La obesidad en adultos no solo aumenta el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer, sino que también se asocia de forma clara con un mayor riesgo de hospitalización y muerte por un amplio abanico de enfermedades infecciosas. Así lo concluye un amplio estudio multicohorte publicado en The Lancet, que estima que aproximadamente una de cada diez muertes relacionadas con infecciones en todo el mundo podría atribuirse a la obesidad.
El trabajo, uno de los más exhaustivos realizados hasta la fecha sobre esta cuestión, analizó la relación entre el exceso de peso y 925 enfermedades infecciosas distintas —bacterianas, víricas, parasitarias y fúngicas—, incluyendo tanto infecciones agudas como crónicas y resultados no mortales y mortales. Los autores subrayan que se trata de un factor de riesgo prevenible cuya relevancia para la salud pública ha sido infravalorada hasta ahora.
Más de medio millón de personas analizadas
El análisis combinó datos de dos grandes cohortes finlandesas y del Biobanco del Reino Unido, lo que permitió seguir a más de 540.000 adultos durante varios años. En concreto, se incluyeron 67.766 participantes de Finlandia, con una edad media de 42 años, y 479.498 del Reino Unido, con una edad media de 57 años. Ninguno de ellos había sido hospitalizado recientemente por infecciones al inicio del seguimiento.
Los investigadores clasificaron a los participantes según su índice de masa corporal (IMC): peso saludable, sobrepeso y obesidad (dividida en clases I,II y III). A lo largo del seguimiento, se registraron más de 90.000 episodios de infecciones graves que requirieron hospitalización o causaron la muerte.
Los resultados muestran una relación clara y consistente entre obesidad y riesgo de infección grave. En comparación con las personas con peso saludable, aquellas con obesidad presentaron un riesgo un 70% mayor de sufrir una infección grave. Este riesgo aumentó de forma progresiva con el grado de obesidad.
Casi el triple de riesgo en los casos más graves
Las personas con obesidad de clase III (IMC igual o superior a 40 kg/m²) fueron el grupo más vulnerable. En este subgrupo, el riesgo de ingreso hospitalario por infección fue casi tres veces mayor que en las personas con peso saludable, tanto en las cohortes finlandesas como en el Biobanco del Reino Unido. El riesgo de muerte por causas infecciosas también fue aproximadamente tres veces superior.
Esta asociación se mantuvo independientemente del tipo de infección, el patógeno implicado o las características demográficas y clínicas de los participantes. El mayor riesgo se observó en infecciones bacterianas y víricas, incluidas las respiratorias y las infecciones de piel y tejidos blandos, pero también se extendió a infecciones parasitarias y fúngicas.
Además, los resultados fueron consistentes al utilizar distintas medidas de adiposidad, como el perímetro de cintura o el índice cintura-talla, lo que refuerza la solidez de los hallazgos.
Para estimar el impacto a escala mundial, los autores combinaron los riesgos observados en las cohortes con datos del Estudio de la Carga Global de Enfermedades sobre prevalencia de obesidad y mortalidad por infecciones. Según estas estimaciones, el 8,6% de las muertes relacionadas con infecciones en 2018 podrían atribuirse a la obesidad. Esta cifra aumentó al 15% en 2021, en plena pandemia de COVID-19, y descendió al 10,8% en 2023.
«El aumento durante la pandemia refuerza la idea de que la obesidad incrementa la vulnerabilidad frente a infecciones graves», señalan los autores. Estudios previos ya habían mostrado que las personas con obesidad tenían mayor riesgo de hospitalización y muerte por COVID-19, pero este trabajo amplía la evidencia a prácticamente todo el espectro de enfermedades infecciosas graves.
¿Por qué aumenta el riesgo?
Los investigadores apuntan a varios mecanismos biológicos que podrían explicar esta asociación. La obesidad se caracteriza por alteraciones metabólicas e inmunológicas, como inflamación crónica de bajo grado, resistencia a la insulina e hiperglucemia, que pueden favorecer la proliferación de patógenos y deteriorar la respuesta inmunitaria.
También se ha descrito una función reducida de células clave del sistema inmunitario, como las células T y las células NK, así como alteraciones en la función de los neutrófilos y en la señalización del complemento. Todo ello puede comprometer la capacidad del organismo para combatir infecciones y empeorar su evolución una vez que se producen.
El estudio identificó dos excepciones destacables: el VIH y la tuberculosis. En ambos casos, la obesidad no se asoció a un mayor riesgo, probablemente debido a fenómenos de causalidad inversa, ya que el bajo peso y la pérdida ponderal son factores clave en la progresión de estas enfermedades.
Por otro lado, los análisis de medidas repetidas mostraron que el aumento de peso a lo largo del tiempo se asocia con un incremento del riesgo de infección, mientras que la pérdida de peso en personas con obesidad se relaciona con una reducción modesta de dicho riesgo.
Implicaciones para la salud pública
Aunque se trata de un estudio observacional y no permite establecer causalidad de forma definitiva, los autores destacan que los resultados son coherentes con la evidencia procedente de ensayos clínicos. En el ensayo SELECT, por ejemplo, el tratamiento con semaglutida en personas con sobrepeso u obesidad se asoció con una reducción de la mortalidad, en parte debido a menos muertes relacionadas con infecciones.
A la luz de estos datos, los investigadores reclaman que la obesidad reciba mayor atención en las estrategias de prevención de enfermedades infecciosas. «La prevención de la obesidad, las intervenciones eficaces para la pérdida de peso y la integración de este factor de riesgo en los programas de vacunación podrían contribuir a reducir de forma sustancial la carga mundial de infecciones graves», concluyeron en el trabajo.
En un contexto en el que ningún país ha logrado revertir el aumento de la obesidad en adultos y en el que las enfermedades infecciosas siguen siendo una causa importante de mortalidad, este estudio pone sobre la mesa la necesidad de abordar ambos problemas de forma conjunta.