El sistema sanitario español presenta una de las paradojas más notables de Europa, como se publica en el informe de salud en la Unión Europea de España 2025. Por un lado, ostenta un logro extraordinario: en 2024, España alcanzó una esperanza de vida de 84 años, una de las más altas de la Unión Europea y un testimonio del éxito de su modelo de salud.
Sin embargo, este brillante resultado convive con una realidad de desafíos estructurales persistentes, marcada por una financiación que se mantiene por debajo de la media europea y que, además, el Gobierno, presionado por sus apoyos parlamentarios, intenta desestabilizar, provocando una inequidad territorial que va a afectar a la financiación sanitaria y, por otro lado, tenemos una presión creciente sobre sus profesionales.
Tenemos indicadores de salud de primer nivel
Antes de analizar sus debilidades, es crucial entender el rendimiento del sistema sanitario español a través de sus resultados objetivos. Más allá de los debates sobre gestión y financiación, los datos sitúan a España en una posición de liderazgo indiscutible. Sin embargo, este éxito oculta una advertencia crítica: si bien los españoles viven más tiempo, no necesariamente viven mejor. La esperanza de vida en buena salud se ha reducido, especialmente entre las mujeres, situándose más de dos años por debajo del promedio europeo, lo que apunta a un deterioro en la calidad de vida a pesar de la longevidad.
«Más allá de los debates sobre gestión y financiación, los datos sitúan a España en una posición de liderazgo indiscutible. Sin embargo, este éxito oculta una advertencia crítica: si bien los españoles viven más tiempo, no necesariamente viven mejor»
Aun con este matiz, los informes más recientes de la OCDE y el Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud dibujan un panorama de logros notables en esperanza de vida, mortalidad evitable, mejoras en atención a enfermedades cardiovasculares y cáncer y una Atención Primaria con un buen funcionamiento a pesar de la necesidad de especialistas.
Estos excelentes resultados, sin embargo, contrastan de manera sorprendente con la realidad de los recursos financieros que los sustentan.
Déficit en la financiación
La capacidad del país para mantener indicadores de salud de élite a pesar de una inversión comparativamente modesta es, a la vez, un motivo de orgullo y una fuente de creciente preocupación sobre su viabilidad a largo plazo.
El análisis de la inversión sanitaria revela una brecha estructural significativa. En 2023, el gasto sanitario representó el 9,2% del PIB, una cifra por debajo de la media europea. Esta diferencia se agudiza al examinar el gasto per cápita, que se situó en 3.137 euros, aproximadamente una quinta parte inferior al promedio de la UE. Materializándose en la presión insostenible que recae sobre el activo más valioso del sistema: su personal.
Los profesionales sanitarios
La calidad, la accesibilidad y la resiliencia de la atención sanitaria dependen directamente del bienestar y la disponibilidad de sus profesionales. En este ámbito, el sistema español muestra signos de agotamiento, caracterizados por un desequilibrio estructural en sus plantillas que es síntoma de una planificación deficiente y un motor de ineficiencia. Una necesidad de médicos especialistas en el ámbito fundamentalmente de Atención Primaria y un déficit crítico de enfermeras generan cuellos de botella, sobrecargas en los sanitarios con tareas no clínicas y, en última instancia, deterioran la calidad asistencial.
La tensión asistencial en los sanitarios lleva a la necesidad de actualizar el ordenamiento jurídico, contando con todos los profesionales sanitarios y atendiendo las particularidades de cada categoría profesional.
La epidemia silenciosa de la Salud Mental
La salud mental se ha convertido en uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios modernos, y es un área donde las carencias del modelo español son particularmente visibles.
La magnitud del problema es considerable; para abordarlo es precisa más financiación. Actualmente, se destina a cada español 0,88 euros y abordar el déficit considerable de sanitarios especialistas, psiquiatras, psicólogos clínicos y enfermeras de salud mental.
Como conclusión, se aprecian signos de agotamiento en el sistema sanitario español para alcanzar la excelencia en resultados de salud, con una financiación y unos recursos humanos inferiores a los de su entorno. La creciente presión sobre los profesionales, el deterioro de la confianza ciudadana y la profunda brecha en la atención a la salud mental no son fisuras aisladas, sino la evidencia de que la sostenibilidad de este modelo está en riesgo. Proteger el que es considerado uno de los pilares del Estado del bienestar exige una reflexión profunda y una acción decidida. Mantener los logros históricos y afrontar los retos del futuro requerirá una inversión estratégica, planificada y sostenida que no solo preserve la calidad asistencial, sino que garantice el derecho fundamental a una atención digna y universal para todos.
*Elvira Velasco, portavoz de Sanidad del Grupo Parlamentario Popular