La enfermedad renal crónica (ERC) es una patología multisistémica caracterizada por el deterioro progresivo de la función renal, lo que impide que los riñones filtren adecuadamente la sangre y cumplan otras funciones esenciales como la regulación hormonal. Su naturaleza silenciosa la convierte en una afección de difícil detección hasta estadios avanzados, lo que hace fundamental su cribado temprano para evitar complicaciones graves.
Se estima que el 15% de la población adulta, más de siete millones de personas, presenta algún grado de insuficiencia renal

Según David Arroyo, vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.) y nefrólogo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, la ERC es una enfermedad de alta prevalencia en España. Se estima que el 15% de la población adulta, más de siete millones de personas, presenta algún grado de insuficiencia renal, y más de la mitad de estos pacientes desconocen su diagnóstico. Este aumento en la incidencia está ligado al envejecimiento de la población y al incremento de factores de riesgo como la diabetes, la obesidad y la hipertensión arterial.
Factores de riesgo
El estilo de vida juega un papel crucial en el desarrollo de la ERC. Factores como la diabetes tipo 2, la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y el sedentarismo afectan el funcionamiento de los riñones, favoreciendo su deterioro. A pesar de su gravedad, la ERC sigue siendo una gran desconocida. “Es asintomática en sus primeras fases, lo que dificulta su detección temprana. Muchos pacientes descubren su condición cuando presentan complicaciones cardiovasculares”, señala Arroyo. Además, la nefrología es una especialidad relativamente reciente, con apenas seis décadas de desarrollo, lo que influye en la falta de conciencia social sobre la enfermedad.
Factores como la diabetes tipo 2, la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y el sedentarismo afectan el funcionamiento de los riñones
Ante este panorama, la atención primaria desempeña un papel clave en la identificación temprana de la ERC. Se están impulsando iniciativas de cribado en poblaciones de riesgo, como pacientes hipertensos, diabéticos y mayores de 50 años. A nivel de investigación, se exploran sistemas de detección basados en inteligencia artificial, aunque actualmente lo más eficaz sigue siendo la realización de análisis de sangre y orina, pruebas sencillas y económicas. La detección temprana es crucial, ya que en los últimos cinco a diez años han surgido tratamientos capaces de ralentizar la progresión de la enfermedad, mejorando la calidad de vida de los pacientes y reduciendo el impacto en el sistema cardiovascular.
Tratamientos innovadores para frenar la progresión de la ERC
Uno de los objetivos principales en el tratamiento de la ERC es evitar la necesidad de diálisis o trasplante. Para ello, se han desarrollado estrategias basadas en la modificación del estilo de vida y el uso de nuevos fármacos. Entre estos destacan los inhibidores del SGLT2 y los agonistas del GLP-1, inicialmente diseñados para tratar la diabetes, pero que han demostrado frenar la pérdida de función renal y reducir eventos cardiovasculares. “Estos medicamentos han supuesto una revolución en la nefrología, aportando beneficios en la ralentización de la insuficiencia renal”, explica Arroyo.
Los inhibidores del SGLT2 y los agonistas del GLP-1 se erigen como las estrategias más prometedoras en ERC
En cuanto a los tratamientos sustitutivos, la diálisis sigue siendo una opción para pacientes con enfermedad avanzada, aunque se está fomentando la diálisis domiciliaria, que permite mayor autonomía y mejor calidad de vida. El trasplante renal, especialmente de donante vivo, es la mejor alternativa, aunque en España su uso previo a la diálisis aún no está plenamente implementado.
Concienciación y papel de la administración
El próximo jueves se celebra el Día Mundial del Riñón, una oportunidad para enfatizar la importancia del cribado y la prevención de la ERC. Según Arroyo, la concienciación debe centrarse en educar a la población sobre la importancia de la salud renal y la necesidad de realizar controles periódicos. “Cuidar los riñones no es solo filtrar toxinas, sino también proteger el corazón, el cerebro y evitar el envejecimiento prematuro”, afirma.
La implementación de programas de cribado sistemáticos podría mejorar la identificación temprana de la enfermedad renal y reducir su impacto en la salud pública
El rol de la administración también es fundamental. La implementación de programas de cribado sistemáticos, similares a los utilizados para la detección del cáncer de colon o mama, podría mejorar la identificación temprana de la enfermedad renal y reducir su impacto en la salud pública.
A pesar del preocupante aumento de la ERC en la población, las perspectivas no son del todo negativas. La aparición de nuevos tratamientos ofrece esperanza para frenar su avance y mejorar el pronóstico de los pacientes. Sin embargo, es crucial reforzar las estrategias de prevención y detección temprana para evitar que más personas lleguen a estadios avanzados de la enfermedad.
La importancia de la alimentación
La dieta juega un papel determinante en la progresión de la ERC. Aunque las recomendaciones nutricionales deben adaptarse a cada paciente, se enfatiza la necesidad de reducir la ingesta de sal, evitar alimentos procesados y seguir un patrón de dieta mediterránea, rico en frutas, verduras y con un consumo moderado de proteínas. En estadios avanzados, puede ser necesario controlar la ingesta de potasio y fósforo, siempre bajo supervisión médica.
La dieta juega un papel determinante en la progresión de la enfermedad renal crónica
En definitiva, la enfermedad renal crónica es una condición de alta prevalencia que requiere un esfuerzo conjunto entre pacientes, profesionales sanitarios y administraciones para mejorar su detección y manejo. La clave está en la prevención y en la concienciación de la sociedad sobre la importancia de la salud renal para una mejor calidad de vida.