Nos hemos despedido del año con la imagen y la noticia de muchos servicios de urgencias con sus salas llenas de pacientes, largas esperas para ser atendidos o incluso en los pasillos durante horas, ingresados, pendientes de una cama de hospitalización. Es verdad que el adelanto de la situación epidémica estacional, fundamentalmente por la gripe A este año, y su coincidencia con los días de celebración y vacaciones, han contribuido a ello.
Sin embargo, año tras año, antes o después, vemos repetida esta situación y se plantean, en muchos casos demasiado tarde, la necesidad de poner en marcha durante unos pocos meses, planes de contingencia que incluyan el refuerzo de los servicios de urgencias, la planificación adecuada de la actividad asistencial con un estrecho seguimiento de la ocupación hospitalaria para garantizar la disponibilidad de camas para los pacientes que requieren un ingreso urgente, o medidas que aseguren la adecuada accesibilidad al resto de dispositivos del sistema sanitario.
“Año tras año, antes o después, vemos repetida esta situación y se plantea, en muchos casos demasiado tarde, la necesidad de poner en marcha durante unos pocos meses planes de contingencia que incluyan el refuerzo de los servicios de Urgencias”
Todas estas medidas son, sin duda, necesarias y se deben implementar con suficiente antelación para que sean efectivas. Sin embargo, son solo medidas coyunturales. La realidad es que, una vez más se pone de manifiesto que los servicios de urgencias y emergencias constituyen una verdadera red de seguridad del sistema sanitario público que garantiza la accesibilidad de los ciudadanos las 24 horas del día los 365 días del año. Pero una red, cada vez más frágil y seriamente amenazada.
En el año 2025 se han batido cifras récord de número de atenciones en la práctica totalidad de los servicios de urgencias y emergencias de toda España. Y esta ya no es una situación coyuntural. Año tras año, vemos como aumenta, sin límite, el número de urgencias entre un 5-10%, por factores perfectamente estudiados e identificados atribuibles a las características y problemas propios de nuestro sistema sanitario, su accesibilidad y a la propia evolución de la población. Esta enorme presión asistencial junto a otros factores específicos de los servicios de urgencias y emergencias, como el clásico dimensionamiento insuficiente de sus plantillas, el envejecimiento progresivo de sus profesionales o la existencia de unas infraestructuras obsoletas con espacios inadecuados e incapaces de dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos, son problemas que ponen en verdadero riesgo el sistema.
Por todo ello, a lo largo de este recién estrenado 2026 es necesario abordar sin demora, con espíritu de consenso, entre el mundo profesional, laboral, político y, desde luego, la implicación de los propios usuarios, una verdadera reforma del Sistema Sanitario a múltiples niveles para afrontar y buscar soluciones a los grandes retos que se plantean en el futuro, si queremos seguir avanzando hacia una medicina moderna.
Como parte de esas soluciones, es necesario avanzar en la implantación efectiva de la Especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias, por lo esperamos en breve la publicación definitiva del Programa Oficial de la Especialidad y los criterios para la acreditación de sus Unidades Docentes, garantía de esa formación homogénea de nuestros profesionales en línea con el resto de Europa. La inclusión de las primeras 82 plazas de Médico/a Especialista en Medicina de Urgencias y Emergencias para la convocatoria de 2026, debe ir acompañado, sin duda, de un incremento significativo en la oferta de plazas MIR este año para 2027, con el fin de garantizar una planificación adecuada de los recursos y la sostenibilidad del sistema.
Recordemos el ‘Informe de oferta de necesidades de médicos especialistas 2023-2035‘ del Ministerio de Sanidad que pone de manifiesto que Urgencias y Emergencias será la especialidad médica más deficitaria con un 10% menos de profesionales cada año hasta 2035 y la más envejecida, de forma que el 40% de los urgenciólogos tendrán entre 50 y 65 años en 2029. Además, tras un año de intenso trabajo de la Comisión Nacional de la Especialidad evaluando los expedientes de los más de 14.000 profesionales que han presentado la solicitud para el acceso extraordinario a través de la disposición transitoria primera regulada en el propio Real Decreto 610/2024, el Ministerio debe expedir los primeros títulos de Médico/a Especialista en Medicina de Urgencias y Emergencias.
Otro de los grandes retos de 2026, es progresar en el desarrollo de la especialidad de Enfermería en Urgencias y Emergencias, que debe estar formada para trabajar en diferentes escenarios y entornos específicos como en accidentes de múltiples víctimas, Centros de Coordinación y gestión de la demanda o el triaje hospitalario, con capacidad para trabajar en equipo y necesidad de tomar decisiones rápidas. Sin duda, sería un buen momento para plantear esta especialidad y agruparla en unidades docentes multiprofesionales con la especialidad Médica.
Y también hay que profundizar en la mejora de la formación de los técnicos de emergencias sanitarias, cuyas funciones son clave en más del 80% de las atenciones extrahospitalarias. Su formación, actualmente está regulada en base a un ciclo medio, pero la evolución tecnológica y científica y para equiparase a Europa debería desarrollarse un ciclo de grado superior.
*Javier Millán es vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES).