Vacunas frente al COVID-19: nuevas variantes, estacionalidad y coberturas

Gil (URJC), Trilla (Clinic), Canchucaja (SEGG), Román (Sanidad C-LM), Gómez (SERGAS) y De Miguel (H12O) reflexionan sobre cómo optimizar la inmunización frente al virus

Tras cinco años desde el inicio de la pandemia por COVID-19, es evidente que la preparación ante futuras emergencias sanitarias requiere un enfoque más estratégico, sostenido en la evidencia y reforzado por la colaboración multisectorial. En este contexto, desde Fundamed, con el apoyo de Hipra, se ha puesto en marcha el Grupo de Trabajo: «Covid-19: Tecnologías y planes de vacunación», con el objetivo de analizar los aprendizajes acumulados y contribuir al desarrollo de propuestas útiles y aplicables en el presente y futuro.

Este Grupo de Trabajo, que ha contado con la coordinación del profesor Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, ha abordado cuestiones clave como la evolución de las plataformas tecnológicas de vacunas; la cobertura vacunal y estrategias dirigidas a profesionales sanitarios y pacientes; la respuesta ante nuevas variantes del SARS-CoV-2 y su impacto; la estacionalidad de la COVID-19; el valor de las estrategias de vacunación heterólogas o mixtas, así como presentaciones monodosis; la vacunación en adolescentes y colectivos específicos o la seguridad vacunal, monitorización de efectos adversos y percepción social.

En concreto, el panel de expertos ha estado conformado por Antoni Trilla, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (Universidad de Barcelona), Decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud (Universidad de Barcelona) y jefe del servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología (Hospital Clínic de Barcelona); Lizzeth Canchucaja Gutarra, Miembro del Grupo de Trabajo de Infecciones y Vacunas de la Sociedad Española de Gerontología y Geriatría (SEGG); Carmen Román, responsable del Servicio de Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha; José Gómez Rial, jefe de Servicio de Inmunología del Servicio Galego de Saúde de la Xunta de Galicia; Fernando Fariñas, director del Instituto de Inmunología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ICII), y Sara de Miguel, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y Bioquímica Clínica del Hospital Universitario 12 de Octubre.

Plataformas de vacunas COVID-19

Las plataformas de vacunas COVID-19 demostraron con creces su potencial durante la pandemia: ofrecieron una rápida adaptación frente a variantes, alta inmunogenicidad (humoral y celular), seguridad en inmunocomprometidos y escalabilidad en producción y estabilidad logística. Esto facilita notablemente poder dar respuestas eficientes y personalizables ante brotes epidémicos emergentes como el que se vivió en 2020.

Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos

Los expertos coincidieron en que la elección de vacunas frente a la COVID-19 se basó en rapidez de diseño, escalabilidad industrial, adaptabilidad a variantes y disponibilidad inmediata, garantizando así una cobertura global en tiempo récord.

Vacunación de sanitarios

Pese a que ya se ha demostrado que las vacunas salvan vidas, a día de hoy, continúa habiendo reticencias. Lo más sorprendente es que estas están presentes en los sanitarios. Esto se ha postulado como uno de los grandes desafíos para la salud pública, dado que con sanitarios enfermos no se lograrán pacientes sanos. Sobre ello, Román aseveró que «es parte del código deontológico proteger a tus pacientes». De hecho, Trilla alertó de que «los sanitarios que trabajan en Urgencias y las UCIs de respiratorio son los que menos se vacunan». Además, se puso sobre la mesa si la disminución de los efectos adversos podría aumentar la aceptación de la vacunación, algo sobre lo que los expertos estuvieron totalmente de acuerdo. Gómez incidió en que contar con vacunas inmunogénicas y con menos reactogeneicidad va a ayudar a las coberturas, dado que «los sanitarios comparan la del COVID-19 con la de la gripe en este sentido».

Siguiendo esta línea, De Miguel sostuvo que, en muchas ocasiones, pese a que ya dan por sentado que van a tener la reacción adversa, «no encuentran el momento para elegir cuándo ponerse la vacuna porque saben que van a estar mal». Al respecto, Canchucaja añadió que «los sanitarios intentan organizarse con las guardias y nunca encuentran el momento adecuado», de ahí la importancia de hacer la vacunación más flexible y accesible para los profesionales. El mensaje de los expertos al respecto fue más que claro: se debe impulsar la vacunación entre sanitarios para que los pacientes tomen de referencia su actuación y la consideren como una «garantía» de cara a vacunarse.

Variantes SARS-CoV-2

Desde la aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 —como Delta, Ómicron y, la más reciente, NB.1.8.1— los sistemas de salud a nivel mundial han intensificado la vigilancia genómica, actualizando protocolos de secuenciación y fortaleciendo las redes epidemiológicas. En esta línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades sanitarias de cada país también han reforzado la vacunación, promoviendo dosis de refuerzo anuales adaptadas a las cepas circulantes y extendiendo campañas de inmunización, especialmente en poblaciones vulnerables. Gómez afirmó que «la Ómicron inicial y la de ahora no tienen nada que ver», por ello, igual «hay que darle una vuelta a la nomenclatura del virus porque nos hemos quedado congelados en Ómicron». Al hilo de esto Canchucaja añadió que «hay que simplificar el nombre de las variantes», incluso Gil sostuvo que «la única información que hay que dar es la vacuna disponible para esa temporada y ese año, no entrar en nada más».

Estacionalizar ¿sí o no?

Otro de los puntos candentes del encuentro fue si se debe ‘estacionalizar’ la COVID-19, al igual que se hizo con la gripe. Pese que algunos expertos consideraron que la COVID-19 podría establecer patrones estacionales similares a los de la influenza, la evidencia aún dibuja un horizonte incierto. Gómez incidió en que «estamos haciendo una vacuna estacional de un virus que no es estacional actualmente». En este sentido, aseveró que, pese a que la logística favorece la vacunación conjunta, hay que explicar muy bien a la población el por qué se mueve la fecha de vacunación, por ejemplo, a abril-mayo: «Si no se lo explicamos bien igual las coberturas son aún menores».

Antoni Trilla, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Barcelona

Los expertos remarcaron que hasta la fecha no se ha establecido un patrón estacional completamente similar al de la gripe. Aunque los picos de incidencia tienden a concentrarse en otoño e invierno, impulsados por factores como el mayor tiempo en interiores y la menor ventilación, el comportamiento del SARS-CoV 2 no es completamente predecible. No obstante, incidieron en que aprovechar la estacionalidad parcial emergente del virus permite una estrategia vacunal alineada con los riesgos previsibles, reforzando la inmunidad colectiva de forma coherente y sistemática.

Paralelamente, sacaron a colación que la influencia de la estacionalidad del virus impulsa la recomendación de una dosis única anual tipo gripe, administrada preferiblemente antes de la temporada respiratoria para facilitar la organización de campañas y que la población relacione fácilmente el refuerzo con el periodo de mayor circulación. No obstante, mencionaron que esta estrategia puede requerir ajustes según el grupo de riesgo y los antecedentes vacunales.

Vacunación heteróloga y monodosis

Las estrategias heterólogas de vacunación han demostrado potenciar la respuesta inmune, con incremento en anticuerpos neutralizantes, células B de memoria y T CD8+, además de ampliar la protección frente a variantes del SARS CoV 2. Estos esquemas aportan mayor flexibilidad logística y sirven para ‘sortear’ posibles desabastecimientos. En cuanto a las vacunas monodosis, ofrecen la ventaja de requerir solo una inyección, de forma que facilita su almacenaje y el desarrollo de campañas rápidas, algo especialmente relevante en entornos vulnerables.

José Gómez Rial, jefe de Servicio de Inmunología del Servicio Galego de Saúde de la Xunta de Galicia

Sobre ello, los expertos indicaron que las estrategias heterólogas ofrecen respuestas inmunitarias más potentes y mejor reactividad frente a variantes, con efectos adversos leves y transitorios. Con respecto a las ventajas de la presentación monodosis explicaron que favorece la adherencia, simplifica la logística, reduce errores y residuos; aunque puede proporcionar menor respuesta inmunológica en personas no inmunizadas o con alto riesgo. Gil aseveró que «la monodosis es una oportunidad y una ventaja desde el punto de vista de salud pública”, además Canchucaja afirmó que “podría aumentar las coberturas». De hecho, Gómez sostuvo que “la multidosis, a día de hoy, es un inconveniente”. “Se prefiere monodosis y vacunación individual”, indicó.

Empezar por los adolescentes

Pese a que los adolescentes no son una población diana en el marco de la vacunación contra la COVID-19 en términos de que las probabilidades de complicaciones son mucho menores, con el objetivo de alcanzar la deseada ‘inmunidad comunitaria’, resulta crucial poner el foco en esta población. La prevención individual de complicaciones, la reducción del tiempo de transmisión y, por lo tanto, menor propagación del virus, la protección indirecta de personas vulnerables, el mantenimiento de la actividad educativa y social, y la generación de inmunidad poblacional son las principales razones para apostar por la vacunación de los adolescentes según el panel de expertos. De hecho, pusieron sobre la mesa que la falta de percepción del riesgo personal, el cansancio o saturación frente a mensajes continuos sobre la pandemia, los efectos adversos graves y raros y la percepción de que el riesgo de infección es bajo alimentan la desconfianza entre esta población.

