La Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), junto a otras organizaciones médicas españolas, está solicitando cambios estructurales y políticas a largo plazo que permitan abordar la actual crisis del personal médico en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y garanticen una atención de calidad. Uno de los múltiples factores que determina esta crisis es el agotamiento profesional, estrechamente ligado a las condiciones laborales, la sobrecarga asistencial y el descontento con determinados aspectos de gobernanza y organización que afectan directamente a las responsabilidades del médico.
En este contexto, el desarrollo profesional y la adecuada integración de la formación, la investigación, la docencia y la gestión clínica en la actividad ordinaria del médico constituyen elementos clave que deben ser revisados. FACME, que representa a 46 sociedades científico médicas (SSCC) y a más de 134.000 médicos especialistas, afronta en 2026 retos relacionados con la organización de la formación médica continuada (FMC) y la recertificación de los médicos especialistas, situando a las SSCC como actores centrales en ambos procesos.
La FMC es un deber deontológico, un derecho y una responsabilidad de los médicos a lo largo de su vida profesional. Así lo recogen los códigos éticos internacionales y nacionales de la profesión médica y la normativa española que regula el ejercicio profesional. La Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias establece que la actualización permanente de conocimientos es un derecho y un deber de los médicos, y que las instituciones sanitarias deben facilitar la realización de actividades de FMC. Uno de los retos actuales es que las administraciones públicas asuman su responsabilidad de promover y financiar esta formación.
La FMC requiere una consideración especial debido a su relevancia cuantitativa y cualitativa, su impacto en la competencia profesional y calidad asistencial, y su adecuación a cada especialidad médica concreta, a menudo, de ámbito europea. Además, también constituye una palanca imprescindible para introducir cambios organizativos y estratégicos que contribuyan a la eficacia del SNS y la mejora de la salud de la población.
En 2025 FACME ha desarrollado por primera vez un programa de FMC financiado con fondos públicos y diseñado e impartido por nuestras sociedades. Los cursos, abiertos hasta mayo de 2026, han atraído ya a más de 16.000 profesionales, demostrando que el modelo funciona. El reto ahora es transformar esta experiencia en una política pública estable basada en la financiación pública de la FMC y en su provisión profesional por parte de las SSCC.
El objetivo de FACME no es impartir directamente la FMC, sino consolidar un sistema estable, transparente y eficaz que canalice los fondos públicos hacia las SSCC, reconociendo que son ellas quienes concentran el conocimiento experto y la experiencia necesaria para identificar las necesidades formativas de cada especialidad e impartirla. FACME y sus sociedades cumplen criterios de funcionamiento democrático y transparencia, elementos esenciales para garantizar la independencia, el rigor y la rendición de cuentas de la formación impartida.
En 2026, el reto es consolidar y ampliar este modelo de colaboración público-profesional, de modo que deje de ser una iniciativa puntual vinculada a fondos europeos y pase a integrarse estructuralmente en la política sanitaria española.
El segundo gran desafío relacionado con la FMC es la implantación de un modelo común de recertificación de los médicos especialistas. España debe dar respuesta a la exigencia europea de contar con un sistema de acreditación periódica de competencias e implantarlo de manera que no sea una pesadilla burocrática sino una auténtica garantía pública de que cada médico especialista mantiene actualizadas sus competencias a lo largo de su vida profesional.
FACME dispone ya de un modelo consensuado entre todas las SSCC y, en las reuniones con el Ministerio de Sanidad, se ha avanzado en un acuerdo sobre los principios básicos del sistema. Las SSCC deben evaluar las competencias específicas de cada especialidad, mientras que la Organización Médica Colegial (OMC) valida el cumplimiento deontológico profesional. Con ambas evaluaciones, Sanidad puede emitir la credencial de recertificación y hacerla pública en el Registro de Profesionales Sanitarios.
«Disponemos de un modelo consensuado entre todas las SSCC y, en las reuniones con el Ministerio de Sanidad, se ha avanzado en un acuerdo sobre los principios básicos del sistema. Las SSCC deben evaluar las competencias específicas de cada especialidad»
El paso pendiente es dotar al sistema de un marco normativo que permita su implantación efectiva y homogénea en todo el territorio. El reto para 2026 es pasar del consenso técnico a la realidad operativa.
En definitiva, la FMC y la recertificación son dos pilares de una misma estrategia orientada a reconocer la competencia profesional y a integrar la formación, la investigación, la docencia y la gestión clínica en la práctica diaria. Es necesaria la dotación presupuestaria de ambos pilares, porque el apoyo al desarrollo profesional en el SNS es clave para la retención del talento y porque los pacientes tienen derecho a saber que el médico que les atiende está actualizado en sus conocimientos, no por su voluntad y sacrificio personal, sino porque el SNS ofrece garantía pública de ello.
*Cristina Avendaño Solá es presidenta de la Federación de Asociaciones Científico Médicas de España (FACME).