La vacunación frente al herpes zóster, clave en el abordaje del paciente con enfermedades crónicas

La evidencia científica refuerza la vacunación como una estrategia clave para reducir complicaciones y mejorar la calidad de vida en pacientes con patologías crónicas

herpes zóster

Las enfermedades crónicas concentran en la actualidad más del 80% del consumo de recursos sanitarios en Europa y afectan a uno de cada tres ciudadanos en España, con una prevalencia especialmente elevada en mayores de 65 años. A este escenario, marcado por el envejecimiento poblacional y el aumento de la esperanza de vida, se suma un reto añadido: la mayor vulnerabilidad de estos pacientes frente a determinadas enfermedades infecciosas, entre ellas el herpes zóster, una patología con un impacto clínico y social infravalorado.

Diversos estudios han demostrado que las personas con enfermedades crónicas presentan una mayor susceptibilidad a infecciones debido al deterioro de su sistema inmunitario, provocado tanto por la propia enfermedad de base como por los tratamientos recibidos. Esta situación se ve agravada a partir de los 50 años, cuando aparece la inmunosenescencia, un declive progresivo de la respuesta inmune que afecta tanto a la inmunidad innata como a la adaptativa.

El herpes zóster y sus complicaciones

El herpes zóster es consecuencia de la reactivación del virus varicela-zóster, que permanece latente en el organismo tras la primoinfección. Aunque su mortalidad es baja, sus complicaciones representan un importante problema de salud pública en los países occidentales.

La enfermedad suele iniciarse con síntomas prodrómicos inespecíficos —cefalea, fiebre o mialgias— que preceden a la aparición de la erupción vesicular unilateral característica, acompañada de dolor intenso. Aunque las lesiones cutáneas suelen resolverse en unas semanas, el impacto del herpes zóster no termina ahí. Hasta un 30% de los pacientes desarrolla neuralgia postherpética, un dolor persistente que se prolonga durante meses o incluso años y que con frecuencia es refractario a los tratamientos analgésicos habituales.

Otras complicaciones relevantes incluyen el herpes zóster oftálmico, con riesgo de pérdida visual, el síndrome de Ramsay-Hunt, asociado a parálisis facial y pérdida de audición, y un aumento del riesgo de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares tras el episodio agudo.

Impacto en personas con enfermedades crónicas

La evidencia científica muestra de forma consistente que los pacientes con enfermedades crónicas no solo tienen un mayor riesgo de desarrollar herpes zóster, sino que también presentan formas más graves y una mayor probabilidad de complicaciones.

En patologías como la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma o las enfermedades cardiovasculares, el riesgo de herpes zóster es significativamente superior al de la población general. Además, la coexistencia de varias enfermedades crónicas incrementa aún más esta probabilidad, al igual que el riesgo de recurrencias.

En el caso de la diabetes, las personas afectadas tienen hasta el doble de riesgo de padecer herpes zóster, riesgo que se triplica en mayores de 65 años. Este aumento se asocia a la hiperglucemia crónica y a alteraciones de la inmunidad celular específica frente al virus. Además, un episodio de herpes zóster puede deteriorar el control glucémico, aumentar la hemoglobina glicosilada y conllevar un mayor uso de recursos sanitarios durante meses.

En pacientes con EPOC, la inflamación crónica y la disfunción inmunitaria elevan el riesgo de herpes zóster en más de un 40%, especialmente en aquellos tratados con corticosteroides inhalados o sistémicos. Estos pacientes presentan además un mayor consumo de recursos sanitarios y un riesgo incrementado de neuralgia postherpética.

El asma también se asocia a una mayor incidencia de herpes zóster, relacionada con el desequilibrio inmunológico Th1/Th2 característico de esta enfermedad. Los pacientes asmáticos no solo desarrollan con más frecuencia herpes zóster, sino que tienen un mayor riesgo de afectación oftálmica y de dolor persistente.

Por su parte, la relación entre herpes zóster y enfermedades cardiovasculares es bidireccional. Tras un episodio de herpes zóster, aumenta de forma significativa el riesgo de infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular, especialmente en el primer mes, mientras que los pacientes con antecedentes cardiovasculares presentan una mayor probabilidad de hospitalización si desarrollan la infección.

Vacunación frente al herpes zóster

Ante este escenario, la vacunación emerge como una estrategia clave de prevención. En España, la vacuna recombinante adyuvada frente al herpes zóster (RZV) es, desde 2021, la única disponible para prevenir la enfermedad y sus complicaciones. Está indicada en adultos a partir de los 50 años y en personas desde los 18 años con mayor riesgo de herpes zóster.

Los ensayos clínicos pivotales han demostrado una eficacia superior al 90% en la prevención del herpes zóster y de la neuralgia postherpética, con una protección mantenida durante más de una década. Además, los estudios muestran que esta elevada eficacia se mantiene en personas con enfermedades crónicas, independientemente del número de comorbilidades.

La seguridad y efectividad de la vacuna también han sido confirmadas en estudios en vida real, incluidos pacientes inmunodeprimidos y personas de edad avanzada. Los efectos adversos más frecuentes son locales o sistémicos leves y transitorios, con un perfil beneficio-riesgo favorable.

Las recomendaciones oficiales en España incluyen la vacunación sistemática a partir de los 65 años y en determinados grupos de riesgo. No obstante, existen diferencias entre comunidades autónomas en cuanto a la financiación y la inclusión de pacientes con enfermedades crónicas, lo que genera inequidades en el acceso.

Diversas sociedades científicas y guías internacionales coinciden en recomendar la vacunación frente al herpes zóster en pacientes con diabetes, EPOC, asma y enfermedades cardiovasculares a partir de los 50 años, integrándola dentro del manejo global del paciente crónico.

Integrar la prevención en la práctica clínica

A pesar de la evidencia disponible, la vacunación en adultos y en pacientes crónicos sigue siendo una práctica infrautilizada. Con frecuencia, la prevención se limita a campañas estacionales como la de la gripe, sin incorporar de forma sistemática otras vacunas recomendadas.

Los expertos subrayan la necesidad de integrar la vacunación frente al herpes zóster en la atención habitual del paciente crónico, tanto en atención primaria como en el ámbito hospitalario. La coordinación entre niveles asistenciales y un mensaje homogéneo por parte de los profesionales sanitarios son claves para mejorar las coberturas y concienciar a los pacientes sobre los beneficios de la prevención.

En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la cronicidad, la vacunación frente al herpes zóster se perfila como una herramienta esencial para reducir complicaciones, mejorar la calidad de vida y avanzar hacia un envejecimiento más saludable.


También te puede interesar…