El virus respiratorio sincitial (VRS) es uno de los principales responsables de las infecciones respiratorias agudas en bebés, niños pequeños y personas mayores. Aunque durante años su prevención ha sido un reto, la llegada de anticuerpos monoclonales y de vacunas maternas ha cambiado el panorama y abre la puerta a una reducción significativa de hospitalizaciones. En España, su impacto sigue siendo muy elevado y especialistas coinciden en que la vigilancia y la inmunización son claves para proteger a la población más vulnerable.
Los datos de la última temporada confirman el peso del VRS en el sistema sanitario. Antoni Trilla, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Barcelona y jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, explica a este medio que «en la temporada 2023-2024, el sistema de vigilancia SiVIRA indicó que la onda epidémica del VRS se concentró en las semanas finales de 2023, con un pico de 123 casos por 100.000 habitantes en atención primaria. En hospitales, la tasa máxima de hospitalización por infección respiratoria aguda grave llegó casi a 40 casos por 100.000 habitantes al inicio de 2024, siendo el VRS uno de los principales responsables».
Los grupos más afectados siguen siendo los niños menores de 5 años y los adultos mayores de 65. «Representan más del 50% de las hospitalizaciones por VRS», detalla Trilla.
Por su parte, Elisa Garrote, vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), ofrece una perspectiva más amplia: «Se estima que en España, durante la temporada 2023-2024, se han asistido un total de 528.700 casos en Atención Primaria. Al menos el 60% de los lactantes padecen una infección por VRS en su primer año de vida y, para los dos años, todos los niños se han infectado alguna vez».
«Se estima que en España, durante la temporada 2023-2024, se han asistido un total de 528.700 casos en Atención Primaria. Al menos el 60% de los lactantes padecen una infección por VRS en su primer año de vida y, para los dos años, todos los niños se han infectado alguna vez»
Elisa Garrote, vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP)
El virus, añade, no es un problema menor: «Aproximadamente el 2-3% de los niños con una primoinfección por VRS en los primeros 12 meses de vida requiere hospitalización y hasta un 6% de ellos ingreso en cuidados intensivos pediátricos».
El patrón estacional del VRS está bien definido
Ambos expertos coinciden en que el VRS sigue un patrón muy claro en España, similar al de otros virus respiratorios invernales. «Mantiene un patrón estacional bastante bien definido, con circulación concentrada en los meses fríos y un pico en invierno», apunta Trilla.
Garrote añade que en el hemisferio norte «circula fundamentalmente entre octubre y marzo, con una incidencia máxima entre noviembre y febrero”. También recuerda que el virus es muy contagioso: «Se transmite al toser o estornudar y por el contacto con superficies contaminadas, donde puede permanecer varias horas».
En la mayoría de los niños, el VRS se presenta con síntomas similares a los de un resfriado común: tos, estornudos y mucosidad. Pero en algunos casos, sobre todo en lactantes muy pequeños, puede derivar en bronquiolitis o neumonía.
Trilla subraya que «cuando el VRS afecta a las vías respiratorias inferiores pueden aparecer sibilancias, dificultad respiratoria y problemas de deglución. Es la causa más frecuente de bronquiolitis y neumonía en menores de un año».
Garrote coincide y explica que «si la infección progresa, la tos se hace más persistente y pueden aparecer irritabilidad, decaimiento, rechazo de la alimentación y signos de dificultad respiratoria. La máxima gravedad suele alcanzarse a las 48-72 horas». Aunque la recuperación llega de forma progresiva, la tos puede prolongarse hasta cuatro semanas.
Diferencias entre el VRS y la gripe
Aunque a menudo se confunde con la gripe, el VRS tiene particularidades propias. Según Trilla, «ambas infecciones tienen características similares, pero las debidas a VRS quizás tienen una evolución más lenta y predominan los síntomas respiratorios de vías bajas, especialmente en lactantes».
Garrote añade que «el VRS es el principal agente causal de bronquiolitis, responsable de al menos el 75% de los casos en lactantes, mientras que otros virus como la gripe o el rinovirus solo lo producen ocasionalmente». Además, una infección temprana por VRS puede tener consecuencias a largo plazo: «Se ha descrito una mayor posibilidad de padecer episodios sibilantes recurrentes, asma y deterioro de la función pulmonar a lo largo de la infancia».
Detectar cuándo un cuadro de VRS requiere atención urgente es fundamental para prevenir complicaciones. En este sentido, Trilla destaca algunos de los principales: «Dificultad respiratoria (tiraje, aleteo nasal), cianosis en labios o uñas, pérdida del apetito, somnolencia o fiebre alta persistente». Del mismo modo, Garrote enumera los más relevantes: «Aleteo nasal, tiraje intercostal, sibilancias audibles, pausas al respirar, rechazo de las tomas, letargia o agitación, palidez o cianosis y fiebre difícil de controlar».
Prevención: higiene y responsabilidad social
Mientras no existían estrategias específicas, las medidas preventivas eran la única herramienta disponible. Trilla recuerda que «mantener una buena higiene personal, limpiar superficies y ropa, ventilar bien las casas y evitar el contacto con personas enfermas son claves».
Garrote coincide, aunque admite que no siempre es sencillo: «Lavarse las manos, desinfectar objetos, evitar que los niños vayan a la guardería enfermos o el contacto con personas resfriadas son medidas útiles, pero difíciles de mantener durante toda la temporada». Añade además que «la lactancia materna ayuda a proteger a los bebés frente al virus».
Más allá de estas medidas del día a día, el gran cambio en la prevención del VRS ha llegado en los últimos años. Trilla señala que «los anticuerpos monoclonales son muy efectivos en la prevención de las infecciones por VRS, especialmente de los casos graves. Se recomiendan en recién nacidos y en niños menores de 6 meses». También resalta la importancia de la inmunización materna: «Se dispone de una vacuna para embarazadas entre las semanas 24 y 36, que transfiere anticuerpos al feto y ha demostrado reducir las hospitalizaciones pediátricas por bronquiolitis y neumonía».
«Los anticuerpos monoclonales son muy efectivos en la prevención de las infecciones por VRS, especialmente de los casos graves. Se recomiendan en recién nacidos y en niños menores de 6 meses»
Antoni Trilla, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Barcelona y jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic
Garrote detalla los resultados más recientes en España: «Tras implementar la inmunización con nirsevimab en menores de un año, se ha observado una reducción del 75% en el número de hospitalizaciones respecto a las que se estimaba que se iban a producir. Esto equivale a cerca de 10.000 hospitalizaciones evitadas».
La experta de la AEP insiste en que esta herramienta debe aplicarse de forma universal. «La inmunización con nirsevimab está indicada para todos los lactantes en su primera temporada de exposición al VRS, especialmente para los prematuros o con afecciones pulmonares o cardíacas».
Mirando al futuro
Aunque todavía no existe una vacuna pediátrica frente al VRS, la combinación de inmunización materna y anticuerpos monoclonales ya está cambiando el manejo del virus en España. Para Garrote, el avance es prometedor: «Después de más de 60 años de investigación, disponemos por fin de estrategias seguras y eficaces para reducir drásticamente la carga del VRS en los más pequeños».
Trilla coincide y concluye que la clave ahora es mantener la vigilancia: «El VRS seguirá circulando cada invierno, pero hoy contamos con mejores herramientas para proteger a los más vulnerables. La información, la prevención y la inmunización serán fundamentales en los próximos años».