Menos de cinco personas por cada 100.000 habitantes. Esa es la ratio por la que se considera que una enfermedad es rara. La enfermedad de Castleman y la fibrodisplasia osificante progresiva (FOP) son algunas de estas patologías con muy poca prevalencia. De la primera no se conoce estimación oficial y la segunda se estima que afecta a una persona por cada millón y medio de habitantes, lo que las convierte en enfermedades ultrarraras.
Fibrodisplasia osificante progresiva
Javier Bachiller, jefe de Sección del Servicio de Reumatología Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid e investigador Clínico Asociado del IRYCIS, explica a Gaceta Médica que “la FOP es una enfermedad genética que se produce por una mutación de novo durante el desarrollo embrionario, es decir, los progenitores no portan esta mutación, pero cuando se produce la división celular para crearse los gametos y la primera célula del ser vivo es cuando se produce esta mutación”. Esta enfermedad, aunque de por sí es muy poco prevalente, se considera infradiagnosticada. Actualmente se han detectado casos en todo el mundo, sin diferencias entre razas, “porque es un factor genético el causante”, recalca el especialista. “No hay una predisposición especial. Quizá puede ser una edad avanzada de los padres, esto podría ser una causa, no obstante, este factor se asocia a muchas transmutaciones”, añade.
El síntoma clave de esta enfermedad se presenta desde el momento del nacimiento: el hallux valgus con lo que nacen estos bebés. “Esta desviación del primer dedo del pie que aparece en recién nacidos es una peculiaridad muy extraña, pero muy característica de esta enfermedad. Digamos que es el sello de esta”, indica Bachiller. “Aparecen otras malformaciones óseas, a veces inapreciables por parte de los padres, pero que cuando hacemos una radiografía del cuello sí se pueden observar alteraciones vertebrales o alguna otra lesión, pero lo característico es que una vez que nacen tienen episodios de brotes de inflamación que aparecen inicialmente en el cuello o en la espalda y provocan una inflamación de los tejidos de forma espontánea o tras caídas o traumatismos, incluso tras inyecciones intramusculares”, señala el especialista.
En una persona sana esta inflamación se resuelve sin dejar ninguna secuela. Sin embargo, en estos pacientes la inflamación deriva en la formación de una estructura ósea en el músculo y los tejidos.
Enfermedad de Castleman
“Esta enfermedad se considera muy rara y se desconoce tanto que no se sabe claramente cuál es su prevalencia o incidencia en España. Además, está muy infradiagnosticada”, apunta a Gaceta Médica Andrés González, especialista en Medicina Interna en el Hospital Ramón y Cajal, coincidiendo con la percepción de Bachiller con respecto a la fibrodisplasia osificante. La enfermedad de Castleman se define como una hemopatía linfoide poco frecuente caracterizada por la afectación de los ganglios linfáticos de cualquier parte del cuerpo, más frecuentemente el mediastino, el abdomen, el cuello o el bazo, y que se presenta como enfermedad unicéntrica, multicéntrica idiopática o multicéntrica asociada a KSHV/HHV8.
“Es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de ganglios linfáticos que se agrandan de forma patológica y que en función de que sea uno o varios se considera uni o multicéntrica. El hecho de que se inflamen varios ganglios, eso puede obedecer a diversas razones”, explica González. “La causa puede ser diferente y en función de esta, aunque se llame enfermedad de Castleman multicéntrica, realmente son enfermedades diferentes. No es lo mismo esta enfermedad asociada al virus del herpes humano 8, que una enfermedad idiopática”, aclara.
El especialista destaca que a la hora del diagnóstico surge un problema complejo, ya que antes de recibir un diagnóstico de enfermedad de Castleman, los pacientes pasan por un “peregrinaje” por diferentes especialistas y diferentes respuestas a lo que les ocurre, como puede ser un diagnóstico erróneo de linfoma o de algún proceso tumoral. El poco conocimiento que existe de esta patología conlleva a que no se pueda tipificar, aunque según González, “en la unicéntrica, parece que hay una predominancia algo mayor en mujeres, pero es algo que no está del todo claro. Y, en el caso de la multicéntrica, en función de la causa se observa mayor frecuencia en los hombres”.
