica por la inclusión de personas con «obesidad solo antropométrica», es decir, individuos que no superan el umbral de obesidad según el IMC, pero que presentan altos valores en otras medidas de adiposidad.
Diferencias en el riesgo de enfermedad
«Ya pensábamos que teníamos una epidemia de obesidad, pero esto es asombroso», declaró Lindsay Fourman, endocrinóloga del Hospital General de Massachusetts y coautora del estudio. «Con un 70 % de la población adulta con sobrepeso, necesitamos comprender mejor qué enfoques terapéuticos priorizar».
El estudio no solo cuantifica la prevalencia, sino que también revela diferencias en el riesgo de enfermedad. Los participantes con obesidad clínica —definida por deterioro físico o disfunción orgánica asociada— mostraron un riesgo significativamente mayor de diabetes, eventos cardiovasculares y mortalidad en comparación con aquellos sin obesidad. No obstante, quienes presentaban obesidad solo antropométrica también mostraron riesgos elevados, aunque en menor grado. Esto sugiere que estas personas, que hasta ahora podrían no haber sido consideradas obesas, requieren atención médica y estrategias preventivas específicas.
«Identificar el exceso de grasa corporal es fundamental, ya que estamos descubriendo que incluso las personas con un IMC normal, pero con acumulación de grasa abdominal, tienen un mayor riesgo de salud», añadió Fourman. «La composición corporal importa; no se trata solo de los kilos de la báscula».
Situación en España
Estos hallazgos van en consonancia con la Guía GIRO, elaborada por 38 sociedades científicas españolas y 12 asociaciones de pacientes. La guía propone un cambio de paradigma en el manejo de la obesidad, reconociéndola como una enfermedad crónica y multifactorial que requiere un abordaje integral a corto, medio y largo plazo. Entre sus recomendaciones, la guía subraya la necesidad de ir más allá del IMC, incluyendo indicadores de salud que reflejen la adiposidad, la distribución de la grasa y la funcionalidad del tejido adiposo.
La guía también destaca las limitaciones del IMC como único criterio de diagnóstico: no distingue entre masa muscular y grasa, no refleja la distribución de la grasa corporal ni su impacto funcional, y no considera diferencias por sexo, edad o etnia. Por ello, tanto la OMS como la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO) proponen combinar el IMC con medidas como la circunferencia de cintura o la relación cintura-altura, indicadores más precisos del riesgo cardiometabólico.
«El IMC sigue siendo una herramienta sencilla y reproducible, pero no es suficiente para reflejar el riesgo real asociado a la obesidad», indica la guía. «Evaluar la adiposidad abdominal y otras medidas antropométricas permite identificar a personas con riesgo elevado que podrían pasar desapercibidas si solo se considera el IMC».
En este sentido, el estudio publicado en JAMA clasifica la obesidad bajo dos nuevas categorías:
- Obesidad IMC más antropométrica: individuos con IMC elevado y al menos una medida antropométrica elevada.
- Obesidad solo antropométrica: individuos con IMC normal, pero al menos dos medidas antropométricas elevadas.
Además, distingue entre obesidad preclínica y obesidad clínica, según la presencia de disfunción orgánica o limitación física. Este enfoque permite estratificar el riesgo y orientar mejor las intervenciones médicas y de salud pública. Por ejemplo, la obesidad clínica confiere un riesgo 6 veces mayor de desarrollar diabetes y casi 6 veces mayor de sufrir eventos cardiovasculares en comparación con personas sin obesidad, según los cocientes de riesgos ajustados del estudio.
Steven Grinspoon, autor principal del estudio y profesor de medicina en Harvard, señaló: «Observar un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes en este nuevo grupo de personas con obesidad, que antes no se consideraban obesas, plantea preguntas interesantes sobre los medicamentos para la obesidad y otras terapias». Los investigadores enfatizan que se necesitan estudios adicionales para determinar las causas y estrategias de tratamiento más efectivas para la obesidad exclusivamente antropométrica.
El cambio hacia un enfoque más integral también busca reducir el estigma social asociado a la obesidad. Al utilizar términos clínicos como Enfermedad Crónica Basada en la Adiposidad (ABCD, por sus siglas en inglés), se promueve la comprensión de la obesidad como un problema de salud complejo y no como un fallo moral o personal del individuo.
La combinación de evidencia científica, datos poblacionales y guías clínicas como GIRO refuerzan la necesidad de actualizar los criterios diagnósticos y adaptar la práctica clínica. Este nuevo marco tiene implicaciones directas para la prevención, el manejo de la enfermedad y la elaboración de políticas de salud pública, permitiendo identificar a más personas en riesgo y optimizar la atención a largo plazo.