La vacunación contra la COVID-19 y la gripe: un escudo protector frente al riesgo futuro de cáncer de pulmón

La investigación detalla cómo los cambios en las células epiteliales y alveolares tras una neumonía aceleran el crecimiento de tumores. La inmunización no solo evita la hospitalización, sino que bloquea las alteraciones celulares que derivan en cáncer

El estudio ‘Respiratory viral infections prime accelerated lung cancer growth‘ liderado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia (UVA) y publicado en la revista Cell, revela una conexión directa entre las infecciones respiratorias graves por COVID-19 o gripe y un aumento significativo en las probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón meses o incluso años después de la recuperación. Sin embargo, la conclusión más potente de este trabajo es que la vacunación actúa como un bloqueador eficaz, impidiendo que estas infecciones «reprogramen» los pulmones para facilitar la aparición de tumores.

Este análisis no tiene precedentes por su escala, ya que el equipo de Jie Sun evaluó datos de salud de 76 millones de adultos procedentes de Estados Unidos, Líbano y Arabia Saudí. Los resultados son contundentes: las personas hospitalizadas por COVID-19 mostraron un incremento de 1,24 veces (un 24%) en el riesgo de diagnóstico de cáncer de pulmón en comparación con quienes no sufrieron cuadros graves.

Lo más sorprendente para los investigadores es que este riesgo elevado se mantuvo independientemente de si los pacientes eran fumadores o si padecían otras enfermedades previas. Es decir, una infección viral severa puede, por sí sola, preparar el terreno para el cáncer incluso en pulmones previamente sanos.

La «reprogramación» celular: ¿por qué ocurre el cáncer?

Para comprender la raíz del problema, los científicos realizaron experimentos complementarios con ratones. Descubrieron que una infección respiratoria no solo causa daño inmediato, sino que provoca una alteración persistente en las células inmunitarias encargadas de proteger los pulmones: los neutrófilos y los macrófagos.

Tras un cuadro grave, estas células suelen quedar en un estado de «memoria inflamatoria». En lugar de defendernos, algunos neutrófilos se vuelven rebeldes y crean un entorno pro-tumoral. Esta inflamación crónica actúa como un abono que permite a las células cancerosas proliferar con mayor facilidad. Además, se identificaron cambios drásticos en las células epiteliales que recubren los alvéolos, las estructuras vitales para el intercambio de oxígeno.

La vacuna como medicina preventiva a largo plazo

La investigación subraya un mensaje vital: las vacunas hacen mucho más que evitar una muerte inmediata por virus. Según Jie Sun, la vacunación previene en gran medida estos cambios dañinos en el sistema inmunitario pulmonar. Al entrenar al cuerpo para combatir el virus de forma más eficiente, la inmunización reduce la gravedad de la infección y, por tanto, evita la «cicatrización inmunitaria» que favorece el cáncer.

En estos pacientes, no se produjo la inflamación masiva necesaria para activar el proceso tumoral, lo que refuerza la idea de que la clave está en prevenir la hospitalización y los cuadros severos mediante la inmunización.

Hacia un nuevo protocolo: ¿vigilancia similar a la del tabaquismo?

Los expertos sugieren que este descubrimiento debería cambiar la forma en que el sistema sanitario sigue a los supervivientes de enfermedades críticas. Jeffrey Sturek, colaborador de la UVA, argumenta que, así como hoy monitorizamos a los fumadores, deberíamos considerar a los recuperados de cuadros graves de neumonía, gripe o covid como pacientes de riesgo.

La recomendación clínica es clara: realizar tomografías computarizadas (TAC) de detección temprana de forma rutinaria en estos pacientes.

Jie Sun, director del estudio

Aunque el vínculo causal es sólido en los modelos animales y la asociación estadística en humanos es significativa, algunos expertos independientes señalan ciertas limitaciones. Por ejemplo, Charlotte Kuperwasser de la Universidad de Tufts sugiere que el aumento de diagnósticos tras el COVID-19 podría deberse parcialmente a un incremento en las pruebas de imagen realizadas a esos pacientes hospitalizados, lo que permite detectar tumores incidentales que ya estaban allí. No obstante, los datos del modelo animal confirman que la infección viral per se acelera el crecimiento de los tumores.

Este estudio fomenta la prevención activa. Con millones de personas sufriendo secuelas pulmonares a largo plazo, entender que las vacunas son una forma de protección indirecta contra el cáncer añade una nueva dimensión a la importancia de los calendarios de vacunación anuales contra la gripe y la COVID-19.


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