Las sociedades científicas españolas responden a las dudas sobre la seguridad de la vacuna de los CDC estadounidenses

“Los estudios han demostrado que no existe ninguna relación entre recibir vacunas y desarrollar un trastorno del espectro autista”

Manifiesto conjunto de las siguientes Sociedades Científicas: AEV, AEP, SEIP, SEMERGEN, AEEMET, SEFAC, SEMG, ANENVAC y SEMPSPGS
Las sociedades científicas (SS. CC.) que suscriben este manifiesto, desean emitir un posicionamiento claro dirigido a la comunidad científica, profesionales de la salud, medios de comunicación y a la sociedad en general, en respuesta a la reciente publicación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos (EE. UU.) sobre la seguridad de las vacunas.

Los CDC han modificado en su medio oficial de difusión electrónica la afirmación basada en la evidencia científica que sostuvieron durante años respecto a la seguridad de las vacunas en relación con el autismo. Anteriormente, en su página web podía leerse: “Los estudios han demostrado que no existe ninguna relación entre recibir vacunas y desarrollar un trastorno del espectro autista”.

Sin embargo, esta declaración ha sido sustituida por la siguiente frase: “La afirmación ‘las vacunas no causan autismo’ no es una afirmación basada en la evidencia, porque los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo”. Esto contradice décadas de investigación científica rigurosa y el amplio consenso de la comunidad médica y sanitaria internacional sobre la inexistencia de una relación causal entre las vacunas y el autismo.

Este cambio de redacción no está sustentado en la evidencia científica ni en la aparición de nuevos datos que justifiquen una revisión de la postura previamente mantenida. Por el contrario, lamentablemente parece responder a cambios en la estructura interna de la agencia, que han supuesto la sustitución de personal técnico con amplia experiencia y trayectoria por asesores que, históricamente, han sostenido
posturas discrepantes, basadas en interpretaciones erróneas o no alineadas con el consenso científico vigente.

Las Sociedades Científicas suscriptoras reiteramos que las vacunas no están causalmente relacionadas con el desarrollo del autismo y constituyen uno de los instrumentos preventivos más seguros y eficaces de la medicina moderna. Antes de obtener la autorización de las agencias del medicamento, las vacunas se estudian en poblaciones más numerosas que otros medicamentos. Además, una vez autorizadas y en uso, se mantienen múltiples niveles de vigilancia de seguridad durante todo el periodo en el que se utiliza una vacuna en las personas, lo que reafirma que su uso en la población es seguro.

¿De dónde viene la atribución del autismo a las vacunas?

Esta atribución proviene de un artículo publicado en 1998 en una revista científica británica en el que se establecía falsamente una conexión entre la vacuna contra el sarampión y el desarrollo del autismo. Este artículo fue retractado por los editores de la revista, después de descubrir que había sido manipulado con datos falsos. Se ha documentado que el autor trabajaba en su propia vacuna alternativa contra el
sarampión y colaboraba con abogados involucrados en demandas contra los fabricantes de la vacuna en uso, lo que constituía un conflicto de interés directo no declarado en su estudio.

El Consejo Médico General del Reino Unido declaró al autor culpable de fraude y violación de los protocolos éticos. Como resultado, le revocaron la licencia para ejercer la medicina en el país. Se comprobó además que había recibido importantes sumas de dinero para atacar la vacuna del sarampión, promover su rechazo y desacreditar su seguridad. A pesar del descubrimiento del fraude, la creencia errónea de que la vacuna causa autismo se arraigó en un grupo pequeño de población que como podemos ver sigue teniendo gran importancia.

La ciencia es clara: las vacunas no causan autismo

La relación causal entre la administración de vacunas y el autismo ha sido exhaustivamente estudiada y categóricamente descartada por la comunidad científica internacional a lo largo de las últimas dos décadas. Las noticias que vinculan las vacunas, particularmente la triple vírica (sarampión, paperas y rubéola), con el autismo carecen de evidencia científica.

Múltiples estudios epidemiológicos a gran escala, metaanálisis rigurosos y revisiones sistemáticas llevadas a cabo por las principales instituciones de salud mundial (como la OMS y las agencias regulatorias de medicamentos) han coincidido unánimemente en
que no existe una asociación clínica ni una vinculación epidemiológica entre los componentes de las vacunas (incluyendo el timerosal) y el desarrollo de autismo.

Las causas del autismo son complejas y, en gran medida, desconocidas, postulándose una etiología multifactorial que involucra la interacción de factores genéticos y ambientales. Intentar simplificar esta complejidad atribuyéndola a un factor externo como las vacunas socava los esfuerzos de investigación legítimos sobre el autismo.

Los pocos estudios que han planteado la posibilidad de asociación entre las vacunas y el autismo no han sido ignorados, como afirma el CDC, por el contrario, han sido minuciosamente evaluados, detectándose que presentan fallos metodológicos importantes y no controlan de manera adecuada otros factores que podrían estar asociados con el diagnóstico de autismo. La evidencia en contra de dicha relación, proveniente de estudios bien diseñados y ejecutados, es abrumadora. En consecuencia, la evidencia científica actual es clara en establecer que no existe una relación causal entre la vacunación y el autismo.

Afirman que los niños vacunados desarrollan autismo con la misma frecuencia que los niños no vacunados, mientras numerosos estudios bien controlados demuestran que las vacunas no causan autismo. Otros estudios bien diseñados con más de 1,2 millones de niños no establecieron ninguna relación entre las vacunas y el autismo o el trastorno del espectro autista. Además, nunca se han detectado señales de seguridad que relacionen las vacunas con el autismo.


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