Lizzeth Canchucaja, miembro del GT de Infecciones y Vacunas de la Sociedad Española de Gerontología y Geriatría (SEGG)

No obstante, el Grupo de Trabajo indicó que la recomendación en esta parcela de población debe ser muy concreta y para perfiles seleccionados como, por ejemplo, jóvenes que convivan con inmunodeprimidos o con personas mayores. Al respecto, De Miguel mencionó que «el mensaje tiene que quedar claro en cuanto a la protección indirecta», algo con lo que Gómez estuvo de acuerdo y añadió que «se debe incidir en cómo es una infección en una persona vacunada que en una no vacunada». «En los adolescentes hay que remarcar el concepto de inmunidad de grupo», sostuvo. Bajo el punto de vista de Trilla, «apostar por una recomendación concreta a adolescentes con factores de riesgo sería acertado, pero una recomendación general está condenada al fracaso».

Sólida seguridad

Las vacunas contra la COVID-19 tienen un perfil de seguridad sólido: los efectos secundarios más frecuentes son leves y temporales, como dolor en el lugar de inyección, fatiga, fiebre o dolores musculares, desapareciendo los mismos en pocos días. Entre los efectos adversos de especial interés, se incluyen anafilaxia y, muy raramente, miocarditis o pericarditis en jóvenes tras dosis de ARNm, con frecuencia leve y recuperación rápida. En cuanto a las vacunas de vector, se han asociado casos excepcionales de trombosis con trombocitopenia, que siguen siendo muy infrecuentes.

Carmen Román, responsable del Servicio de Epidemiología de la DG de SP de la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha

El Grupo de Trabajo indicó que para diferenciar si un evento adverso tras la vacunación es una mera coincidencia temporal o tiene una relación causal, se aplican principios epidemiológicos sólidos que incluyen la evaluación de la plausibilidad biológica, la relación dosis-respuesta y el análisis de frecuencia del evento antes y después de la vacunación.

Motivo de ello, actualmente, las autoridades reguladoras vigilan permanentemente estos eventos, ratificando que los beneficios superan con creces los riesgos. Ya la propia OMS ratificó que los beneficios en la reducción de hospitalizaciones y muertes superan con creces estos riesgos, respaldando así el uso de las vacunas como una herramienta efectiva y segura para proteger la salud pública global.
Trilla insistió en que «las ratios de riesgo-beneficio se tienen que ir ajustando». De hecho, afirmó que «esto es una asignatura pendiente».

Sobre ello, Gómez señaló que el balance riesgo-beneficio actual no es el mismo que el día 0 de la pandemia. No obstante, matizó que «hay que estratificarlo por ciertos grupos poblacionales porque una persona inmunodeprimida igual sigue teniendo el mismo riesgo de mortalidad, pero un adulto vacunando no». Al respecto, alertó de que «si dejamos de vacunar el virus puede volver a dar sorpresas y no lo estamos teniendo en cuenta». De hecho, insistió en que «igual en 5 años se vuelven a encontrar con grandes bolsas de personas no vacunadas». Por su parte, Román señaló que «tener menos riesgo no implica tener menos beneficio de la vacunación».

Sara de Miguel, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y Bioquímica Clínica del Hospital 12 de Octubre

Para los expertos, la evidencia acumulada avala de forma contundente que los beneficios de la vacunación superan ampliamente los riesgos potenciales, tanto en protección individual frente a cuadros severos de enfermedad como en la reducción de la transmisión comunitaria y la presión sobre los sistemas sanitarios. A su vez, sostuvieron que las vacunas basadas en proteínas recombinantes adyuvadas suelen presentar un perfil de reactogenicidad más bajo.

Pese a ello, todos y cada uno de los miembros del Grupo de Trabajo hicieron hincapié en que la totalidad de las vacunas autorizadas presentan un balance riesgo beneficio adecuado y aceptable y todas las plataformas aprobadas exhiben un excelente perfil de seguridad frente a eventos adversos graves. Finalmente, aseveraron que contar con vacunas que presenten un buen perfil de tolerancia podría mejorar notablemente las coberturas, especialmente si éstas mantienen una buena inmunogenicidad.


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