Por primera vez la obesidad infantil supera al bajo peso como problema de malnutrición

Según un nuevo informe de UNICEF los datos alertan de que en el mundo 391 millones de menores de entre 5 y 19 años padecen sobrepeso

obesidad

La malnutrición infantil ya no se mide solo en términos de bajo peso o desnutrición crónica. Por primera vez en la historia, el número de niños y niñas con obesidad supera al de menores con insuficiencia ponderal, un giro sin precedentes en el mapa global de la salud infantil. Así lo refleja el nuevo informe de UNICEF Alimentando el negocio. Cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia, que alerta de una transición nutricional acelerada y de graves repercusiones futuras si no se actúa con urgencia.

Según el documento, actualmente 188 millones de niños y adolescentes en edad escolar —uno de cada diez— viven con obesidad, una condición que los expone a enfermedades potencialmente mortales como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares o incluso algunos tipos de cáncer.

Al mismo tiempo, la prevalencia de bajo peso en el grupo de 5 a 19 años ha caído del 13% al 9,2% desde el año 2000, mientras que la obesidad se ha triplicado en ese mismo periodo, pasando del 3% al 9,4%. Como resultado, la obesidad infantil ha pasado a ser la forma predominante de malnutrición en casi todas las regiones del mundo, salvo en África Subsahariana y Asia Meridional.

«Cuando hablamos de malnutrición, ya no nos referimos solamente a los niños y niñas con bajo peso. La obesidad es un problema cada vez más alarmante que puede tener consecuencias negativas para la salud y para el desarrollo de la infancia», advirtió Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, al presentar el informe.

Una transición global que ya anticipaba la ciencia

Los datos de UNICEF coinciden con las conclusiones de un amplio estudio internacional publicado en The Lancet en 2023 que analizó la evolución de la doble carga de malnutrición —bajo peso y obesidad— en más de 190 países entre 1990 y 2022. Aquella investigación demostró que la transición hacia el predominio de la obesidad ya era evidente en adultos desde los años noventa, y que en las últimas tres décadas esa tendencia se ha extendido a niños y adolescentes en edad escolar.

La investigación reveló que, salvo en algunas zonas de Asia y África donde la desnutrición sigue siendo muy elevada, la prevalencia combinada de ambas formas de malnutrición ha aumentado en la mayoría de los países, impulsada principalmente por el crecimiento de la obesidad. Polinesia, Micronesia, el Caribe, Oriente Medio y Norte de África aparecen como regiones especialmente afectadas, con niveles de obesidad superiores a los de muchos países industrializados.

El estudio también destacó un fenómeno preocupante: la obesidad se está manifestando a edades cada vez más tempranas, lo que incrementa la duración de la exposición a sus efectos sobre la salud. Entre las causas señaladas están la mayor presencia de alimentos procesados en la dieta, el menor gasto energético debido a estilos de vida más sedentarios y la influencia de la publicidad dirigida a los jóvenes.

Radiografía actual: del Pacífico a América

El informe de UNICEF dibuja un panorama desigual pero inquietante. Los países insulares del Pacífico concentran los índices más elevados de obesidad infantil en el mundo. En Niue, el 38% de los niños y niñas de 5 a 19 años viven con obesidad; en las Islas Cook, el 37%; y en Nauru, el 33%. En todos los casos, las cifras se han duplicado desde el año 2000, en paralelo al abandono de las dietas tradicionales en favor de alimentos importados, energéticamente densos y de bajo coste.

En los países de ingresos altos, la situación tampoco es alentadora. Chile registra un 27% de obesidad infantil, Estados Unidos un 21% y los Emiratos Árabes Unidos cifras similares. Mientras tanto, en países de ingresos bajos y medianos la paradoja es aún más evidente: aunque persisten la desnutrición aguda y el retraso del crecimiento en menores de cinco años, la obesidad avanza con fuerza entre escolares y adolescentes.

En conjunto, se estima que 391 millones de menores de entre 5 y 19 años tienen sobrepeso, y una proporción creciente de ellos cumple criterios de obesidad.

Uno de los hallazgos centrales del informe de UNICEF es que la dieta de los niños no depende solo de elecciones individuales o familiares, sino de entornos alimentarios dominados por productos ultraprocesados y comida rápida, con altos niveles de azúcar, sal, grasas saturadas y aditivos.

La exposición de los menores a la publicidad digital es un factor clave. Una encuesta global realizada a 64.000 jóvenes en más de 170 países reveló que el 75% había visto anuncios de refrescos, aperitivos o comida rápida en la semana previa, y el 60% reconoció que esos mensajes habían incrementado sus ganas de consumirlos. Incluso en contextos de conflicto armado, dos tercios de los adolescentes se declararon expuestos a este tipo de publicidad.

«Los alimentos ultraprocesados están desplazando cada vez más el consumo de fruta, verdura y proteínas, en un periodo de la vida en el que la nutrición es esencial para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la salud mental de los niños y niñas», señaló Russell.

Un llamamiento a la acción

Para UNICEF, la magnitud del problema requiere una respuesta integral. Entre las medidas propuestas figuran:

  • Políticas obligatorias que regulen el etiquetado de los alimentos, limiten la publicidad dirigida a menores y apliquen impuestos o subsidios para promover opciones saludables.
  • Programas sociales que mejoren el acceso de las familias vulnerables a alimentos nutritivos.
  • Prohibiciones de venta de ultraprocesados en las escuelas.
  • Protección frente a la injerencia de la industria alimentaria en los procesos normativos.

«En muchos países, observamos el peso de la malnutrición en sus dos vertientes: el retraso del crecimiento y la obesidad. Esta situación exige intervenciones específicas. Para favorecer su crecimiento y su desarrollo, todos los niños y niñas deben tener acceso a una alimentación nutritiva y asequible», concluyó Russell.

Una transición en marcha

Los expertos advierten que la transición de la desnutrición hacia la obesidad no es lineal ni homogénea. En regiones de Asia y África, la insuficiencia ponderal sigue siendo un desafío de primer orden, pero el riesgo es que la mejora en el acceso a calorías se traduzca en un aumento de obesidad si esas calorías provienen mayoritariamente de alimentos poco saludables.

El reto global, coinciden UNICEF y los investigadores, es lograr una “transición saludable”, capaz de erradicar la desnutrición sin abrir la puerta a una epidemia de obesidad. Para ello, será necesario combinar políticas agrícolas, fiscales, educativas y de salud pública que prioricen la nutrición infantil como pilar del desarrollo.

Porque el mapa actual de la obesidad infantil no es solo una radiografía de los hábitos alimentarios, sino un anticipo de los retos sanitarios y económicos que marcarán las próximas décadas si no se actúa a tiempo.


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