Alberto Martínez, consejero vasco de Salud, se ha llevado buena parte de los titulares de la semana. Dejando a un lado la polvareda -lógica- que se ha levantado en torno al euskera y el MIR, el movimiento con más trasfondo es que Euskadi decida reformular su participación en el Consejo Interterritorial al estar, como aseguró el responsable de la sanidad vasca en una carta a la ministra, “profundamente decepcionado” por la falta de avances en las propuestas que formula.
Este hecho debe preocuparnos. Del plantón se deduce la falta de eficacia de un órgano tan decisivo para la salud de los españoles como es el CISNS. Las instituciones deben trabajar en favor de los ciudadanos y no de unas siglas. Los políticos ocupan sus responsabilidades de forma temporal y deben trabajar para los ciudadanos, priorizando los intereses de la sociedad a los de sus partidos. Parece obvio, pero nunca está de más recordarlo.
Cansado de que la bronca política capitalice las discusiones de este foro, Martínez, al que no se le pueden negar las agallas, se ha plantado. Su queja es clara: hace propuestas que no avanzan y eso que algunas, como la de reducir la duración del MIR de Familia para combatir los problemas de personal del sistema, le han costado algún que otro disgusto en los medios.
"El golpe de mano del consejero vasco tiene más que ver con su compromiso con sus ciudadanos que con cálculos electoralistas"
Este golpe de mano, que no es fácil para un consejero del PNV en la alambicada política actual, tiene más que ver con su compromiso con sus ciudadanos que con cálculos electoralistas. O dicho más claro: antepone la gestión al 'juego' o 'baile' político.
Y ahí está la clave. El consejero vasco de Salud, en el cargo desde finales de junio de 2024, ha elegido el camino difícil. Al ser nombrado, podía haber decidido pasar sin pena ni gloria los años que le tocase o meterse en líos. Y el Pacto de Salud Vasco, con el que busca la reconfiguración total de la sanidad de Euskadi, es un buen lío.
Durante meses se han sucedido las reuniones con distintos colectivos que han dado forma a las líneas estratégicas, los 24 ejes, o más bien cimientos, que soportarán el sistema sanitario vasco de las próximas décadas. Una vez que las conclusiones estaban sobre la mesa, se puso manos a la obra. Y empezó cambiando los equipos de la consejería y designando a los, a su juicio, mejor capacitados para llevar a cabo esa misión.
Llegó septiembre y, lo primero que hizo, fue exponer su proyecto en el parlamento autonómico. Ahí detalló su proyecto, con una batería de medidas que recogimos en Gaceta Médica y que van desde las políticas de salud mental a la reducción de las listas de espera, la inclusión de nuevos cribados o una importante inversión en infraestructuras para mejorar el sistema de salud vasco. Al analizarlo todo junto, nadie puede negar que Martínez, anestesista de profesión, tiene ante sí un reto mayúsculo. Tampoco se le pueden negar la decisión y las agallas por culminar un ambicioso proyecto.