El sistema vasco de salud afronta 2026 inmerso en un proceso de transformación profunda. En un contexto marcado por el envejecimiento acelerado de la población, el aumento de la cronicidad y la creciente complejidad de las necesidades de salud, Euskadi se ha situado ante la necesidad de repensar su modelo sanitario, en torno a una reflexión compartida y acordada en el Pacto Vasco de Salud para garantizar su equidad, eficiencia y capacidad de respuesta a medio y largo plazo.
Este reto no es exclusivo de Euskadi. Sin embargo, partimos de una posición singular: contamos con uno de los sistemas más públicos del entorno europeo y con un fuerte vínculo social entre la ciudadanía y Osakidetza. Esta confianza histórica constituye una fortaleza, pero también eleva las expectativas y el nivel de exigencia hacia el sistema.
De cara a 2026, uno de los principales desafíos es avanzar hacia un nuevo paradigma de salud, que supere un enfoque tradicional centrado en la enfermedad y la actividad asistencial, para orientarse de forma decidida hacia la prevención, la promoción de la salud y la generación de valor en términos de resultados en salud. Este cambio de mirada implica actuar antes, intervenir de manera más precoz y reforzar el papel de la atención primaria y comunitaria como eje vertebrador del sistema.
En este sentido, la apuesta por la prevención se está concretando en iniciativas con impacto poblacional. Destaca, por ejemplo, la ampliación de los programas de cribado de cáncer a nuevos grupos de población, con el objetivo de mejorar la detección precoz y reducir desigualdades en salud. Asimismo, vamos a iniciar en 2026 un proyecto piloto de cribado cardiovascular desde la Atención Primaria, orientado a identificar de forma temprana factores de riesgo y prevenir eventos cardiovasculares evitables. Este tipo de actuaciones ilustran el tránsito hacia un modelo más proactivo, capaz de anticiparse a la enfermedad y de actuar sobre los determinantes de la salud.
Osakidetza, con 34.2006 profesionales en plantilla, celebrará una OPE de 5.400 plazas, la más numerosa de su historia, y con un modelo de proceso novedoso acordado con los sindicatos. Asimismo, prevemos una nueva OPE para plazas de difícil cobertura que en 2026 contempla atraer profesionales de determinadas especialidades a los hospitales comarcales. El fortalecimiento del sistema pasa también por un nuevo impulso al Programa de Infraestructuras y Equipamientos tecnológicos 2025-2032 con 1.600 millones de euros.
«Un elemento diferencial es la incorporación de la voz de pacientes en la toma de decisiones. Contaremos con una figura normativa que articule la participación de las asociaciones de pacientes en las decisiones de salud»
Otro reto clave para 2026 es consolidar un sistema que mida y gestione mejor aquello que realmente importa a las personas. Avanzar hacia un modelo orientado al valor supone dejar atrás una lógica basada exclusivamente en la actividad para incorporar de forma sistemática indicadores de resultados en salud, experiencia del paciente y equidad. Esta orientación permite priorizar mejor, asignar recursos con mayor eficiencia y adaptar las respuestas a las necesidades reales de la población.
La transformación tecnológica y digital se presenta como una palanca imprescindible para este cambio. No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas, sino de utilizarlas para optimizar la calidad del tiempo asistencial, mejorar la toma de decisiones clínicas y facilitar una relación más ágil y cercana entre la ciudadanía y el sistema sanitario. La digitalización, junto con el uso responsable de datos y de tecnologías emergentes, debe contribuir a una atención más personalizada, segura y eficiente.
La sostenibilidad del sistema constituye otro de los grandes desafíos. Garantizar la viabilidad del modelo público requiere una nueva gobernanza sanitaria, basada en una mayor coordinación, una planificación más estratégica y una gestión responsable de los recursos. En este marco, resulta especialmente relevante el refuerzo de la capacidad organizativa del sistema y la revisión de procesos que permitan reducir la burocracia y mejorar la eficiencia sin comprometer la calidad asistencial.
Un elemento diferencial del modelo vasco es la incorporación progresiva de la voz de pacientes y asociaciones en la toma de decisiones. Contaremos, en este sentido, con una figura normativa que articule la participación de las asociaciones de pacientes en las decisiones ligadas a la salud. La participación se consolida como un eje transversal que aporta legitimidad, mejora la adecuación de las políticas sanitarias y orienta el sistema hacia resultados que realmente mejoran la vida de las personas. De cara a 2026, el desarrollo de marcos estables de participación y la corresponsabilidad entre sistema y ciudadanía serán claves para avanzar hacia un modelo más humano y relacional.
En definitiva, los retos de la salud en Euskadi ante 2026 no se reducen a la ejecución de proyectos concretos, sino que apuntan a una transformación cultural del sistema sanitario. Apostar por la prevención, reforzar la atención primaria, medir el valor generado, integrar la tecnología con sentido y fortalecer la participación ciudadana son los pilares de un modelo que busca anticiparse a los problemas de salud y responder de manera más justa y sostenible. Si este cambio de paradigma logra consolidarse, el sistema vasco de salud estará mejor preparado para afrontar los desafíos de la próxima década.
*Alberto Martínez es consejero de Salud del País Vasco.