El Parlamento Europeo ha marcado su posición con una exigencia clara de cara a la celebración de la COP30 en Bélem (Brasil): la lucha contra el cambio climático debe ir acompañada de una respuesta sanitaria sólida ante sus efectos sobre la salud humana y los ecosistemas.
En una resolución aprobada este mes de octubre de 2025, los eurodiputados reclaman que la próxima negociación global incorpore compromisos vinculantes en materia de salud pública, contaminación química y microplásticos, así como medidas para hacer sostenible la industria.
Cambio climático y salud
Las olas de calor, la contaminación atmosférica y la pérdida de biodiversidad están amplificando la incidencia de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y vectoriales, al tiempo que erosionan los sistemas de salud.
Los eurodiputados reclaman que los países participantes en la COP30 integren explícitamente los riesgos sanitarios en los planes nacionales de adaptación y mitigación. También piden reforzar la cooperación entre los ministerios de Sanidad y Medio Ambiente, tanto en Europa como en los países socios, y financiar proyectos de resiliencia sanitaria en regiones vulnerables, en línea con la reciente Estrategia Europea de Adaptación al Cambio Climático.
Los expertos subrayan que los costes humanos del calentamiento global—desde el aumento de muertes por calor hasta el avance de infecciones transmitidas por mosquitos como el dengue o el Nilo Occidental— deben situarse «en el centro de la diplomacia climática». En este contexto, los eurodiputados instan a que la COP30 reconozca la salud como un pilar transversal de la acción climática global, de manera similar a la dimensión económica y social.
Microplásticos y contaminación química
El Parlamento advierte de que la exposición a contaminantes emergentes, en especial microplásticos y compuestos químicos persistentes, constituye una de las principales amenazas ambientales con efectos directos sobre la salud humana. Según el estudio técnico publicado por el propio Parlamento Europeo (ECTI/STU(2025)772482), los microplásticos ya se han detectado en la sangre, la placenta y los tejidos pulmonares humanos, con potenciales repercusiones en el sistema inmunitario y endocrino.
El informe señala que la degradación de materiales plásticos, los residuos industriales y los efluentes farmacéuticos conforman una «triple fuente de contaminación» que se acumula en los ecosistemas marinos y terrestres, alterando cadenas tróficas y afectando a la calidad del agua y los alimentos. En este sentido, los eurodiputados piden a la Comisión Europea que defienda en la COP30 un tratado global sobre contaminación por plásticos, alineado con los principios de economía circular y reducción en origen.
El Parlamento también respalda la creación de un marco internacional para el seguimiento de microplásticos y nanomateriales en productos sanitarios, cosméticos y fármacos. Esta medida pretende reducir la liberación de partículas plásticas derivadas de envases, microcápsulas y polímeros utilizados en formulaciones farmacéuticas, que hoy escapan en gran medida al control ambiental.
En este sentido, hay un elemento que se debe valorar: la necesidad de evaluar el impacto climático y químico del sector farmacéutico y biomédico. Aunque la atención suele centrarse en la energía o el transporte, los expertos recuerdan que la industria farmacéutica global genera más emisiones de gases de efecto invernadero que el sector automovilístico.
Por ello, la COP30 debería ayudar a promover estándares internacionales para la sostenibilidad farmacéutica, incluyendo objetivos de reducción de emisiones en la fabricación de medicamentos, una gestión más estricta de los residuos hospitalarios y el uso de ingredientes activos menos persistentes en el medio ambiente. Aunque muchas compañías ya han puesto en marcha acciones para suplir estas problemáticas.
Por ejemplo, mediante mecanismos de «ecodiseño farmacéutico», que incentiven el desarrollo de moléculas biodegradables y la reutilización de materiales en los procesos productivos. Este enfoque —apoyado por la Agencia Europea de Medio Ambiente y la OMS— permitiría compatibilizar la innovación médica con la protección de los recursos naturales.
Alianza global por la salud planetaria
De cara a la cumbre de Belém, el Parlamento Europeo insta a la Unión a liderar una «alianza global por la salud planetaria», que unifique las políticas de clima, salud y biodiversidad bajo un mismo marco. Esta iniciativa incluiría compromisos específicos para reducir los contaminantes químicos, financiar sistemas de vigilancia epidemiológica ambiental y mejorar el acceso a medicamentos esenciales en países afectados por fenómenos climáticos extremos.
Los eurodiputados subrayan que las desigualdades sanitarias amplifican los efectos del cambio climático: las poblaciones con menos recursos son las más expuestas a la contaminación, al calor extremo y a la inseguridad alimentaria. Por ello, reclaman que los fondos climáticos internacionales dediquen una parte significativa a fortalecer los sistemas de salud pública y a formar personal sanitario en prevención y respuesta ante emergencias climáticas.
La COP30 será una cita clave: por primera vez, la cumbre se celebra en la Amazonía, uno de los pulmones del planeta y una región crítica para el equilibrio climático global. La Eurocámara pide que la Unión Europea acuda con una posición unitaria y con metas claras: acelerar la transición energética, reforzar la justicia climática y consolidar el vínculo entre medio ambiente y salud.
El Parlamento busca que la próxima década marque un punto de inflexión: que la política climática global deje de concebirse solo en términos de carbono y empiece a medirse también en términos de vidas protegidas, enfermedades evitadas y bienestar sostenible.