El dolor crónico, definido como aquel que persiste durante meses o años, se ha consolidado como un desafío de primer orden para el sistema sanitario español, afectando al 25,9% de la población adulta, lo que representa a más de 9 millones de personas.
El dolor crónico, no debe ser entendida meramente como un síntoma, sino como una enfermedad en sí misma que trasciende la dimensión biomédica al generar un impacto profundo en las esferas psicológica, social y espiritual de quien lo sufre.
Es por ello por lo que el modelo actual de atención biomédica del dolor debe evolucionar hacia una atención integrada y multidisciplinar basada precisamente en el modelo biopsicosocial, donde se aborde no solo la condición médica, sino también las comorbilidades psicológicas, además de la integración social, incluyendo el aspecto ocupacional y laboral de la persona con dolor crónico.
Ante esta realidad, resulta imperativo plantear una Estrategia Nacional para la Prevención y el Tratamiento del Dolor Crónico que unifique criterios y garantice la equidad en el acceso a los recursos sanitarios y sociales en todo el territorio. Para lograrlo, es indispensable en España la alianza del gobierno central con las comunidades autónomas, consolidando un modelo que permita adaptar las políticas sanitarias a las necesidades territoriales sin perder la cohesión estatal.
Muchas comunidades autónomas como Andalucía, Madrid, Cataluña y Canarias ya han iniciado planes específicos de abordaje del dolor, pero persiste una inequidad geográfica marcada en cuanto a la accesibilidad a recursos específicos: desde las Unidades de Tratamiento del Dolor (UTD) en el ámbito hospitalario, como dentro de la propia Atención Primaria como las Unidades de Afrontamiento Activo del Dolor (UAAD) en el territorio nacional.
Tal y como recoge la “Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad 2025-2028” del Ministerio de Sanidad, es imprescindible maximizar la formación en el manejo terapéutico multidisciplinar y potenciar el papel de la Atención Primaria como eje vertebrador y punto de referencia de la atención sanitaria para el paciente que vive con dolor crónico.
Facilitar esta tarea con las herramientas y la calidad asistencial necesarias para llevarlo a cabo es también una necesidad estratégica en nuestro país. Incluida la imprescindible formación continuada en tratamiento del dolor para los profesionales. La educación en dolor se erige como la prioridad institucional más urgente, empezando por la propia formación continuada de los profesionales sanitarios.
“Facilitar esta tarea con las herramientas y la calidad asistencial necesarias para llevarlo a cabo es también una necesidad estratégica en nuestro país. Incluida la imprescindible formación continuada en tratamiento del dolor para los profesionales”
Otro aspecto fundamental, sin duda, es la educación en dolor dirigida a la población general y a los pacientes. Esta educación en dolor es una recomendación clave de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), dirigida a la población general, con el objetivo de fomentar el autocuidado, pero también la concienciación social para reducir el estigma y mejorar el conocimiento sobre el impacto de la enfermedad.
Así encontramos recursos como la Red de Escuelas de Salud para la Ciudadanía y los programas de “Paciente Experto”, puestos en marcha por la Universidad Rey Juan Carlos, así como formaciones específicas para pacientes dentro de algunas Unidades de Tratamiento del Dolor (UTD Valladolid o UDOVA). Estas iniciativas permiten a la persona convertirse en un agente activo en la toma de decisiones clínicas y en la gestión de su propia salud.
A nivel internacional, disponemos de las recomendaciones y estándares para la atención multidisciplinar al dolor que realiza la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP). A nivel europeo, la gestión del dolor ha ganado visibilidad en las Directrices Políticas de la Comisión Europea 2024-2029. El documento aborda explícitamente el tratamiento del dolor como parte de las prioridades sanitarias de la UE, lo que supone un hito importante para toda la comunidad científica y sanitaria dedicada al dolor.
Esta directiva de la Comisión Europea también subraya que la investigación e innovación en salud deben ser impulsadas desde los gobiernos de los estados miembros de la Unión, para modernizar precisamente los modelos de atención, integrando tecnologías digitales y medicina personalizada.
En conclusión, la magnitud del dolor crónico en España exige que sea tratado como lo que es: una prioridad sanitaria esencial dentro del abordaje de la cronicidad.
Sólo mediante una Estrategia Nacional coherente, que integre la prevención, la educación y un modelo asistencial coordinado centrado en la persona, podremos de verdad dar respuesta a un problema sanitario y social de primera magnitud que deteriora gravemente la calidad de vida de millones de personas en nuestro país.
*María Madariaga es presidenta Sociedad Española del Dolor (SED)