Así refuerza España la vacunación frente al herpes zóster ante su impacto en mayores y pacientes de riesgo

La evidencia científica respalda la vacunación como herramienta clave de prevención, no solo de la enfermedad, sino de complicaciones asociadas, e incluso, de la demencia

herpes zóster

La vacunación frente al herpes zóster se ha consolidado en los últimos años como una de las principales estrategias de salud pública para hacer frente a una enfermedad que, lejos de ser menor, genera una elevada carga clínica, social y económica en España. Con una incidencia creciente asociada al envejecimiento poblacional y al aumento de pacientes con patologías crónicas o inmunodepresión, las autoridades sanitarias y los expertos coinciden en señalar la inmunización como la herramienta más eficaz para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.

El herpes zóster, causado por la reactivación del virus varicela-zóster, afecta especialmente a personas mayores de 50 años y a pacientes con el sistema inmunitario debilitado. Su manifestación más conocida es una erupción cutánea dolorosa, pero sus consecuencias pueden ir mucho más allá, con complicaciones como la neuralgia posherpética, un dolor crónico incapacitante que puede persistir durante meses o incluso años.

La vacunación, eje de la estrategia preventiva

En España, la vacuna frente al herpes zóster está incluida en el calendario común del Sistema Nacional de Salud desde 2023. Las recomendaciones actuales establecen su administración sistemática en personas de 65 y 80 años, además de en grupos de riesgo, como pacientes con inmunosupresión o patologías crónicas.

Para 2025, se establecía como meta alcanzar coberturas del 50% en personas mayores de 65 años, incluyendo cohortes específicas como los 66 y 81 años. Sin embargo, en el horizonte 2030, recientemente publicadoel objetivo se eleva hasta el 75% en personas de 66 y 80 años. Este hecho no hace más que confirmar la relevancia que está adquiriendo esta cobertura.

La vacuna disponible —de tecnología recombinante— ha demostrado una alta eficacia y un perfil de seguridad favorable, con efectos adversos generalmente leves, como dolor local o fiebre . Su objetivo no solo es prevenir la aparición del herpes zóster, sino también reducir la gravedad de la enfermedad y sus complicaciones.

El impacto del herpes zóster en el sistema sanitario es notable, especialmente en población de riesgo. La enfermedad genera un importante consumo de recursos asistenciales —consultas, tratamientos o ingresos hospitalarios— y también costes indirectos relacionados con la pérdida de calidad de vida y la incapacidad funcional.

Además, su incidencia aumenta con la edad, lo que convierte a esta patología en un desafío creciente en un contexto de envejecimiento poblacional. A partir de los 50 años, el riesgo de reactivación del virus se incrementa de forma progresiva, y las complicaciones son más frecuentes y severas en mayores de 60.

Desigualdad territorial en la vacunación

A pesar de su inclusión en el calendario común, la implantación de la vacuna frente al herpes zóster en España presenta importantes diferencias entre comunidades autónomas. El sistema sanitario descentralizado permite a cada región adaptar la estrategia de vacunación, lo que ha generado un mapa heterogéneo en cuanto a cobertura y acceso.

Fuente: SIVAMIN.

La Comunidad de Madrid ha desarrollado un enfoque expansivo, incluyendo varias cohortes de edad y estrategias de «rescate» para personas que no se vacunaron en años anteriores. En el extremo opuesto, Andalucía ha limitado la vacunación principalmente a quienes cumplen 65 años, sin extender de forma generalizada la cobertura a otras edades. El caso de Navarra ilustra bien esta diversidad. En esta comunidad, la vacunación se dirige a personas de 65 y 75 años, además de grupos de riesgo, ampliando así el rango respecto a las recomendaciones generales. También se observan adaptaciones específicas en otras comunidades. En Navarra, por ejemplo, se han ajustado las cohortes objetivo, incorporando grupos de edad diferentes a los planteados inicialmente a nivel estatal, mientras que Cataluña ha ampliado la vacunación a edades más avanzadas en determinados contextos.

Asimismo, existen diferencias en la captación de pacientes. Algunas regiones utilizan sistemas proactivos, como avisos por SMS o llamadas telefónicas, mientras que en otras la vacunación depende en mayor medida de la iniciativa del propio paciente o de la recomendación del profesional sanitario.

Beneficios y retos pendientes

A pesar de estas diferencias, el consenso científico es claro: la vacunación frente al herpes zóster es una intervención eficaz, segura y coste-efectiva. Su capacidad para reducir complicaciones graves, como la neuralgia posherpética —que puede afectar a hasta el 30-50% de los mayores de 60 años—, refuerza su valor como herramienta preventiva. No obstante, persisten retos importantes. Entre ellos, mejorar las coberturas vacunales, reducir las desigualdades territoriales y aumentar la concienciación de la población adulta, tradicionalmente menos habituada a vacunarse que la infantil.

En un país con una población cada vez más envejecida, la vacunación frente al herpes zóster se enmarca en una estrategia más amplia de envejecimiento saludable. Garantizar un acceso equitativo a esta intervención es clave para reducir la carga de enfermedad y mejorar la calidad de vida de millones de personas.


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