Prevenir pandemias desde su origen: desarrollan un sistema para vacunar murciélagos en libertad

Un estudio muestra que el uso de vectores biológicos y administración oral plantea una solución escalable para enfermedades como la rabia o el virus Nipah

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Los murciélagos, responsables de aproximadamente el 22% de todas las especies de mamíferos, ocupan un lugar clave en la ecología de las enfermedades infecciosas. Su capacidad para albergar virus sin desarrollar síntomas los convierte en reservorios naturales de patógenos con alto potencial zoonótico, incluidos coronavirus, virus de la rabia o el virus Nipah. Ahora, una investigación publicada en Science Advances plantea un enfoque innovador para intervenir directamente en este reservorio: vacunar a los murciélagos en la naturaleza utilizando mosquitos como vectores y trampas salinas como sistema de administración oral.

El estudio propone una solución a uno de los mayores desafíos de la salud global: cómo reducir el riesgo de transmisión zoonótica en su origen sin alterar los ecosistemas ni recurrir a medidas contraproducentes, como el sacrificio masivo de animales. En este sentido, los autores desarrollan una plataforma de vacunación basada en el virus de la estomatitis vesicular recombinante (rVSV), capaz de inducir inmunidad frente a patógenos como el virus de la rabia y el virus Nipah.

Una necesidad urgente tras décadas de brotes

En las últimas décadas, los virus asociados a murciélagos han estado detrás de brotes de gran impacto sanitario, como el SARS, el MERS, el ébola o la COVID-19. Aunque las estrategias de control se han centrado tradicionalmente en evitar el contacto entre animales y humanos o en actuar sobre huéspedes intermedios, los reservorios naturales han permanecido fuera del alcance de las intervenciones.

La vacunación de murciélagos salvajes se perfila como una alternativa prometedora, pero hasta ahora ha sido inviable a gran escala. Los métodos convencionales —inyecciones, cebos orales o aplicaciones tópicas— resultan impracticables debido a la amplia distribución geográfica de estos animales, su comportamiento y el tamaño de sus colonias.

Además, las experiencias previas han sido limitadas. Las vacunas experimentales frente a la rabia, por ejemplo, no han logrado trasladarse con éxito a poblaciones silvestres. Por otro lado, medidas como el sacrificio selectivo, utilizadas en algunos países, han demostrado incluso aumentar la transmisión al alterar la dinámica de las colonias.

Mosquitos como aliados inesperados

La principal innovación del estudio radica en aprovechar las interacciones ecológicas naturales entre murciélagos y mosquitos. Estos insectos no solo forman parte de la dieta de muchas especies de murciélagos insectívoros, sino que también se alimentan de su sangre, lo que los convierte en un puente biológico bidireccional.

Los investigadores utilizaron mosquitos modificados para portar la vacuna basada en rVSV. Una vez liberados en el entorno, estos insectos pueden transmitir la vacuna a los murciélagos tanto a través de la picadura como mediante su ingestión.

Este enfoque se apoya en tecnologías ya existentes para la producción masiva y liberación de mosquitos en programas de control de enfermedades, lo que facilitaría su escalabilidad. Además, los experimentos confirmaron la presencia del virus vacunal en distintos tejidos de los mosquitos, incluidas las glándulas salivales, lo que respalda su capacidad de transmisión.

Trampas salinas

De forma complementaria, el estudio introduce un segundo método: la vacunación oral mediante trampas salinas. Los murciélagos presentan limitaciones de sodio en su dieta y buscan activamente fuentes minerales.

Aprovechando este comportamiento, los investigadores diseñaron un sistema compuesto por depósitos de solución salina impregnada con la vacuna y un generador de niebla salina que actúa como atrayente. Las pruebas de campo demostraron que los murciélagos eran capaces de detectar estas fuentes incluso en ambientes húmedos, como cuevas, y acudían a ellas para beber.

Este método ofrece una vía adicional de inmunización que podría aplicarse tanto a especies insectívoras como frugívoras, ampliando el alcance de la estrategia.

Los ensayos realizados en roedores y murciélagos demostraron que tanto la administración mediante mosquitos como la oral inducen respuestas inmunitarias protectoras frente a los virus objetivo. En el caso de la rabia, los niveles de anticuerpos neutralizantes obtenidos fueron suficientes para conferir protección, incluso por debajo de los umbrales clásicos establecidos en otros mamíferos.

Un aspecto clave del diseño es su enfoque en la bioseguridad. A diferencia de las vacunas transmisibles —que pueden propagarse de un individuo a otro—, esta plataforma utiliza un virus atenuado con «propagación limitada». Esto significa que la vacuna no se transmite entre murciélagos ni se mantiene en el ecosistema.

Para reforzar esta contención, los mosquitos utilizados son esterilizados antes de su liberación y presentan una vida útil corta, lo que reduce aún más el riesgo de diseminación no controlada.

Retos regulatorios y despliegue en campo

A pesar de los resultados prometedores, los autores subrayan que la transición desde el laboratorio al entorno natural requerirá una cuidadosa evaluación regulatoria. Entre las propuestas para un despliegue seguro se incluyen estrategias de liberación dirigida en hábitats específicos, como cuevas o zonas de descanso en árboles, así como el uso de barreras físicas o repelentes para limitar la dispersión de los mosquitos.

Otro desafío importante es la evaluación de la eficacia en poblaciones silvestres. Dado que muchas especies de murciélagos están protegidas, no es viable realizar capturas masivas para estudios serológicos. En su lugar, el estudio propone métodos no invasivos, como el uso de biomarcadores detectables en muestras fecales o el análisis de ADN ambiental para monitorizar la presencia de patógenos.

Una herramienta alineada con el enfoque One Health

El desarrollo de vacunas dirigidas a murciélagos encaja en el paradigma de One Health, que reconoce la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. Al reducir la circulación de virus en sus reservorios naturales, esta estrategia podría disminuir significativamente el riesgo de futuros brotes en humanos.

Además, los investigadores destacan que la iniciativa no solo tiene implicaciones para la salud pública, sino también para la conservación de los murciélagos, que desempeñan funciones ecológicas esenciales como el control de insectos y la polinización.

En conjunto, el estudio plantea un cambio de enfoque en la prevención de enfermedades emergentes: actuar antes de que los virus salten a los humanos. Si bien aún quedan desafíos técnicos, regulatorios y éticos por resolver, la combinación de mosquitos «vacunadores» y trampas salinas abre una vía inédita para intervenir en la interfaz entre fauna silvestre y salud global.

En un contexto marcado por la creciente frecuencia de zoonosis, esta estrategia podría convertirse en una herramienta clave para anticiparse a la próxima pandemia.


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