Un estudio sugiere que el daño en el tronco encefálico originado por la Covid causa los síntomas duraderos

Los hallazgos publicados en Brain posicionan el QSM ultra alto de 7 T como una herramienta clave en la búsqueda de los efectos a largo plazo de la infección.

Covid, tronco encefálico
Tronco encefálico.

La COVID persistente continúa siendo un desafío para la comunidad científica, aunque gracias a la investigación se descubren nuevos hallazgos sobre su origen y su impacto a largo plazo. Estudios recientes sugieren que esta condición afecta a millones de personas en todo el mundo, con síntomas que persisten meses después de la infección inicial, desde fatiga extrema hasta problemas neurológicos. Los investigadores buscan comprender mejor los mecanismos subyacentes y posibles tratamientos, mientras los sistemas de salud se enfrentan al reto de atender a esta población.

En línea con esto, un novedoso estudio, llevado a cabo conjuntamente por la Universidad de Cambridge y la Universidad de Oxford y publicado en la revista Brain, desvela nuevos datos sobre el origen de estos síntomas duraderos, tanto físicos como psíquicos. Mediante escáneres de ultra alta resolución, capaces de visualizar el cerebro en vivo con un nivel de detalle muy específico, los científicos han observado los efectos perjudiciales que la COVID-19 puede provocar en el cerebro.

Hasta ahora los estudios post mortem han revelado que los pacientes fallecidos a causa de la infección por SARS-CoV-2 suelen presentar alteraciones patológicas en el sistema nervioso central, especialmente en el tronco encefálico. Esta información ha derivado en que las primeras propuestas sobre el origen de esas alteraciones sugirieran que muchos de estos cambios son consecuencia de respuestas inmunitarias relacionadas con la infección o que ocurren después de la misma. Sin embargo, el equipo de investigadores Cambridge-Oxford plantea que estos síntomas se deben, en parte, al daño sufrido por los núcleos neuromoduladores clave ubicados en el tronco encefálico.

«Lo que ocurre dentro y alrededor del tronco encefálico es vital para la calidad de vida, pero había sido imposible escanear la inflamación de los núcleos del tronco encefálico en personas vivas, debido a su diminuto tamaño y a su difícil posición», explicó la primera autora, Catarina Rua, del Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Cambridge. «Por lo general, los científicos solo obtienen una buena visión del tronco encefálico durante los exámenes post mortem».

Resonancia magnética de alta potencia

Los investigadores subrayan que, aunque se ha demostrado que el tronco encefálico puede verse afectado durante la fase aguda de la enfermedad, la evidencia sobre cambios a largo plazo en esta región a través de resonancia magnética sigue siendo inconcluyente. Por ello, utilizaron el mapeo de susceptibilidad cuantitativa (QSM, por sus siglas en inglés) con escáneres de ultra alta resolución (7 Tesla o 7 T) para poner a prueba la hipótesis de que las anomalías en el tronco encefálico persisten en pacientes post-COVID y están relacionadas con la continuidad de síntomas clave. Este tipo de escáneres permiten medir la inflamación en el cerebro con gran precisión.

El equipo escaneó los cerebros de 30 personas que habían sido hospitalizadas con casos graves de COVID-19 al inicio de la pandemia, antes de la disponibilidad de las vacunas. Los cerebros fueron escaneados entre 93 y 548 días después del ingreso hospitalario y los resultados se compararon con los de 51 personas del mismo rango de edad, sin antecedentes de infección. Tras este análisis descubrieron que esta infección daña la región del tronco encefálico vinculada con síntomas como disnea, fatiga y ansiedad. En concreto, detectaron que varias regiones del tronco encefálico, en particular el bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo, presentaban anomalías compatibles con una respuesta neuroinflamatoria. Estas anomalías surgieron varias semanas después del ingreso hospitalario, afectando áreas del cerebro responsables del control de la respiración.

«El hecho de que observemos anomalías en las partes del cerebro asociadas con la respiración sugiere firmemente que los síntomas duraderos son un efecto de la inflamación en el tronco encefálico después de la infección por Covid-19″, señaló Rua, quien añadió que «estos efectos son adicionales a los de la edad y el género, y son más pronunciados en quienes han tenido Covid-19 grave».

Para llegar a esta conclusión correlacionaron las señales obtenidas mediante QSM de los pacientes con la gravedad de la enfermedad (duración de la hospitalización y escala de gravedad de COVID-19), la respuesta inflamatoria durante la fase aguda (niveles de proteína C reactiva, dímero D y plaquetas), la recuperación funcional (escala de Rankin modificada), así como con la presencia de depresión (Cuestionario de Salud del Paciente-9) y ansiedad (Trastorno de Ansiedad Generalizada-7).

En los supervivientes de COVID-19 observaron un aumento en la susceptibilidad a la resonancia magnética en las regiones del bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo del tronco encefálico. En particular, la susceptibilidad fue mayor en la formación reticular medular inferior y en el rafe pálido y oscuro. En estas áreas, los pacientes con una mayor susceptibilidad tisular mostraron una gravedad más elevada de la enfermedad aguda, niveles más altos de marcadores inflamatorios agudos y una recuperación funcional significativamente peor.

Este estudio aporta valiosa información sobre los efectos a largo plazo de la COVID-19 y el proceso de recuperación al demostrar que el tronco encefálico es un área vulnerable a los efectos a largo plazo de la COVID-19, con cambios persistentes observados en los meses posteriores a la hospitalización. Además, posiciona el QSM en campo ultra alto de 7 T como una herramienta clave para analizar el cerebro en busca de los efectos a largo plazo de esta infección y de otras enfermedades asociadas con el SARS-CoV, contribuyendo así a mejorar las estrategias terapéuticas tanto agudas como a largo plazo para facilitar la recuperación de los pacientes.


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