¿Y si las aguas revueltas fueran una oportunidad?

Un aumento de la inversión en sanidad, además de reforzar nuestra posición, también contribuiría a resolver -o atenuar- problemas estructurales del sistema de salud

Las CCAA siguen emitiendo certificados a médicos de urgencias pese a la suspensión del TS
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La llegada de Trump a la Casa Blanca ha agitado el panorama geopolítico y sus primeras decisiones en este segundo mandato van a obligar a una reconfiguración del orden mundial. Con el tiempo, todos estos cambios en los equilibrios impactarán también en el sector sanitario y ahí España puede tener una gran oportunidad. Ya somos líderes en ensayos clínicos en Europa y podríamos aprovechar la coyuntura para posicionar a España como uno de los países punteros a nivel sanitario. Sirva como ejemplo nuestro liderazgo en los trasplantes.

Un eventual aumento de la inversión en sanidad, además de reforzar nuestra posición, también contribuiría a resolver -o atenuar- problemas estructurales del sistema de salud, como las listas de espera o las condiciones de los profesionales sanitarios. Una mayor financiación también permitiría mejorar infraestructuras o contratar más personal y con mayor cualificación, lo que reduciría la fuga de talento que atenaza al sistema. Huelga decir que todo beneficiaría en último término al paciente.

Dejando a un lado los beneficios que podría tener para la industria farmacéutica, subir la apuesta por la sanidad en un momento de aguas revueltas también fortalecería nuestro sistema  frente a futuras crisis sanitarias. La pandemia de Covid-19 evidenció la necesidad de contar con mayores recursos en hospitales y a nivel industrial. Con un sistema mejor preparado, España no solo protegería mejor a su población, sino que también podría liderar la respuesta a emergencias de salud pública dentro de la UE. Un modelo sanitario sólido haría del país un socio estratégico en iniciativas globales de prevención y control de enfermedades.

Con un sistema de salud más eficiente y una industria farmacéutica referente y competitiva, el país podría consolidarse como una potencia sanitaria

Estrechamente ligado a todo esto, y, si la administración Trump adopta políticas sanitarias de corte proteccionista en salud, como ya está ocurriendo a nivel económico, la UE tendría que reforzar su independencia en sectores estratégicos como puede ser el sanitario. En este contexto, España tiene la oportunidad de posicionarse como un centro clave de innovación y producción dentro de la UE.

Es una apuesta segura: una mayor inversión en sanidad no solo mejoraría la calidad de vida de los ciudadanos españoles, sino que también reforzaría el papel de España en el escenario global. Con un sistema de salud más eficiente y una industria farmacéutica referente y competitiva, el país podría consolidarse como una potencia sanitaria. Ahora, más que nunca, puede estarse abriendo frente a nosotros una oportunidad para transformar el sector y garantizar un futuro más sólido y sostenible. Pero para ello hay que hacer una apuesta firme y decidida desde el ámbito político.