La administración de vacunas caducadas no supone un riesgo añadido para la seguridad de las personas vacunadas, pero sí implica una posible pérdida de eficacia que obliga, en la mayoría de los casos, a repetir la dosis. Así lo explica Fernando Moraga-Llop, pediatra y portavoz y vocal sénior de la Asociación Española de Vacunología (AEV), quien lanza un mensaje claro de tranquilidad a la población y subraya la importancia de seguir estrictamente los protocolos de revisión y control.
En el País Vasco, el Servicio Vasco de Salud —Osakidetza— ha reconocido que se administraron vacunas hexavalentes caducadas, en su mayoría a bebés, en 12 de las 13 organizaciones sanitarias del territorio, un fallo que ha sido calificado por la propia consejería como un «grave error» y que ha llevado a la apertura de una investigación interna para determinar cómo se produjo la falla en los controles de caducidad. Las autoridades insisten en que no se han detectado efectos adversos ni riesgos para la salud por estas dosis.
«El primer concepto que hay que tener claro es que la administración de una vacuna caducada no incrementa bajo ningún contexto la aparición de reacciones adversas«, afirma Moraga-Llop en declaraciones a este medio. En este sentido, insiste en que el perfil de seguridad es exactamente el mismo que el de una vacuna dentro de su fecha de uso: «Tiene el mismo riesgo de reacción adversa una vacuna X caducada que una vacuna X no caducada».
«Hay que tener claro que la administración de una vacuna caducada no incrementa bajo ningún contexto la aparición de reacciones adversas»
Este mensaje resulta especialmente relevante para las familias y personas que han podido verse afectadas por la administración de alguna dosis fuera de plazo. «El primer mensaje es de tranquilidad. No hay un incremento del riesgo para la salud, no va a pasar nada en ese sentido», recalca el experto.
Pérdida progresiva de eficacia en la vacuna
La razón por la que las vacunas, como cualquier medicamento o producto biológico, cuentan con una fecha de caducidad está relacionada exclusivamente con su eficacia. Con el paso del tiempo, los componentes activos pueden ir perdiendo potencia, lo que compromete la capacidad de generar una respuesta inmunitaria adecuada.
«Como cualquier producto biológico, las vacunas van perdiendo efectividad a lo largo del tiempo», explica Moraga-Llop. Por este motivo, desde el punto de vista de la práctica vacunal, una dosis administrada una vez superada la fecha de caducidad «no debe contar y no es válida en la pauta de vacunación de ese paciente».
«Como cualquier producto biológico, las vacunas van perdiendo efectividad a lo largo del tiempo»
Esto implica que, en la mayoría de los casos, la dosis debe repetirse. «Lo correcto es volver a administrar otra dosis«, señala el portavoz de la AEV, quien aclara que este criterio se aplica a «todo tipo de vacunas y formulaciones».
Repetición de dosis y pautas completas
La repetición de la dosis no se realiza de manera inmediata, sino respetando un intervalo de tiempo recomendado. «Hay que dejar un intervalo, que suele estar entre uno y dos meses», apunta Moraga-Llop. En algunos casos, la situación puede ser más compleja. El experto aclara además que en los casos de las personas que han recibido más de una dosis caducada, hay que repetirlas todas.»Esas dos dosis no cuentan», subraya.
Como ejemplo, Moraga-Llop explica que, si un niño tiene una pauta de tres dosis —por ejemplo, a los dos, cuatro y once meses— y las dos primeras se administraron con vacunas caducadas, «ese niño tiene que recibir tres dosis válidas», independientemente de las administradas previamente fuera de fecha.
Aunque Moraga-Llop reconoce que desconoce las circunstancias concretas que pueden llevar a que se administre una vacuna caducada, sí subraya que se trata de un hecho excepcional. En condiciones normales, el control de fechas de caducidad forma parte de los procedimientos básicos antes de administrar cualquier medicamento. «Antes de poner una vacuna o de tomarse un medicamento, siempre hay que mirar la cajita», recuerda.
Importancia del margen de caducidad
El portavoz de la AEV también introduce un matiz relevante: no todas las situaciones son idénticas desde el punto de vista de la eficacia. «No es lo mismo ponerse una vacuna que ha caducado hace dos días que hace tres meses», explica, ya que la pérdida de efectividad es progresiva y depende del tiempo transcurrido desde la fecha límite.
No obstante, el criterio sanitario es claro y no admite excepciones. «Para tener las ideas claras, no se debe administrar ninguna vacuna bajo ningún concepto si está caducada», afirma con rotundidad.
El mensaje que la AEV y su portavoz trasladan a la ciudadanía es doble: tranquilidad en términos de seguridad y responsabilidad en el seguimiento de las pautas vacunales. «Que estén tranquilas, que no va a pasar nada», insiste Moraga-Llop, aunque matiza que «sí va a pasar algo en el sentido de que esas personas tendrán que volver a ponerse una o dos dosis, según el caso».
Un recordatorio, en definitiva, de que la seguridad de las vacunas está garantizada incluso en situaciones excepcionales, pero que el cumplimiento estricto de los calendarios y las fechas de caducidad es clave para asegurar una protección inmunológica efectiva.