En las últimas décadas, la enfermedad del hígado graso se ha convertido en un problema de salud pública de gran magnitud en España. Según Rocío Aller, secretaria de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), la prevalencia de esta patología ha superado el 25%, alcanzando ya el 27%. Este aumento se ha visto impulsado por factores como la obesidad, la diabetes y el síndrome metabólico, estrechamente ligados a un estilo de vida poco saludable caracterizado por dietas ricas en alimentos procesados y el sedentarismo. Además, la combinación del hígado graso con el consumo de alcohol puede acelerar el daño hepático.
Prevención y tratamiento
Uno de los hallazgos más relevantes en el estudio del hígado graso es el impacto positivo de la dieta mediterránea y la actividad física en su regresión. Aller destaca que la pérdida de peso desempeña un papel crucial: una reducción del 5% del peso corporal puede disminuir la grasa hepática, mientras que para mejorar la inflamación es necesario perder al menos un 7%. En los casos de fibrosis, una pérdida del 10 % del peso puede inducir una regresión significativa de la enfermedad.
Los pacientes con fibrosis avanzada tienden a mostrar una mejor respuesta a la pérdida de peso
Curiosamente, los pacientes con fibrosis avanzada tienden a mostrar una mejor respuesta a la pérdida de peso. «Probablemente lo que es más fácil es pasar de un F4 a un F2 que de un F2 a un F1, porque el salto es mayor», explica Aller. Además, se ha identificado un subgrupo de pacientes con hígado graso y peso normal, quienes presentan un mayor riesgo de progresión a fibrosis avanzada. «Son pacientes con una distribución central de la grasa, especialmente a nivel abdominal, y su progresión probablemente esté ligada a factores genéticos que estamos investigando», añade.
Investigación de biomarcadores
El diagnóstico del hígado graso y su progresión a fibrosis avanzada ha dependido tradicionalmente de la biopsia hepática, un procedimiento invasivo y con limitaciones en su reproducibilidad. Sin embargo, actualmente se están desarrollando biomarcadores alternativos, tanto de biopsia líquida como basados en técnicas de imagen por resonancia magnética. Estos avances permitirán una evaluación más fiable y menos invasiva de la enfermedad, facilitando su detección temprana y seguimiento clínico.
Los análogos del GLP-1 han mostrado resultados prometedores en ensayos clínicos de fase 3 y podrían convertirse en opciones terapéuticas en el futuro.
En la actualidad, España no cuenta con fármacos aprobados específicamente para el tratamiento del hígado graso. No obstante, en Estados Unidos la FDA ha aprobado el resmetirom, un medicamento que mejora el metabolismo lipídico a nivel hepático. Asimismo, los análogos del GLP-1, utilizados para tratar la obesidad y la diabetes, han mostrado resultados prometedores en ensayos clínicos de fase 3 y podrían convertirse en opciones terapéuticas en el futuro.
El hígado graso ha desplazado a las hepatitis virales como principal causa de cirrosis y trasplante hepático en España. Gracias a los avances en el tratamiento de la hepatitis C y al control de la hepatitis B, la prevalencia de estas enfermedades ha disminuido drásticamente. El Plan Nacional Estratégico para la Eliminación de la Hepatitis C ha tratado a 167.000 personas, reduciendo la prevalencia de la enfermedad del 0,2% al 0,02%. En este contexto, el hígado graso, junto con el consumo de alcohol, ha emergido como la principal causa de enfermedad hepática avanzada, siguiendo la tendencia observada en países como Estados Unidos.
Crecimiento de la enfermedad
Para enfrentar el creciente impacto del hígado graso, el sistema sanitario debe enfocarse en la prevención y la educación sanitaria desde la infancia. «Tenemos un problema de obesidad infantil. Hay un 30% de niños que ya son obesos. Si no enseñamos bien a comer a nuestros pequeños, tienen mucho tiempo para desarrollar la enfermedad», advierte Aller. Implementar estrategias de etiquetado claro en los alimentos para advertir sobre su contenido en grasas saturadas y procesadas sería una medida clave para mejorar los hábitos alimentarios de la población.
«Tenemos un problema de obesidad infantil. Hay un 30% de niños que ya son obesos. Si no enseñamos bien a comer a nuestros pequeños, tienen mucho tiempo para desarrollar la enfermedad»
Rocío Aller, secretaria de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH)
Asimismo, es fundamental regular el consumo de alcohol, asegurando que no se venda a menores de 18 años y promoviendo advertencias en el etiquetado sobre sus riesgos para la salud, no solo en relación con el hígado, sino también con enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
La enfermedad del hígado graso se ha convertido en una de las principales preocupaciones en la hepatología moderna. Su creciente prevalencia requiere un enfoque multidisciplinario basado en la prevención, el diagnóstico temprano y el desarrollo de tratamientos efectivos. «La promoción de la dieta mediterránea, el ejercicio físico y la regulación del consumo de alimentos ultraprocesados y alcohol son pilares fundamentales para mitigar su impacto en la población», enfatiza Aller. A medida que avanza la investigación en biomarcadores y terapias farmacológicas, se espera que en los próximos años se dispongan de mejores herramientas para combatir esta enfermedad de manera eficaz.