Convivir con un enfermedad rara
En el caso de la fibrodisplasia osificante no existe un tratamiento definitivo. El tratamiento habitual es un breve ciclo de corticoides en dosis altas, iniciado dentro de las primeras 24 horas después de un brote, para ayudar a reducir la intensa inflamación y el edema tisular que se observa en las primeras etapas del brote. El manejo preventivo suele ser clave y se basa en medidas higiénico-posturales, como la mejora de la seguridad en el hogar o el uso de cascos protectores, y en fisioterapia respiratoria.
Sin embargo, en el año 2006 se descubrió el gen que causa esta enfermedad rara: el gen ACVR1, lo que ha permitido que se puedan dar algunos pasos en la comprensión de la patología.
“No existe ningún tratamiento autorizado a nivel mundial para tratar esta enfermedad. De hecho, hasta el año 2017 no había ningún fármaco en investigación”, indica Javier Bachiller. “El tratamiento se basaba en paliar los síntomas. No obstante, entre el año 2016 y 2017 surgieron dos investigaciones sobre dos moléculas prometedoras en las que se demostró su eficacia en ratones. A partir de ahí se hacen dos ensayos clínicos, uno de los cuales no dio resultados positivos y el otro sí, pero con complicaciones de seguridad. Ahora se está repitiendo este ensayo y han surgido otras tres moléculas nuevas”, añade.
Gracias a estos ensayos clínicos los pacientes tienen nuevas opciones terapéuticas, pero todo ello dentro del marco de la investigación.
La complejidad de la investigación
En el caso de la enfermedad de Castleman la investigación está tomando diferentes caminos en función del tipo que sea. “En las formas unicéntricas la investigación está enfocada en ver si en esos pacientes hay variantes genéticas que sean precursoras o facilitadoras de esos tumores. Es lo que se llama línea estromal”, explica Andrés González. “En las formas multicéntricas idiopáticas se está investigando mucho una línea de enfermedad autoinflamatoria o autoinmune, sobre todo buscando vías patogénicas implicadas en el desarrollo de la enfermedad idiopática”, añade el especialista.
En el caso de la enfermedad multicéntrica se conoce que la interleucina-6 (IL-6) tiene un significativo protagonismo, aunque “también se sabe que hay otras citoquinas implicadas”, señala González. “Para la IL-6 hay un tratamiento que la bloquea y que consigue controlar los síntomas y disminuir la mortalidad de los pacientes. Es un tratamiento que puede controlar la enfermedad, aunque no curarla, sin embargo, hay algunos pacientes que se escapan a este tratamiento porque parece que hay otras citoquinas implicadas y ahí se está investigando mucho, sobre todo, en las vías quinasas”, apunta.
Necesidades y retos
Ambos expertos coinciden en que se necesita investigación para avanzar en el conocimiento de estas patologías, no solo para poder desarrollar fármacos y tratamientos, sino para que el diagnóstico se agilice y los pacientes puedan tener una buena calidad de vida.
Ambos expertos coinciden en que se necesita investigación para avanzar en el conocimiento de estas patologías, no solo para poder desarrollar fármacos y tratamientos, sino para que el diagnóstico se agilice y los pacientes puedan tener una buena calidad de vida.
Bachiller señala que hace falta investigación básica. “Necesitamos entender cuáles son los mecanismos por los cuales esa mutación genética acaba produciendo la osificación, por qué en unos pacientes va más deprisa y en otros pacientes va un poco más lento, por qué hay personas que tiene brotes espontáneos y otras que en cambio tienen brotes solo con los traumatismos. Nos falta entender bien el mecanismo fisiopatológico de la enfermedad”, recalca.
El especialista destaca la necesidad de comprender que se trata de una patología “ultrarrara”, que conlleva a que los pacientes estén sin ninguna opción de tratamiento, porque solo hay dos hospitales en España que pueden ofrecerles opciones para esta enfermedad, el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y el Hospital La Fe de Valencia. “Muchos pacientes hace años que abandonaron el sistema sanitario porque no les ofrecía ninguna opción. Están recluidos en su casa, encamados con cuidados familiares, pero sin ninguna opción de desplazarse ni de acudir a un hospital de referencia”, añade Bachiller.
En este sentido, González señala que “es fundamental que muchos profesionales conozcan estas enfermedades y hoy en día no la conocen. Para eso hay que hacer mucha campaña de información, de divulgación y lo que es muy importante, determinar centros de referencia”.
Los especialistas resaltan que se necesita tiempo para la investigación y para poder llevar a cabo proyectos que faciliten la asistencia de estos pacientes.
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