La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre el riesgo de expansión regional del actual brote de enfermedad por virus del Ébola causado por la variante Bundibugyo en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, un escenario marcado por la transmisión en zonas urbanas, la circulación del virus en contextos de conflicto armado y la ausencia de vacunas o tratamientos aprobados específicos frente a esta cepa.
Durante una rueda de prensa celebrada en Ginebra tras la reunión del Comité de Emergencias del Reglamento Sanitario Internacional, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en que la situación requiere una respuesta urgente y coordinada a nivel internacional, aunque precisó que el organismo mantiene el riesgo global como «bajo». «Hay varios factores que justifican una seria preocupación por el potencial de mayor propagación y enfermedad», señaló Tedros.

Hasta el momento, la OMS ha confirmado 51 casos en las provincias congoleñas de Ituri y Kivu del Norte. Además, ya se han detectado infecciones en Kampala, capital de Uganda, incluido un fallecimiento asociado a dos personas que viajaron desde RDC. También se notificó el contagio de un ciudadano estadounidense que trabajaba en territorio congoleño y que fue trasladado posteriormente a Alemania.
Sin embargo, la OMS considera que el impacto real del brote podría ser mucho mayor. «Hay casi 600 casos sospechosos y 139 muertes sospechosas», alertó Tedros, quien añadió que es probable que el virus llevara circulando «varios meses» antes de su detección oficial.
Un brote de ébola condicionado por la violencia y los desplazamientos
Uno de los principales motivos de preocupación para la OMS es el contexto humanitario y de seguridad en el este de RDC, especialmente en la provincia de Ituri, donde se concentra buena parte de los casos. «El conflicto se ha intensificado desde finales de 2025 y la violencia ha escalado significativamente en los dos últimos meses», explicó Tedros. Según detalló, más de 100.000 personas han sido desplazadas recientemente, una situación que dificulta tanto la vigilancia epidemiológica como el acceso sanitario.

El director general recordó además que Ituri es una importante zona minera con elevada movilidad poblacional, lo que incrementa el riesgo de transmisión transfronteriza.
La presidenta del Comité de Emergencias de la OMS, la profesora Lucille Blumberg, destacó que el brote presenta características especialmente complejas. «La escala del brote, la cepa menos común Bundibugyo, la crisis humanitaria, los desafíos de seguridad y la proximidad con múltiples fronteras fueron factores altamente considerados», afirmó.
Asimismo, la especialista subrayó la importancia de mantener operativos otros programas sanitarios esenciales, como tuberculosis, malaria o salud maternoinfantil, en medio de la emergencia por ébola.
Casos entre sanitarios y expansión urbana
La OMS confirmó además que se han detectado contagios entre profesionales sanitarios, lo que apunta a transmisión asociada a la atención médica. A ello se suma la expansión del brote hacia áreas urbanas. «La epidemia se ha extendido y hay casos reportados en varias zonas urbanas», añadió Tedros.
Las autoridades sanitarias internacionales consideran prioritario reforzar las medidas clásicas de control del ébola, como el rastreo de contactos, el aislamiento precoz y la prevención de infecciones en centros sanitarios.
«El rastreo de contactos, el control de infecciones y la protección de trabajadores sanitarios y familias es absolutamente fundamental», insistió Blumberg.
Sin vacunas aprobadas frente a la cepa Bundibugyo

A diferencia de otros brotes recientes causados por la especie Zaire del virus del Ébola, el actual episodio está provocado por la variante Bundibugyo, identificada por primera vez en Uganda en 2007 y frente a la cual no existen todavía vacunas autorizadas ni terapias específicas aprobadas.
El responsable interino del programa de investigación y desarrollo de la OMS, Vasee Moorthy, explicó que actualmente hay varios candidatos vacunales en desarrollo, aunque ninguno puede utilizarse todavía de forma inmediata. «Hay una vacuna específica para Bundibugyo basada en la plataforma VSV, pero no hay dosis disponibles actualmente para ensayos clínicos», indicó.

Según detalló, esta opción podría tardar entre seis y nueve meses en estar disponible. Paralelamente, otra candidata —similar a la utilizada por AstraZeneca frente a la COVID-19— podría entrar en ensayos en un plazo de dos a tres meses, aunque todavía existen incertidumbres sobre su eficacia.
Mientras tanto, la OMS está centrando sus esfuerzos en fortalecer la capacidad asistencial sobre el terreno. «Debemos establecer centros de tratamiento seguros y rutas adecuadas de derivación de pacientes», explicó Anaïs Legand, técnica especialista en patógenos de alta amenaza de la OMS.
La OMS rechaza restricciones generalizadas de viaje

Durante la comparecencia, responsables de la OMS respondieron también a las restricciones de viaje anunciadas por algunos países, entre ellos Estados Unidos. El director de operaciones de emergencia de la OMS, Abdirahman Mahamud, defendió que las medidas más eficaces siguen siendo el rastreo de contactos y el control en puntos de salida. «Lo que funciona es el rastreo de contactos, el monitoreo, el aislamiento y la derivación inmediata», afirmó.
Por su parte, Blumberg recordó que el ébola «no se transmite por el aire ni por contacto casual», sino únicamente mediante contacto directo con sangre o fluidos corporales de personas infectadas.
La OMS también defendió la actuación de las autoridades congoleñas frente a las críticas sobre una supuesta detección tardía del brote. Tedros insistió en que la vigilancia epidemiológica en una región afectada por conflicto armado y desplazamientos masivos presenta enormes dificultades operativas. «No es tan simple. Hay conflicto, inseguridad y problemas de acceso que afectan a todo el sistema de vigilancia», señaló.
Además, recordó que los síntomas iniciales del ébola Bundibugyo pueden confundirse fácilmente con enfermedades endémicas como malaria o fiebre tifoidea, lo que complica el diagnóstico precoz.
Ante este escenario, la OMS ha movilizado personal, suministros y financiación adicional para contener el brote y evitar una mayor propagación regional.