La creación de la Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP) es, probablemente, una de las decisiones estructurales más relevantes para el futuro del sistema sanitario español. No se trata solo de elegir una sede administrativa, sino de fijar las condiciones desde las que se articulará la vigilancia, la prevención, la respuesta ante crisis y la coordinación entre comunidades autónomas, con Europa y con los grandes organismos internacionales de salud. Por eso, el proceso de selección de su ubicación no puede entenderse como un simple reparto territorial ni como un gesto político coyuntural, sino como una decisión estratégica que debe sostenerse sobre criterios rigurosos, técnicos y contrastados.
Ese es, al menos sobre el papel, el espíritu que recogen los criterios aprobados por la Comisión Consultiva del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y publicados en el BOE. Con el cierre del plazo de candidaturas el pasado 17 de enero, el mapa de aspirantes ha quedado definido. Ocho ciudades (Granada, Zaragoza, Barcelona, Oviedo, Toledo, León, Lugo y Murcia) compiten por albergar la sede de la AESAP, mientras otras comunidades han optado por no presentarse o por reforzar estructuras propias de salud pública. El escenario que emerge es heterogéneo y, en muchos casos, bien armado desde el punto de vista técnico. Hay propuestas con sedes claramente identificadas, metros cuadrados suficientes, despliegue inmediato y ecosistemas sanitarios consolidados.
Granada plantea una fórmula de arranque rápido desde la Escuela Andaluza de Salud Pública y una sede definitiva de gran capacidad en el antiguo Clínico San Cecilio. Zaragoza presenta una candidatura respaldada por consenso institucional y social, con un edificio emblemático, sobredimensionado respecto a los mínimos exigidos y con compromisos económicos claros. Oviedo se apoya en un potente entorno hospitalario, universitario y de investigación, mientras Lugo ofrece disponibilidad casi inmediata y el respaldo explícito de la Xunta. Murcia integra la Agencia en el mayor complejo hospitalario de la región, con sinergias evidentes en investigación biomédica. Toledo juega la carta de la proximidad a Madrid. León reivindica el enfoque 'One Health' y la cohesión territorial frente a la despoblación. Barcelona asegura contar con un amplio respaldo institucional y del ámbito académico y sanitario.
En ese contexto, la retirada de Salamanca en el último momento introduce un elemento incómodo que no puede ignorarse. Más allá del caso concreto, el relato del Ayuntamiento apunta a una percepción que se repite en distintos concursos estatales: bases formalmente técnicas que, en su aplicación práctica, favorecen de forma estructural a determinadas ciudades.
Esta crítica no invalida los criterios en sí mismos, muchos de ellos razonables y necesarios para una agencia con vocación internacional. Sin embargo, sí obliga a una reflexión profunda sobre su equilibrio y, sobre todo, sobre su aplicación. La AESAP no puede nacer bajo la sombra de la sospecha de que su ubicación responde a inercias políticas o a ventajas preexistentes más que a una evaluación objetiva de cuál es el mejor lugar para garantizar su eficacia a largo plazo.
Este mes de febrero, el Consejo de Ministros tomará la decisión definitiva tras el informe de Sanidad y el dictamen de la Comisión Consultiva. Ese acuerdo marcará el punto de partida de una institución llamada a ser clave en la preparación ante futuras crisis sanitarias. Precisamente por eso, el proceso debe ser ejemplar. No solo justo, sino percibido como justo. No solo técnico, sino transparentemente técnico. La Agencia Estatal de Salud Pública merece nacer sin atajos, porque de su solidez dependerá, en buena medida, la solidez de la salud pública española en las próximas décadas.