La actividad global de la gripe estacional se ha intensificado de forma sostenida desde el mes de octubre, coincidiendo con el inicio del invierno en el hemisferio norte y con un aumento de las infecciones respiratorias agudas. Aunque los niveles globales se mantienen dentro de los patrones esperados para esta época del año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de variaciones significativas por regiones y de un fenómeno que vigila con especial atención: la rápida expansión del subclado A(H3N2) J.2.4.1, conocido como subclado K, detectado ya en más de 34 países desde agosto de 2025.
Pese a que no se ha observado un aumento en la gravedad clínica asociado a este virus, su avance rápido y su deriva genética respecto a otros A(H3N2) representan una evolución notable que podría tener implicaciones en la efectividad vacunal y en la dinámica epidemiológica de la temporada.
La OMS subraya que las primeras estimaciones sugieren que la vacuna contra la influenza continúa brindando protección contra la hospitalización tanto en niños como en adultos, aunque su efectividad contra la enfermedad clínica durante la temporada actual sigue siendo incierta. «Las vacunas siguen siendo esenciales, especialmente para las personas con alto riesgo de complicaciones por la influenza y sus cuidadores», destacan en el comunicado.
Un incremento temprano y heterogéneo por regiones
En las zonas templadas del hemisferio norte, la circulación gripal comenzó a intensificarse antes de lo habitual. La Región Europea de la OMS declaró el inicio oficinal de la temporada 2025-2026 a mediados de noviembre, unas cuatro semanas antes de la mediana histórica.
En muchos países del oeste europeo, las consultas por síndrome gripal y las hospitalizaciones empezaron a crecer antes que en temporadas previas, con una clara predominancia del virus A(H3N2).
En Estados Unidos y Canadá también registran un aumento progresivo de casos, con expansión demostrada del subclado K. En México, sin embargo, continúa predominando A(H1N1)pdm09, reflejando la diversidad de patrones por subregión.
En el hemisferio sur, la temporada fue especialmente prolongada en algunos países y aún no ha regresado del todo a niveles interepidémicos. Nueva Zelanda y Fiyi muestran una actividad gripal inusualmente elevada para esta época del año, mientras que Australia ha comenzado a ver un descenso tras semanas de circulación intensa, también impulsada por A(H3N2).
En las regiones tropicales, donde la gripe circula prácticamente todo el año, la proporción de virus A(H3N2) ha crecido de forma continua desde agosto, desplazando progresivamente al A(H1N1)pdm09.
Subclado K: un cambio evolutivo relevante
El elemento central de preocupación de la OMS esta temporada es la expansión global del subclado A(H3N2) K, que presenta múltiples cambios de aminoácidos en la hemaglutinina (HA) respecto al clado J.2.4 del que deriva. Su presencia se ha disparado desde agosto de 2025 en países del Pacífico Occidental como Australia y Nueva Zelanda, y posteriormente en Asia y Europa.
Por otro lado, aunque la transmisión en Sudamérica sigue siendo limitada—no se ha detectado el subclado K en la región hasta el 4 de noviembre—, la OMS considera su seguimiento prioritario por la velocidad de expansión y por el papel dominante que está adoptando en varias regiones. Solo en la región del Pacífico Occidental, casi 9 de cada 10 secuencias remitidas a GISAID corresponden ya a este subclado.
Pese a ello, no hay evidencia de un aumento de la gravedad. Los casos hospitalizaciones, perfiles clínicos y tasas de complicaciones mantienen una distribución semejante a la de los A(H3N2) habituales, asegura la Organización.
Vacunación: protección frente a cuadros graves
Las primeras estimaciones de efectividad vacunal, aunque preliminares, son alentadoras: entre 70 y 75% de protección frente a hospitalización en niños y entre 30 y 40% en adultos. Sin embargo, no está claro aún el nivel de protección frente a la enfermedad clínica leve o moderada, y persiste incertidumbre sobre cómo la vacuna rendirá frente al sublado K.
Aún así, la OMS recalca que la vacunación sigue siendo una de las medidas de salud pública más efectivas. Incluso con desajustes genéticos, las vacunas pueden proteger frente a virus derivados y prevenir complicaciones graves, especialmente en grupos de riesgo.
Según la Organización, actualmente, todas las vacunas incluyen tres componentes: A(H1N1)pdm09, A(H3N2) y B/Victoria.
Situación por regiones
La OMS detalla en su informe un panorama variado:
- África: aumento progresivo desde septiembre, predominio claro de A(H3N2), con picos regionales previos en Sudáfrica durante mayo.
- Mediterráneo Oriental: crecimiento marcado en octubre, más heterogéneo por zonas; A(H3N2) domina en la Península Arábiga, pero en países del norte de la región prevalece A(H1N1)pdm09.
- Europa: inicio temprano de temporada, hospitalizaciones en alza especialmente entre mayores de 65 años, predominio indiscutible de A(H3N2).
- Américas: los países australes vivieron una temporada prolongada de A(H1N1)pdm09, seguida por repunte de A(H3N2); en Estados Unidos y Canadá el subclado K se está expandiendo.
- Sudeste Asiático: actividad máxima en agosto; India, Nepal, Tailandia y Sri Lanka notifican detecciones crecientes de A(H3N2), incluyendo secuencias del subclado K.
- Pacífico Occidental: actividad elevada y anticipada, con Japón y Corea del Sur iniciando temporada antes de lo habitual; Nueva Zelanda y Fiyi muestran niveles inusuales para este periodo.
Presión sobre los sistemas sanitarios y recomendaciones
El incremento global de influenza y otros virus respiratorios puede generar presión significativa sobre los sistemas sanitarios, especialmente en países con menor capacidad de diagnóstico, vigilancia y camas hospitalarias. La OMS insiste en la importancia de:
- mantener la vigilancia virológica y epidemiológica, clave para detectar cambios relevantes en virus circulantes;
- mejorar las capacidades de laboratorio y la respuesta a brotes;
- reforzar la comunicación de riesgos y la información basada en evidencia, para asegurar confianza y combatir la desinformación;
- potenciar la vacunación de grupos de riesgo, incluidos profesionales sanitarios.
En el ámbito clínico, la OMS recuerda que la mayoría de los casos son leves y autolimitados, pero que la identificación temprana de casos graves y el uso adecuado de antivirales en personas de alto riesgo puede reducir hospitalizaciones. Además, recomienda medidas de control de infecciones en los centros sanitarios, incluyendo aislamiento, uso de mascarillas y protección adicional en procedimientos que conlleven el uso de aerosoles.
A pesar del aumento de la actividad gripal y la expansión del subclado K, la OMS no recomienda restricciones de viaje ni comercio con ningún país, al no existir evidencias de mayor gravedad o impacto global inusual.