Por fin. Después de años de retraso, meses de una durísima negociación y algún que otro giro de guion inesperado, la Agencia de Salud Pública recibió el visto bueno definitivo del Parlamento. Lo hizo además, en un momento en el que crispación política está en máximos. Por ello, es de justicia valorar que los principales partidos hayan logrado ponerse de acuerdo -o al menos, no vetarse- para llegar a un consenso de mínimos que permitiera que este proyecto eche a andar.
Por un lado, al Ministerio de Sanidad hay que reconocerle la capacidad de haber liderado esta iniciativa y, no menos importante, haber logrado sacarla adelante. Por el otro, también hay que subrayar el papel de los grupos de la oposición, empezando por el PP, al no torpedear la iniciativa hasta dejarla varada. Encontrar puntos de encuentro en un momento de división política casi total es todo un éxito.
Pero malas noticias para todo aquel que piense que, tras la luz verde del Congreso, la Agencia Estatal de Salud Pública va a empezar a funcionar mañana mismo. Nada más lejos de la realidad. Con la aprobación en el Parlamento del texto para la creación de este organismo sólo hemos dado el primer paso por un nuevo camino que se antoja largo y veremos si también espinoso. Ahora es momento del Estatuto.
Este documento es clave, ya que ahondará en las tareas, funciones y encaje de la institución. En esta línea, quedan muchas cuestiones por resolver, como ya avanzamos en este artículo de Gaceta Médica. Y eso es lo que estará en juego en los próximos meses: desde ver quién dirige la Agencia hasta su sede o, sobre todo, el encaje que tendrá en la Administración y su presupuesto.
De todo ello dependerá que sea una herramienta realmente operativa que nos proteja, tanto a presente como futuro, de cualquier emergencia sanitaria que esté por venir. En cualquier caso celebremos el paso adelante que como país damos con la luz verde a la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública.